Juicios de lesa humanidad, verdad y sociedad

Juicios de lesa humanidad, verdad y sociedad

Por *Ludmila da Silva Catela y **Elizabeth Jelin

AdemĂĄs de generar condenas y prisiones, las acciones jurĂ­dicas conformaron una poderosa herramienta para producir representaciones e imĂĄgenes del ejercicio ilegal de la violencia por parte de Estado. Los rostros y el lenguaje de los acusados, la verdad del testimonio de las vĂ­ctimas, la reconstrucciĂłn de las trayectorias de vida de los desaparecidos y la recopilaciĂłn de pruebas documentales, como nuevos espacios de elaboraciĂłn de certezas, constituyen algunos de sus legados.
 
*Investigadora Independiente CONICET (IDACOR-UNC-CONICET). Docente en la Universidad Nacional de CĂłrdoba y La Plata

**Investigadora Superior CONICET (CIS IDES-CONICET). Su Ășltimo libro, “La lucha por el pasado. CĂłmo construimos la memoria social”. Siglo XXI, 2017



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ÂżQuĂ© se tramita en un juicio? Los juicios son instancias en las que se dirimen responsabilidades de individuos a quienes se acusa de cometer delitos. El objetivo central es aportar las evidencias de lo que aconteciĂł, para convertir esas evidencias en pruebas jurĂ­dicas que permitan llegar a un veredicto, o sea a una decisiĂłn acerca de la responsabilidad de la persona imputada por los delitos y su condena o absoluciĂłn. Las causas judiciales aluden siempre a individuos concretos. Se establece en ellas una “verdad”, la verdad de lo acontecido especĂ­ficamente en el caso juzgado. La historia argentina reciente agregĂł, ademĂĄs, la posibilidad de llevar adelante juicios aun cuando no se podĂ­a condenar, por la vigencia de amnistĂ­as y leyes “de impunidad”: los juicios por la verdad.

Existe, entonces, una asociaciĂłn directa entre los veredictos judiciales y la “verdad”. ÂżDe quĂ© verdad se trata? Una verdad fĂĄctica especĂ­fica, “mĂĄs allĂĄ de toda duda”, dirĂĄ el discurso jurĂ­dico. Se plantean aquĂ­ varias cuestiones significativas.

Por un lado, el tipo de prueba jurĂ­dica y su vinculaciĂłn con otros ĂĄmbitos en los que tambiĂ©n se intenta establecer verdades a partir de pruebas. La relaciĂłn y el contraste o similitud entre las pruebas jurĂ­dicas reflejadas en sentencias de jueces y las pruebas o datos que se presentan en las ciencias sociales han sido el objeto de reflexiones y debates entre juristas, historiadorxs y otrxs cientistas sociales. ÂżCĂłmo establece la prueba el/la juez/a? ÂżEn quĂ© se diferencia o acerca a las pruebas cientĂ­ficas de la investigaciĂłn social? Carlo Ginzburg, quizĂĄ la figura mĂĄs reconocida en el anĂĄlisis histĂłrico indicial basado en fuentes judiciales, retoma el tema en su libro El juez y el historiador. Consideraciones al margen del caso Sofri (Ginzburg, 1993). A Ginzburg le preocupa el caso, pero tambiĂ©n las “intrincadas y ambiguas” relaciones entre el juez y el historiador, en el lugar de la prueba y el testimonio en uno y otro ĂĄmbito de trabajo para establecer la “verdad”. Se detiene a mostrar las maneras en que intervienen los marcos interpretativos de unx y otrx; tambiĂ©n las maneras de incorporar el contexto en el que ocurriĂł la acciĂłn. En este sentido, lo citamos: “El contexto, concebido como un espacio de posibilidades histĂłricas, ofrece al historiador la posibilidad de completar la evidencia sobre la vida de un individuo. Es obvio que nos encontramos muy lejos de una perspectiva judicial
 Las tareas del historiador y el juez implican la habilidad de demostrar, de acuerdo con reglas especĂ­ficas, que x hizo y, donde x puede designar al actor principal
 de un acontecimiento histĂłrico o de un acto legal, e y designa cualquier tipo de acciĂłn. Pero en ocasiones, los casos que un juez descartarĂ­a por ser jurĂ­dicamente inexistentes, se vuelven provechosos a los ojos de un historiador”.

