Infancia y derecho a la salud

Infancia y derecho a la salud

Por Virginia LĂłpez Casariego

Las políticas impulsadas por los organismos internacionales de crédito impiden la ampliación de derechos políticos, civiles y sociales. Cumplir con los derechos de niños, niñas y adolescentes mejora la situación de la salud en la edad adulta.
 
Medica Pediatra - Sanitarista - Asesora en PolĂ­ticas PĂșlbicas de Salud


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Se precisan niños para amanecer...
Daniel Viglietti

Este texto parte del reconocimiento de los niños, niñas y adolescentes como sujetos de derecho, lo cual tiene un estatus jurídico-constitucional que así lo establece, al mismo tiempo que implica una posición ética de respeto y cuidado a la infancia y la adolescencia, que nos compromete a todas las personas que habitamos nuestro país.

La infancia es una de las etapas mås vulnerables que atravesamos como seres humanos, tanto en términos de situaciones críticas para la supervivencia, el crecimiento, el desarrollo, la constitución psíquica y la construcción de subjetividad, como por el rol insustituible de los adultos en brindar el sostén, construir vínculo de apego y acompañar ese crecimiento en los términos de la institución de la ternura que nos presentaba Fernando Ulloa, abrigando amorosamente y respetando al niño como sujeto con un devenir que le es singular.

Aprendimos de los referentes de la Medicina Social Latinoamericana la importancia de analizar los problemas de salud considerando no solamente causas biolĂłgicas –incluyendo genes, infecciones y otros problemas importantes y frecuentes–, sino tambiĂ©n problemas psicosociales, y muy especialmente las condiciones materiales de vida en que los chicos nacen y crecen, junto a sus familias, en su comunidad.

Durante muchos años la salud infantil fue evaluada preponderantemente a travĂ©s de la evoluciĂłn de la tasa de mortalidad infantil, indiscutible indicador socio-sanitario, que no ha perdido relevancia con los años, como señala JosĂ© Carlos Escudero en algunas de sus recientes publicaciones. Entendemos que es una condiciĂłn necesaria para comprender la situaciĂłn de salud de los chicos, y particularmente las brechas de desigualdad que en proceso de muy lenta reducciĂłn continĂșan denunciando una situaciĂłn de inexcusable injusticia.

También sabemos que no es suficiente, que la infancia excede significativamente la mera supervivencia y el trånsito a una adultez mås o menos afortunada. Reconocer a los chicos como sujetos de derecho es poder pensarlos en tiempo presente, en sus derechos a contar con vínculos amorosos, a ser escuchados, a nuestra responsabilidad de garantizar sus posibilidades de crecer, aprender, jugar.

Algunas de estas cuestiones han sido retomadas por la OrganizaciĂłn Mundial de la Salud en los Ășltimos años, al plantear como una de las situaciones prioritarias a considerar en las polĂ­ticas pĂșblicas el Desarrollo Temprano Infantil, con su multiplicidad de condicionamientos y posibilidades. Desde esta perspectiva, se recupera no solamente la importancia de las condiciones materiales de vida para crecer y desarrollarse en los primeros años de vida, sino que tambiĂ©n plantea que el nivel de desarrollo alcanzado en esa etapa serĂĄ determinante para la situaciĂłn de salud en la edad adulta.

En este sentido, celebramos la importancia de iluminar etapas de la vida especialmente críticas para la vida y el desarrollo de los chicos y adolescentes. Al mismo tiempo, hemos observado con Alejandra Barcala nuestra preocupación de que estos señalamientos puedan traducirse en la estigmatización temprana de chicos mayores, adolescentes, hombres y mujeres adultos, a partir de presunciones de irrecuperabilidad o irreversibilidad de situaciones problemåticas que atraviesan/atravesaron en sus primeros años de vida. Esta mirada puede potenciar situaciones de discriminación, exclusión y potencial criminalización en etapas posteriores de la vida.

ÂżComo pensar el derecho a la salud de los chicos hoy, sin hacer memoria y revisar algunas claves de dĂ©cadas pasadas, con indudable impacto en nuestro presente? De “los Ășnicos privilegiados son los niños”, “quĂ© lindo que va a ser, el hospital de niños en el Sheraton Hotel” a “el silencio es salud” de la dictadura militar, al ĂĄngel de la bicicleta del 2001 “no tiren que hay chicos comiendo”, al que rinde homenaje LeĂłn Gieco.

