Pro-Derechos Humanos. Apuntes sobre un cambio de paradigma

Pro-Derechos Humanos. Apuntes sobre un cambio de paradigma

Por VerĂłnica Torras

Al igual que otras expresiones de la derecha política en el mundo, el principal partido de Cambiemos se propuso construir una retórica propia de derechos humanos. En función de su diagnóstico, pretende corregir el sesgo orientado al pasado de esta agenda y desalinear la política estatal de la alianza estratégica con los organismos que históricamente han movilizado esta cuestión.
 
Licenciada en FilosofĂ­a por la UBA. Fue directora del Área de ComunicaciĂłn del CELS entre 2005 y 2010 y coordinadora del Programa Memoria en Movimiento de la SecretarĂ­a de ComunicaciĂłn PĂșblica de la NaciĂłn entre 2011 y 2015. Actualmente es directora ejecutiva de Memoria Abierta


-A A +A

Ninguna política se articula en el vacío. Hay condiciones preexistentes, actores políticos y sociales involucrados, perspectivas o lógicas en tensión, expectativas puestas en juego. El Pro, triunfante en las elecciones de 2015, definió su política de derechos humanos en un escenario delimitado por un conjunto de variables: 1) una sociedad civil muy activa, en la que los organismos históricos de derechos humanos mantienen un lugar de referencia ética; 2) un proceso consolidado de juzgamiento a los responsables de los crímenes de la dictadura y el compromiso de la mayoría de los actores políticos y judiciales con su continuidad; 3) un socio electoral, la UCR, ligado a antecedentes emblemåticos de este proceso: la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) y el Juicio a las Juntas; 4) un acompañamiento social masivo a la política de memoria, verdad y justicia; 5) un reconocimiento internacional muy sólido al lugar de nuestro país como referente en el mundo en materia de derechos humanos; 6) el precedente de un gobierno que había colocado los derechos humanos en un lugar central de la agenda política nacional entre 2003 y 2015.

La atmósfera cultural que rodeó la conformación del Pro y su ascensión a la presidencia estuvo marcada también por el realineamiento de ciertas voces contrarias al proceso de juzgamiento y proclives a instalar una agenda de memoria, verdad, justicia y reparación completa, con el diario La Nación como aglutinante, y grupos ligados a miembros retirados de las Fuerzas Armadas y de seguridad funcionando como voceros.

En otro andarivel, es importante mencionar la apariciĂłn de un discurso crĂ­tico por parte de ciertos sectores intelectuales, ubicados en el espectro liberal, que planteĂł objeciones al modo en que el kirchnerismo se posicionĂł e intervino en esta agenda y al tipo de vĂ­nculo que estableciĂł con los organismos. En gran medida el nuevo gobierno se inscribiĂł en esta perspectiva.

Por su condiciĂłn de partido reciĂ©n nacido a la vida polĂ­tica nacional, sus definiciones en esta materia impactaban ademĂĄs sobre la obtenciĂłn de sus credenciales democrĂĄticas. Aunque la mayorĂ­a de sus cuadros no ha estado directamente involucrada con las luchas polĂ­ticas de los años ’70 ni tampoco con la defensa orgĂĄnica de los sectores militares o policiales comprometidos con las violaciones a los derechos humanos durante la Ășltima dictadura, el Pro representa los intereses de una clase social histĂłricamente asociada a los golpes de Estado y principal beneficiaria de sus polĂ­ticas. Construir una genealogĂ­a distante de cualquier forma de autoritarismo resultaba crucial para su apuesta de convertirse en el primer partido abiertamente promercado triunfante en elecciones libres en casi un siglo.

En los años previos a 2015, el Pro habĂ­a participado en debates parlamentarios expresando posiciones de consenso con la polĂ­tica de juzgamiento de los crĂ­menes de lesa humanidad y anticipado su interĂ©s por intervenir en las discusiones sobre el pasado reciente, marcando diferencias con la interpretaciĂłn por entonces imperante. Su posiciĂłn habĂ­a oscilado entre dos polos: condenar la violencia y proponer la superaciĂłn del conflicto, en una suerte de combinaciĂłn de las narrativas oficiales de los ’80 y los ’90.