Ademås, los trabajos historiogråficos y antropológicos, de Ginzburg y de otrxs investigadorxs, toman los procesos judiciales, los testimonios y las sentencias como objeto de estudio y como fuente (indicio) para datos y evidencias a ser interpretados en el marco de sus investigaciones (por ejemplo, los de Sofía Tiscornia y María José Sarrabayrouse. El reverso es la pregunta sobre qué puede aportar el saber de las ciencias sociales a los procesos judiciales, en actuaciones de peritaje o testimonios de expertxs.
Por otro lado, o quizĂĄ como parte de la misma cuestiĂłn, desde la perspectiva de la dinĂĄmica social y polĂ­tica, se trata de indagar acerca de cĂłmo esa verdad jurĂ­dica develada en la sentencia especĂ­fica se inserta en un contexto histĂłrico mĂĄs amplio, en una interpretaciĂłn y un sentido de lo ocurrido. Esta pregunta es pertinente en todos los casos, pero se convierte en un tema crucial cuando la intervenciĂłn judicial se refiere a violaciones a los derechos humanos, a crĂ­menes y juicios caracterizados jurĂ­dicamente como “crĂ­menes de lesa humanidad”. Porque esta caracterizaciĂłn judicial se inserta en un marco de interpretaciĂłn Ă©tico universal: se trata de delitos tan aberrantes que agravian al conjunto de la humanidad, crĂ­menes que afectan de manera sistemĂĄtica a una gran masa de individuos de una sociedad o poblaciĂłn. Reconocer un crimen como “de lesa humanidad” tiene una carga Ă©tica fundamental; tiene tambiĂ©n consecuencias jurĂ­dicas y sociales. JurĂ­dicamente implica que estos crĂ­menes no prescriben, aspecto muy importante porque pueden ser juzgados en cualquier momento posterior a su comisiĂłn (tambiĂ©n que pueden ser juzgados en lugares que no son donde se cometieron, si la legislaciĂłn del paĂ­s asĂ­ lo permite, o en cortes internacionales). Al respecto, el Tribunal Constitucional de España define la jurisdicciĂłn universal:“El principio segĂșn el cual cualquier Estado, por el solo hecho de formar parte de la comunidad internacional, tiene autoridad judicial suficiente para perseguir, esclarecer, castigar, reparar ante sus propios tribunales a cualquier individuo presuntamente responsable de la comisiĂłn de crĂ­menes graves contra el derecho internacional. Incluso de aquellos cometidos fuera de su jurisdicciĂłn territorial o sin relaciĂłn alguna con la nacionalidad de las vĂ­ctimas o de los acusados, porque tales delitos por su atrocidad intrĂ­nseca afectan bienes jurĂ­dicos fundamentales tutelados por el derecho de gente, ofenden a la humanidad entera y desquician el orden pĂșblico de la comunidad internacional”.

ÂĄBasta de consideraciones generales! Tomemos ahora un caso concreto, para mostrar cĂłmo los juicios de lesa humanidad estĂĄn enraizados e impactan en su contexto social, en este caso la ciudad de CĂłrdoba.

Conocer y comprender a partir de los juicios de lesa humanidad

Las acciones jurĂ­dicas, ademĂĄs de generar condenas y prisiones, han construido una de las herramientas mĂĄs poderosas para producir representaciones e imĂĄgenes del ejercicio ilegal de la violencia por parte de Estado. Han sentado a los imputados en los tribunales para reconstruir cada episodio de privaciĂłn ilegĂ­tima de libertad (secuestro), imposiciĂłn de tormentos (torturas), tentativa de homicidio, imposiciĂłn de tormentos seguida de muerte (muerte por torturas), homicidio calificado (asesinatos), sustracciĂłn de menores (robo de bebĂ©s), violaciĂłn, abuso deshonesto, allanamiento ilegal, usurpaciĂłn, robo, etc., crĂ­menes cometidos dentro de centros clandestinos de detenciĂłn que operaban en red en cada provincia, en toda la naciĂłn y en la regiĂłn. Es difĂ­cil decir cuĂĄnto impacto esto tuvo y tiene a nivel social, pero las masivas marchas contra el 2x1 a lo largo y ancho del paĂ­s demostraron que la bĂșsqueda de justicia y la condena a los culpables logrĂł un importante consenso.