Las polĂ­ticas neoliberales que arrasaron nuestro paĂ­s procuraron instalar en el sentido comĂșn de todos nosotros que la salud y la vida eran tan sĂłlo una mercancĂ­a mĂĄs, a las que las personas accedemos de acuerdo con nuestra capacidad de adquirirlas y no de nuestra condiciĂłn de sujetos de derecho. Una “sentencia” y un “chiste” dan cuenta del cinismo con que se excluyĂł a gran parte de la poblaciĂłn del acceso a bienes bĂĄsicos para la vida: “Pobres siempre habrĂĄ entre ustedes” y “Les traigo juguetes. Pero, señor, estos chicos no comieron. Entonces no les damos juguetes”, ejemplifican el devastamiento del proyecto de vida desde edades muy tempranas, el quiebre de la esperanza de movilidad social y de los lazos de solidaridad intergeneracionales y comunitarios.

Aprendimos con las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo que el derecho a la identidad es irrenunciable, inseparable del derecho a la salud y a la vida, tanto para los niños y niñas que fueron apropiados, los que han recuperado su identidad, como y muy especialmente para los que aĂșn no y requieren ser reconocidos en su historia y en su presente, porque es tambiĂ©n la historia y el presente de las generaciones que los suceden, para los chicos y los adultos de hoy.

Agradecemos a Silvia Bleichmar haber puesto en palabras el Dolor País que nos atravesó durante la fiesta de unos pocos y la impunidad para muchos, alertåndonos sobre el riesgo para la construcción de la subjetividad en un escenario tan fragmentado, tan precario, con muchas dificultades para cuidar de aquellos en situación de mayor vulnerabilidad, particularmente niños, niñas y adolescentes.

Las familias, la comunidad en que los chicos nacen y crecen, no fueron ajenas a la miseria, la tristeza y el infortunio de los pueblos, que Ramón Carrillo señalaba como la verdadera causa de las enfermedades.

En este escenario, el derecho a la salud en la infancia y la adolescencia nos obliga a revisar nuestros anålisis, porque no se trata ya solamente de la epidemiología de enfermedades endémicas como la enfermedad de Chagas-Mazza o epidemias como las infecciones respiratorias. Hablamos también de chicos en situación de malnutrición; de niños, niñas y adolescentes con discapacidad; de niños y niñas en situación de calle; de familias que sobreviven en condiciones de contaminación ambiental graves; de chicos con consumo problemåtico de sustancias legales e ilegales; de niños y niñas con padecimiento mental o sufrimiento psíquico grave; de muertes de adolescentes por lesiones; de situaciones de abuso sexual; del impacto del trabajo infantil, entre otras situaciones que se suceden o se superponen frecuentemente.

Entre los mĂșltiples interrogantes que se abren, cabe pensar si estas situaciones fueron naturalizadas durante mucho tiempo, siendo casi invisibles para la sociedad con la excepciĂłn de “casos” aislados con repercusiĂłn mediĂĄtica y hoy tienen mayor visibilidad o si en algunos casos hay un incremento –en el marco de la globalizaciĂłn, la concentraciĂłn econĂłmica y el aumento de las desigualdades a escala mundial– de problemĂĄticas de salud-enfermedad en la infancia y la adolescencia, desde una perspectiva integral del derecho a la salud y a la vida.

Al mismo tiempo, asistimos a prácticas y voces cada vez más frecuentes que desplazan sutilmente –o no– a los chicos del lugar de sujetos de derecho al de consumidores o clientes, acotando los espacios del compartir, de la construcción de lazos basados en el afecto y de la posibilidad de explorar recorridos conocidos y otros por inaugurar.

Desde esta perspectiva, la mercantilizaciĂłn de la vida cotidiana avanza tambiĂ©n con una creciente patologizaciĂłn de la infancia, que rotula con etiquetas diagnĂłsticas promovidas por la industria farmacĂ©utica, manuales psiquiĂĄtricos y complicidades varias, problemĂĄticas sociales complejas, incluyendo el malestar social, el padecimiento mental o el sufrimiento psĂ­quico. Un caso paradigmĂĄtico es la instalaciĂłn progresiva del diagnĂłstico de DĂ©ficit de AtenciĂłn con o sin Hiperactividad –conocido como ADD– y de abordajes terapĂ©uticos reduccionistas centrados en la prescripciĂłn de psicofĂĄrmacos como el metilfenidato (nombre comercial: ritalina), sin escuchar el malestar o sufrimiento del niño o niña y su familia, ni contextualizarlo en la situaciĂłn familiar, escolar, comunitaria, de vida.