Restaba saber qué iba a hacer una vez llegado al gobierno nacional. ¿De qué modo iba a integrar y/o reorientar todos estos elementos en el contexto que le tocaba asumir? A diferencia de lo que muchos suponían, y siguiendo el derrotero de otras expresiones de la derecha política en el mundo, se propuso construir una retórica propia de derechos humanos y ofreció, como parte de su promesa de renovación, un cambio de paradigma en esta materia. Optó por los derechos humanos como un campo de afirmación y de disputa que no sólo le permitía legitimarse en el frente interno e internacional, sino ademås diferenciarse del gobierno anterior.

“Deskirchnerizar” los derechos humanos

IntegrĂĄndose a una perspectiva acuñada por sectores intelectuales y polĂ­ticos del espectro liberal, tanto progresista como conservador, el Pro sostuvo que el gobierno que lo precediĂł llevĂł adelante un proceso de cooptaciĂłn de los organismos y de la agenda de derechos humanos que resultĂł tĂłxico para estos y para la sociedad en su conjunto. Las organizaciones habrĂ­an desvirtuado su rol social originario para funcionar como brazo polĂ­tico-ideolĂłgico del kirchnerismo, y este les habrĂ­a correspondido, transformando sus reclamos en agenda prioritaria de gobierno. De este modo se habrĂ­a configurado lo que el Pro denominĂł “falso paradigma de los derechos humanos” caracterizado por el uso partidario y sectario de una doctrina de carĂĄcter universalista.

“Deskirchnerizar” alude en un sentido lato a despolitizar e implica en tĂ©rminos efectivos: 1) corregir el sesgo orientado al pasado de la polĂ­tica de derechos humanos; 2) desalinear la polĂ­tica estatal de la alianza estratĂ©gica con los organismos de derechos humanos.

El actual gobierno entiende que el kirchnerismo cerrĂł la agenda de derechos humanos a los años ’70 haciendo un tipo de ponderaciĂłn que no correspondĂ­a, fomentando el revanchismo y ahondando las diferencias al interior de la sociedad. El Pro se plantea desactivar este sesgo con una apertura hacia aquellos sectores que resultaron marginados de la atenciĂłn oficial durante el perĂ­odo anterior de gobierno (por ejemplo, familiares de militares procesados y condenados por delitos de lesa humanidad y organizaciones implicadas en su defensa legal) y mediante una impronta ecumĂ©nica. De allĂ­ el Ă©nfasis colocado en el fomento de la diversidad, el pluralismo cultural, la no discriminaciĂłn, el diĂĄlogo entre culturas y el encuentro interreligioso. Este cambio modal se acompaña de la insistencia en la construcciĂłn de una agenda orientada a los problemas del presente y el futuro que incluye, entre sus prioridades enunciadas: Pueblos Originarios, Migrantes, Diversidad Sexual, GĂ©nero e Identidad BiolĂłgica.
Por otro lado, el Pro se mostrĂł interesado en reemplazar la base social con la que el kirchnerismo construyĂł su polĂ­tica en esta materia. Los organismos de derechos humanos ya no son los actores centrales del campo sino un componente mĂĄs del mismo, con el que el gobierno nacional mantiene una actitud oscilante de confrontaciĂłn, denuncia y contenciĂłn (vale aclarar que no sucede lo mismo en otras jurisdicciones gobernadas por el mismo partido, como la provincia de Buenos Aires y la Ciudad AutĂłnoma, donde las relaciones han sido mĂĄs fluidas y las respectivas gestiones han mostrado una mayor apertura e interĂ©s por sostener en el nivel de las polĂ­ticas pĂșblicas las demandas histĂłricas de los organismos). En el ĂĄmbito nacional, nuevas organizaciones de la sociedad civil, instituciones religiosas y culturales, y algunos organismos internacionales de derechos humanos empiezan a conformar el entramado de interlocutores privilegiados del nuevo paradigma.