Las evidencias construidas en los juicios de lesa humanidad dieron cuenta de diferentes niveles de comprensiĂłn del pasado reciente y su violencia estatal. Por un lado la verdad jurĂ­dica, aquella plasmada en el expediente, en la letra de las sentencias, en las estadĂ­sticas del nĂșmero de imputados. Los acusados sentados frente al juez adquirieron rostros, dejaron de ser solo nombres para constituirse en personas que todos podĂ­amos ver, conocer sus gestos, sus voces, sus cuerpos. En uno de los juicios mĂĄs emblemĂĄticos de la Argentina, el megajuicio de La Perla en CĂłrdoba, los genocidas dormĂ­an en sus sillas, se tapaban la cara cuando eran fotografiados o provocaban al pĂșblico y a los jueces incorporando sĂ­mbolos como la escarapela negra o ignorando lo que sucedĂ­a, leyendo un libro, conversando, levantando sus puños en señal de victoria. Mientras el juicio sucedĂ­a y se gestaban nuevos relatos sobre la violencia y sus consecuencias, el silencio fue la marca mĂĄs elocuente que eligieron los genocidas para decir/no decir sus verdades.

FotografĂ­a Archivo Provincial de la Memoria.

Los eufemismos –esas palabras que conformaron un sistema simbólico de la violencia (traslado, operativo ventilador, sala de cirugía, el pozo, la cacha, etc.)–, usados durante el terrorismo de Estado, adquirieron otro nivel de conocimiento y dieron cuenta en los juicios de una verdad incontestable: su uso era uno de los mecanismos del accionar clandestino de las fuerzas de seguridad.

Por otro lado, estaba la verdad del testimonio de las vĂ­ctimas, los detalles de sus padecimientos, las acciones sobre sus cuerpos en la tortura, las variadas y aberrantes situaciones de humillaciĂłn, desamparo y violencia. Estas narrativas, reconstruidas en base al recuerdo doloroso de lo vivido, encontraron en el ĂĄmbito del juicio la legitimidad de una escucha atenta y reconocida por el Estado. Dejaron de ser experiencias subjetivas, para constituirse en certezas enunciadas y sentidas por los testigos como legĂ­timamente aceptadas.

“Todo el tiempo del juicio estuve tirada para atrĂĄs. Me costĂł la cotidiana del presente. No estuve deprimida pero sĂ­ abstraĂ­da. Cualquier otro me costaba pensarlo. Estaba como enajenada. En lo personal me llevaba al dolor, al llanto y fue importante poder llorar, porque yo he pasado muchos años en los que me ponĂ­a rĂ­gida para no llorar. Esta vez tuve la sensaciĂłn de que tenĂ­a mĂĄs espaldas. No porque antes no las tuviera, sino porque socialmente no estaba legitimado. TenĂ­a, incluso, miedo de dañar a los compañeros o hacerles cargar una responsabilidad tan alta. En esos dĂ­as me reencontrĂ© con algo perdido. Cuando yo salĂ­ de la cĂĄrcel, escribĂ­ e hice unos dibujitos con las cosas de La Perla para no olvidarme. A quiĂ©nes habĂ­a visto, cĂłmo los habĂ­a visto, etc. Un dĂ­a me di cuenta de que lo habĂ­a perdido. En los dĂ­as previos, como ademĂĄs estaba con poca capacidad de trabajo intelectual y mi casa estaba en remodelaciĂłn, sacaba cajones y acomodaba. En eso saquĂ© una caja de cosas viejas y ahĂ­ encontrĂ© los cuadernitos
 antes de la declaraciĂłn. No lo podĂ­a creer. Los abrĂ­a, los cerraba
 y me di cuenta de que no los podĂ­a leer sola, porque iba a ser muy doloroso” (Ana Mohaded, Diario de la Memoria. Primer Juicio de Lesa en CĂłrdoba/2008).

Los juicios también les pusieron rostro a los desaparecidos. Quienes asistieron a los juicios pudieron conocer sus cortas trayectorias de vida. Se enunciaron sus nombres y en muchos casos los sobrevivientes/testigos pudieron relatar con detalles su paso y presencia en los centros clandestinos de detención, aportando así algunas certezas en medio de la incertidumbre de la desaparición de sus compañeros de militancia. Circularon sus fotos, se escucharon las historias de sus vidas, sus hijos conocieron a esos compañeros y en muchos casos pequeñas historias pasaron a conformar miradas diferentes en torno a estas personas.