Sostener y debilitar

Advertido de los riesgos de atender las demandas de los sectores adversos a la polĂ­tica de Memoria, Verdad y Justicia (un editorial del diario La NaciĂłn que exigiĂł su revisiĂłn fue publicado al dĂ­a siguiente de ser electo Mauricio Macri, cosechando un sĂșbito y extendido rechazo social), consciente de que se trata de un proceso consolidado institucionalmente y valorado tanto a nivel nacional como internacional, el Pro optĂł por neutralizar a quienes al interior de su partido hubieran preferido dar vuelta la pĂĄgina y mirar hacia adelante, y se alineĂł con el concepto de “polĂ­tica de Estado”.

Acorde con esta decisiĂłn, prolongĂł el rol de la SecretarĂ­a de Derechos Humanos como querellante en los juicios por delitos de lesa humanidad, mantuvo la institucionalidad organizada en torno de la bĂșsqueda de nietas y nietos apropiados, la restituciĂłn de restos, las reparaciones econĂłmicas, las señalizaciones y proyectos en sitios de memoria, y los espacios de cogobierno en instituciones como la ex ESMA. Sin embargo, las marchas y contramarchas que se sucedieron en estos años (cuyo mayor exponente ha sido el fallo del 2x1 de la Corte Suprema con la conformidad inicial del secretario de Derechos Humanos de la NaciĂłn) ponen en evidencia que se trata de una decisiĂłn en tensiĂłn al interior de la alianza de gobierno.

El vaciamiento o desfinanciamiento de las ĂĄreas y programas de apoyo con que contaba esta polĂ­tica en el Poder Ejecutivo; la habilitaciĂłn de actores refractarios al proceso (familiares de militares procesados o condenados por crĂ­menes de lesa humanidad y de vĂ­ctimas civiles de las organizaciones polĂ­tico-militares), a quienes el gobierno recibiĂł en reuniones oficiales y oficiosas; el patrocinio de debates que desafĂ­an los consensos alcanzados en la sociedad en torno del rechazo al terrorismo de Estado y la empatĂ­a con sus vĂ­ctimas son algunas de las formas en que se ha expresado esa tensiĂłn.

PodrĂ­amos afirmar que el desafĂ­o que moviliza al Proes doble: sostener una polĂ­tica asociada al proceso de Memoria, Verdad y Justicia, pero debilitar su centralidad y proyecciĂłn, al mismo tiempo que su peso relativo en la agenda global de derechos humanos.

Neutralizar las inferencias asociadas al mandato de no repeticiĂłn

Conectado al mundo de las fundaciones, donde tuvo su origen, el Pro se organiza en torno de una cosmovisiĂłn mĂĄs cercana a la percepciĂłn de la sociedad civil como versiĂłn expandida de la esfera privada. Las organizaciones de derechos humanos de la Argentina no encuadran en esa matriz. Atravesadas desde su origen por la historia polĂ­tica nacional, son indisociables de la experiencia que tiene como epicentro la lucha contra la dictadura y su acciĂłn colectiva se orientĂł contra la represiĂłn criminal organizada desde el Estado.

Desanclar la agenda de derechos humanos de la historia en la que se arraiga en nuestro país, implica neutralizar también sus principales inferencias críticas: 1) la demarcación entre defensa nacional y seguridad interior; 2) el control civil sobre las Fuerzas Armadas y de seguridad.

En los Ășltimos dos años, el Pro ha habilitado discursos que, de manera explĂ­cita o ambigua, desdibujan las responsabilidades de las Fuerzas Armadas en el terrorismo de Estado. Al mismo tiempo, ha planteado que los militares fueron excesivamente castigados tanto por la sociedad argentina como por el gobierno anterior y ha reivindicado la necesidad de que vuelvan a ocupar un lugar preponderante en la agenda polĂ­tica nacional. Desde su perspectiva, estas polĂ­ticas o medidas de no repeticiĂłn, que forman parte de la agenda constitutiva de los organismos y han sido fundantes para la democracia argentina, se confunden con el revanchismo y el prejuicio.

EpĂ­logo: maniqueĂ­smo invertido

Los casos “Maldonado” y “Chocobar” han servido para proyectar esta doctrina sobre el revanchismo al accionar presente de las fuerzas de seguridad (“no son desaparecedores”, aseveró la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, respecto de los miembros de Gendarmería). Al mismo tiempo, el discurso del control y la sospecha se direccionó sobre los organismos de derechos humanos y la sociedad movilizada, quienes desde el retorno de la democracia fueron garantes fundamentales del Estado de derecho (así sucedió en las movilizaciones masivas de Semana Santa, los cacerolazos del 2001, la marcha del 2x1, por nombrar solo algunos sucesos emblemáticos).

El caso Maldonado operĂł, sobre todo luego de ser encontrado el cuerpo de Santiago, como una advertencia a los organismos de derechos humanos y un acto de escarmiento colectivo por lo que se considerĂł como un movimiento de denuncia y movilizaciĂłn “excesivo”. AsĂ­, resultaron primero amonestadas las comunidades mapuches, luego los familiares de la vĂ­ctima, mĂĄs tarde los organismos que acompañaron el reclamo de apariciĂłn con vida, y finalmente la sociedad en su conjunto que masivamente se plegĂł a la pregunta sobre su paradero y la exigencia de bĂșsqueda. Hallado el cuerpo, el gobierno entendiĂł que debĂ­a redoblar su hostigamiento. PretendiĂł utilizar el caso como mecanismo de exclusiĂłn de la escena polĂ­tica de los organismos, a quienes presentĂł como parte de una cultura facciosa, dando a entender que actĂșan bajo lĂłgicas de intervenciĂłn opacas, que no pueden ser explicadas a la sociedad, e ignorando las desigualdades de poder y recursos en que realizan sus intervenciones.

A lo largo de su trayectoria, los organismos de derechos humanos argentinos denunciaron y contribuyeron a probar los crĂ­menes aberrantes cometidos en el marco del terrorismo de Estado, pero nunca dejaron de recordar que esa violencia estatal, ilegal y clandestina, se orientĂł a sofocar un proceso de radicalizaciĂłn polĂ­tica y a imponer un nuevo orden econĂłmico y social. AdemĂĄs, mantuvieron vigente la vocaciĂłn militante de las vĂ­ctimas, a quienes prefieren recordar en esta doble condiciĂłn. AquĂ­ yace la reserva de politizaciĂłn de los organismos, su punto resistente, que el Pro prefiere denunciar como trasfondo oscuro.

Maldonado se perfeccionó en Chocobar. Mientras los organismos y la sociedad civil movilizada quedaban expuestos por haber actuado frente a la desaparición de Santiago en un contexto de represión de modo supuestamente insidioso o apresurado, el Presidente desembargaba a las fuerzas de seguridad de las sospechas, e incluso de las imputaciones, en la figura de Chocobar. La misma operación absolutoria pero dirigida hacia al pasado había pronunciado la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, sentada a la mesa de la conductora televisiva Mirtha Legrand, cuando razonó del siguiente modo: “Nos creímos que los militantes eran buenos y los militares eran malos. Pero
 ni los militantes eran tan buenos ni los militares tan malos
”. En línea con este maniqueísmo invertido, el gobierno realizó una defensa cerrada del accionar represivo de las fuerzas de seguridad y justificó los abusos.

Los organismos de derechos humanos y las organizaciones de la sociedad comprometidos con la construcción de políticas de defensa y seguridad democråticas han mantenido durante años una línea muy clara: deslindar, mediante el proceso de justicia, las responsabilidades por las violaciones del pasado y sostener el control civil de las fuerzas armadas y de seguridad en el presente, entendiendo que su autogobierno sólo ha conducido a la repetición de graves violaciones y al debilitamiento institucional. Ambas posiciones no son excluyentes sino complementarias e inescindibles.

El actual gobierno, por el contrario, intenta confrontarlas y denuncia la caza de brujas de la sociedad sobre quienes detentan el monopolio de la violencia, planteando la discusión sobre el control civil en términos morales: tenemos que cuidar a quienes nos cuidan, debemos confiar en ellos, no podemos prejuzgar ni acusar a priori por lo que otros hicieron en el pasado. La desconfianza hacia las Fuerzas Armadas y de seguridad por su actuación durante el terrorismo de Estado habría hecho caer a la sociedad en un estado de prejuzgamiento y sospecha que debe ser superado. ¿La memoria, verdad y justicia sobre los crímenes del pasado, ya difícilmente reversible, podría estar siendo manipulada para garantizar inmunidad en el tiempo presente?