“No puedo dejar de evocar al ‘Bonyi’ Di Toffino, sin pensar en un tablero de ajedrez
 Fue originariamente nuestra manera de comunicarnos y para ello, ni la venda fue un impedimento
 Él en su colchoneta, con su tablero de papel dibujado a mano y sus piezas de miga de pan cuyo autor ignorĂ© siempre, y yo en la mĂ­a, con idĂ©nticos utensilios
 Con los tableros separados por apenas 3 o 4 metros, pero en total silencio (estaba prohibido hablar en esos primeros tiempos), nuestras manos dibujaban cĂłdigos inventados sobre la marcha que solamente Ă©l y yo (y a veces ninguno) entendĂ­amos
 PeĂłn 4 Rey de las blancas. PeĂłn 4 Rey de las negras. Caballo 3 Alfil
 ÂżSerĂĄ una apertura Ruy LĂłpez? ÂżUna defensa rusa? Daba lo mismo
 Lo realmente importante era nuestra comunicaciĂłn y ese vuelo extraordinario que emprendĂ­amos surcando las distancias y los tiempos” (Testimonio de HĂ©ctor Kunzmann, sobreviviente de La Perla. Desde el año 2014, se lleva adelante –en el Espacio para la Memoria La Perla, junto con la AsociaciĂłn Ajedrecear y las federaciones cordobesa y argentina de Ajedrez– el Torneo de Ajedrez “TomĂĄs Di Toffino”).

Finalmente, el espacio de la justicia constituyĂł verdades nacidas de las pruebas documentales y el rol de los archivos. Este espacio de construcciĂłn de certezas pocas veces es ligado a los juicios de lesa humanidad. Desde el juicio a las juntas, pasando por los juicios de la verdad y finalmente los juicios de lesa humanidad, la bĂșsqueda documental, el descubrimiento de archivos de las fuerzas represivas, la creaciĂłn del Archivo Nacional de la Memoria y de sus pares en las provincias han generado pruebas, nuevas lĂ­neas de investigaciĂłn, imputaciones a sectores de las fuerzas policiales y militares poco conocidos. Permitieron abrir causas a civiles y empresas, y han puesto a disposiciĂłn pĂșblica estos acervos documentales para la producciĂłn de otras verdades, periodĂ­sticas, histĂłricas, visuales, etc.

TransmisiĂłn de memoria y rituales de duelo colectivo

Si dentro del recinto la Justicia impartĂ­a acciones morales en bĂșsqueda de la verdad, en el afuera, otros modos de reparaciĂłn simbĂłlica acompañaban, visibilizaban y apoyaban el desarrollo de los juicios. Los juicios de lesa humanidad tejieron muchos hilos mĂĄs allĂĄ de la justicia en sentido estricto del tĂ©rmino. Movilizaron periodistas, gestaron proyectos de investigaciĂłn, promovieron programas de televisiĂłn, pelĂ­culas, documentales, concursos fotogrĂĄficos y muestras en sitios de memoria, museos y centros culturales de todo el paĂ­s. Extendieron sus significados hacia el afuera del recinto e impactaron de diferentes maneras en “otros” que miraban de costado o no se interesaban por participar. Dos acciones pueden ser vistas, entre muchas otras, como espacios de sentidos de justicia en la sociedad: la visita a los juicios de jĂłvenes estudiantes secundarios–“La escuela va a los juicios”– y la acciĂłn urbana desarrollada por el Archivo Provincial de la Memoria, “Los ĂĄrboles de la vida”.

Por un lado, el programa “La escuela va a los juicios”–que, en cada provincia, gestĂł relaciones entre diversos actores– tuvo un objetivo central: articular contenidos formales escolares con dimensiones emocionales, a partir de la presencia de jĂłvenes desde los 15 años en las audiencias. De manera inĂ©dita, los jĂłvenes presenciaron, opinaron y se formaron en torno a los hechos del pasado reciente fuera de la currĂ­cula escolar; por otro lado, se solidarizaron y generaron lazos de empatĂ­a, rechazo o indiferencia en relaciĂłn a los testigos, los genocidas, jueces y defensores. De Catamarca a Buenos Aires, de CĂłrdoba al NOA, cientos de estudiantes junto a sus docentes vivieron la experiencia de conocer y construir conocimiento en y desde lo que sucedĂ­a en los tribunales. Una manera diversa de diĂĄlogo y transmisiĂłn de memorias intergeneracional.

AsĂ­ como la escuela se tornĂł un buen lugar para la reflexiĂłn sobre los juicios y el recinto judicial un espacio pedagĂłgico donde comprender desde otras aristas la historia, la calle fue un territorio de conquista para difundir y comunicar lo que pasaba dentro de los tribunales.

En CĂłrdoba, en el año 2012 comenzĂł uno de los juicios mĂĄs emblemĂĄticos del paĂ­s, la megacausa La Perla, donde se juzgaban hechos cometidos en los tres centros clandestinos de detenciĂłn y exterminio de CĂłrdoba: La Perla, Campo de la Ribera y el D2. Este juicio tuvo 350 audiencias, 45 imputados, 716 vĂ­ctimas y 28 represores acusados. Desde el Archivo Provincial de la Memoria de CĂłrdoba se gestĂł una idea simple y poderosa a la vez, “Los ĂĄrboles de la vida”. Este proyecto de intervenciĂłn urbana pretendĂ­a “censar” la ciudad para realizar un mapa de los lugares de secuestro de los 254 hombres y mujeres desaparecidos, cuyas historias eran juzgadas en la megacausa. Una vez delimitado este territorio de represiĂłn, la intervenciĂłn consistiĂł en plantar un ĂĄrbol para homenajear a las vĂ­ctimas, generar un ritual colectivo de duelo y difundir el juicio. Cada viernes, durante dos años, se convocĂł a familiares, amigos y vecinos a plantar un ĂĄrbol. Cada ĂĄrbol era acompañado de un chapĂłn con los datos de la persona desaparecida, su foto y la frase: “Asistir al juicio es un derecho”.

“El desafío era crear una huella en la ciudad, interpelar a los vecinos de cada barrio sobre la desaparición de personas durante el terrorismo de Estado, demostrar territorialmente la extensión de la represión en la provincia de Córdoba. La propuesta apuntaba a recordar a cada una de las víctimas, difundir el juicio y generar una marca en la ciudad, visible y propositiva. Los árboles de la vida fue una intervención urbana de difusión de los juicios y recuerdo a las víctimas del terrorismo de Estado en Córdoba”
(http://www.apm.gov.ar/apm/%C3%A0rboles-de-la-vida).

Esos ĂĄrboles fueron pequeños destellos en la ciudad que orientaron, avisaron, y provocaron otras maneras de comunicaciĂłn de la informaciĂłn y los afectos sobre el pasado reciente. Movieron energĂ­as y recursos institucionales, generaron encuentros, movilizaron a familiares, a quienes en muchos casos nadie les habĂ­a propuesto un homenaje a sus parientes desaparecidos. Crearon nuevos espacios de memoria en los barrios, de los cuales naciĂł la solidaridad para regar cada ĂĄrbol o el odio y el resentimiento para romperlos y desterrarlos de su tierra. TodavĂ­a hoy, muchos señalan en las veredas y plazas de la ciudad que en CĂłrdoba hubo un juicio, que en ese barrio desaparecieron una, dos, diez personas
 que la memoria nunca estĂĄ asegurada, pero que la verdad sobre lo que nos pasĂł como sociedad no debe dejar de ser una bĂșsqueda.

Fotografías: “Los árboles de la vida”. Archivo Provincial de la Memoria. Córdoba

Un pĂĄrrafo final

Aunque en cada juicio se trata a personas y acontecimientos específicos, la calificación “crimen de lesa humanidad” implica un sentido de “verdad” más abarcador que ese acontecimiento específico. Lo ubica en una serie, en un espacio y un tiempo, en un contexto político, histórico y social de alcance mucho mayor. Y carga en sí mismo una interpretación que encaja en una narrativa histórica de los conflictos y las violencias ocurridos. Es así como las decisiones judiciales, en teoría “neutras” y que están más allá de las disputas políticas, son al mismo tiempo material y narración del pasado conflictivo. En suma, el campo jurídico específico y la interpretación histórica y política no pueden disociarse.

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