<
>


DESCARGAR - VER
NÂș 80: Futuro del trabajo


DESCARGAR - VER
NÂș 79: PACTO SOCIAL


DESCARGAR - VER
NÂș 78: voces en el fenix


DESCARGAR - VER
NÂș 77: CONURBANO


DESCARGAR - VER
NÂș 76: INDUSTRIA Y DESARROLLO


DESCARGAR - VER
NÂș 75: FormaciĂłn Docente


DESCARGAR - VER
NÂș 74: PODER Y COMUNICACIÓN


DESCARGAR - VER
NÂș 73: ELITES


DESCARGAR - VER
NÂș 72: Pueblos Originarios


DESCARGAR - VER
NÂș 71: El derecho a la ciudad


DESCARGAR - VER
NÂș 70: Salud


DESCARGAR - VER
NÂș 68: Derechos Humanos


DESCARGAR - VER
NÂș 69: MERCOSUR


DESCARGAR - VER
NÂș 67: Relaciones Internacionales


DESCARGAR - VER
NÂș 66: La EducaciĂłn de la Primera Infancia


DESCARGAR - VER
NÂș 65: La Universidad como derecho


DESCARGAR - VER
NÂș 64: DEUDA EXTERNA


DESCARGAR - VER
NÂș 63: reforma de la justicia


DESCARGAR - VER
NÂș 62: La Secundaria como derecho


DESCARGAR - VER
NÂș 61: CULTURA


DESCARGAR - VER
NÂș 60: Extractivismo


DESCARGAR - VER
NÂș 59: La ResponsabilizaciĂłn en la gestiĂłn pĂșblica


DESCARGAR - VER
NÂș 58: Deporte y Sociedad


DESCARGAR - VER
NÂș 57: ÁFRICA


DESCARGAR - VER
NÂș 56: ASIA


DESCARGAR - VER
NÂș 55: EconomĂ­a Internacional


DESCARGAR - VER
NÂș 54: Homenaje a Aldo Ferrer


DESCARGAR - VER
NÂș 53: NÂș 53


DESCARGAR - VER
NÂș 52: Las deudas de la Democracia I


DESCARGAR - VER
NÂș 51: Juventud


DESCARGAR - VER
NÂș 50: Un mundo en Guerra


DESCARGAR - VER
NÂș 49: Libertad de expresiĂłn


DESCARGAR - VER
NÂș 48: FUERZAS ARMADAS Y DEMOCRACIA


DESCARGAR - VER
NÂș 47: Problemas Urbanos


DESCARGAR - VER
NÂș 46: CyMAT


DESCARGAR - VER
NÂș 45: Sexualidades


DESCARGAR - VER
NÂș 44: EE.UU. y AmĂ©rica Latina


DESCARGAR - VER
NÂș 43: Desarrollo y Medio Ambiente


DESCARGAR - VER
NÂș 42: DROGAS


DESCARGAR - VER
NÂș 41: Salud


DESCARGAR - VER
NÂș 40: Internet y Nuevas TecnologĂ­as


DESCARGAR - VER
NÂș 39: Internet y Nuevas TecnologĂ­as


DESCARGAR - VER
NÂș 38: EconomĂŹa Social y Solidaria


DESCARGAR - VER
NÂș 37: economĂ­a social


DESCARGAR - VER
NÂș 36: Tercera edad


DESCARGAR - VER
NÂș 35: CĂłrdoba


DESCARGAR - VER
NÂș 34: Control Social


DESCARGAR - VER
NÂș 33: EducaciĂłn Superior


DESCARGAR - VER
NÂș 32: GĂ©nero


DESCARGAR - VER
NÂș 31: 30 años de democracia


DESCARGAR - VER
NÂș 30: Justicia


DESCARGAR - VER
NÂș 29: DesafĂ­os culturales


DESCARGAR - VER
NÂș 28: EconomĂ­as Regionales


DESCARGAR - VER
NÂș 27: EconomĂ­as Regionales


DESCARGAR - VER
NÂș 26: NÂș 26


DESCARGAR - VER
NÂș 25: pueblos indĂ­genas


DESCARGAR - VER
NÂș 24: Ciencia y Poder


DESCARGAR - VER
NÂș 23: pobreza II


DESCARGAR - VER
NÂș 22: Pobreza


DESCARGAR - VER
NÂș 21: Migraciones


DESCARGAR - VER
NÂș 20: AGUA


DESCARGAR - VER
NÂș 19: IntegraciĂłn Regional


DESCARGAR - VER
NÂș 18: Estado II


DESCARGAR - VER
NÂș 17: Estado I


DESCARGAR - VER
NÂș 16: Industria


DESCARGAR - VER
NÂș 15: Seguridad democrĂĄtica


DESCARGAR - VER
NÂș 14: Reforma fiscal II


DESCARGAR - VER
NÂș 13: Reforma fiscal I


DESCARGAR - VER
NÂș 12: AgroganaderĂ­a


DESCARGAR - VER
NÂș 11: Crisis financiera internacional


DESCARGAR - VER
NÂș 10: EnergĂ­a


DESCARGAR - VER
NÂș 9: Transporte


DESCARGAR - VER
NÂș 8: Ciencia y tecnologĂ­a


DESCARGAR - VER
NÂș 7: Salud


DESCARGAR - VER
NÂș 6: Empleo


DESCARGAR - VER
NÂș 5: HĂĄbitat y vivienda


DESCARGAR - VER
NÂș 4: Argentina en el mundo


DESCARGAR - VER
NÂș 3: EducaciĂłn


DESCARGAR - VER
NÂș 2: Medio ambiente


DESCARGAR - VER
NÂș 1: Argentina hoy

Voces en el Fénix NÂș 68
BAJO AMENAZA

Derechos Humanos

ArtĂ­culos de este nĂșmero

GastĂłn Chillier y Marcela Perelman
Entre la historia y la novedad: un activismo que evoluciona en un escenario adverso
VerĂłnica Torras
Pro-Derechos Humanos. Apuntes sobre un cambio de paradigma
MartĂ­n RodrĂ­guez
Sacarse la Historia de encima
Marisa Pineau y Celina Flores
El caso sudafricano desde la Ăłptica argentina: usos y mitos
Ludmila da Silva Catela y Elizabeth Jelin
Juicios de lesa humanidad, verdad y sociedad
Natalia Federman
Desapariciones: la negaciĂłn del derecho a la propia muerte
Ana Paula Mendes de Miranda. AntropĂłloga y Jacqueline de Oliveira Muniz. AntropĂłloga
Dominio armado: el poder territorial de las facciones, los comandos y las milicias en RĂ­o de Janeiro
MarĂ­a Victoria Pita
Estado de PolicĂ­a: nuevos usos de viejas herramientas
Paula Abal Medina
Volver al lugar de donde vinimos. Nuevos sujetos polĂ­ticos dentro del campo popular
Ana Natalucci
Sindicalismo y derechos humanos: actores, agendas y estrategias
Virginia Manzano
Organizaciones populares en la Argentina: derechos, democratizaciĂłn social y represiĂłn
Ana Ramos
Cuando el indígena es un “problema”, el problema es el racismo. El derecho indígena en contextos de represión
Paula Litvachky
¿Leales a quién? Sobre cómo las relaciones con los servicios de inteligencia estån haciendo mås opaca la Justicia
SebastiĂĄn Pereyra y MarĂ­a Soledad Gattoni
Una agenda anticorrupciĂłn para la democracia
Juan Pablo Bohoslavsky
ÂżPrincipios rectores para evaluar los efectos de las reformas econĂłmicas sobre los derechos humanos? SĂ­
MartĂ­n Becerra
ConcentraciĂłn y libertad de expresiĂłn: variaciones sobre la censura sutil
Entrevista a Ginés Gonzålez García CELS Voces en el Fénix
“La legalización del aborto es inexorable porque es parte de la evolución”

Newsletter