Por otro lado, el abismo que produjo la dictadura y la implementaciĂłn de polĂ­ticas de ajuste y mercantilizaciĂłn de la salud en detrimento del efectivo acceso a los derechos, tuvo tambiĂ©n un fuerte impacto en los trabajadores/as de la salud, ĂĄmbito en el que se fueron incrementando las situaciones de precarizaciĂłn laboral y deterioro de las condiciones de trabajo en general. Al ritmo de la implementaciĂłn de recetas neoliberales que bajo la mĂĄscara de abocarse a los “mĂĄs necesitados”, profundizaron polĂ­ticas focalizadas, la fragmentaciĂłn del sistema de servicios y el ingreso del capital financiero al sector, desviando fondos pĂșblicos al crecimiento del sector privado de la salud.

Instituciones debilitadas y trabajadores precarizados en distintos campos, entre ellos la salud y la educaciĂłn, reciben –no siempre– a niños, niñas, adolescentes y a sus familias, que atraviesan situaciones complejas de sufrimiento o padecimiento en lo fĂ­sico, psĂ­quico y social.

Si bien la complejidad de las situaciones de salud-enfermedad que atraviesan los niños, niñas y adolescentes y sus familias no puede ser obviada, recurrentemente es adoptada como excusa para desligar responsabilidades, u obståculo para revisar las políticas, intervenciones y abordajes requeridos.

Algunos aportes para pensar los desafĂ­os del escenario actual en nuestro paĂ­s.

Pensar en salud, nos dice Mario Testa, es constituirnos en actores sociales que podamos poner en agenda las prioridades del amor, el trabajo y la lucha por una sociedad mås justa, donde la salud de los niños, niñas y adolescentes no sea sólo una declaración sino el efectivo ejercicio a los derechos humanos que les corresponden.

En esta lĂ­nea, la ampliaciĂłn de derechos polĂ­ticos, civiles y sociales que se estĂĄn implementando en los Ășltimos años en nuestro paĂ­s, plantea un nuevo escenario para analizar y trabajar por el derecho a la salud en la infancia y la adolescencia.

Este escenario involucra muy especialmente la Asignación Universal por Hijo, que acota la brecha entre los hijos de trabajadores/as con o sin empleo. Involucra también la Ley de Protección Integral de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes, la ampliación del acceso a jubilación, el Matrimonio Igualitario, la Ley de Medios de Comunicación Audiovisual de la Democracia, el juicio y castigo a los responsables del terrorismo de Estado, la aprobación de la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad, el Subsidio a las Mujeres durante el Embarazo, y la recientemente sancionada Ley Nacional de Salud Mental, entre otras.

Desde esta perspectiva, pensamos en forma complementaria tanto la necesidad de garantizar condiciones materiales de vida dignas a los niños, niñas, adolescentes y sus familias, como la construcción de subjetividad donde sus abuelos/as también son reconocidos como sujetos de derecho, en un país con mayor pluralidad de voces, con menos impunidad, con el acompañamiento a las mujeres durante el embarazo, con una ley de salud mental que se enmarca en el respeto de los derechos humanos para todos y todas, en particular para las personas con padecimiento mental.

Es un escenario con tensiones, donde conviven algunos de los hechos emblemåticos referidos, con la continuidad de planes y recetas del Banco Mundial y de otros organismos internacionales en el campo de la salud, que responden a los intereses del mercado y las corporaciones. Estas políticas y planes que comienzan como paliativos de situaciones de emergencia pierden su dudosa legitimidad inicial cuando se transforman en proyectos sostenidos y de dudosa eficacia para revertir la desigualdad en términos de acceso al cuidado de la salud de la infancia y la adolescencia.

Los niños, niñas y adolescentes precisan de adultos con responsabilidad y coraje para imaginar, diseñar e implantar polĂ­ticas pĂșblicas que garanticen el efectivo ejercicio de sus derechos, basados en los principios de universalidad e integralidad, con participaciĂłn activa de la comunidad en las decisiones y control de las polĂ­ticas. Precisan de adultos responsables en nuestro trabajo cotidiano en los servicios de salud, educaciĂłn, justicia, trabajo social en general, en nuestro rol como familiares, como integrantes de la comunidad comprometidos con escuchar, respetar y trabajar para que los derechos de los niños, niñas y adolescentes no sean meras declaraciones sino efectivo ejercicio de los mismos.

Parafraseando al Poeta, la sociedad toda precisamos de los niños, niñas y adolescentes para renovar amaneceres, para despertarnos, para correr las barreras de lo posible y lo transitado. Y los adultos somos responsables de garantizarles a ellos la oportunidad de intentarlo.

AclaraciĂłn: Este texto es posible gracias a la multiplicidad de “nosotros”, actores comprometidos con los derechos de los niños, niñas y adolescentes de nuestro paĂ­s, algunos mencionados en este texto, muchos mĂĄs involucrados cotidianamente en las polĂ­ticas, investigaciones y prĂĄcticas, que trabajamos cotidianamente para transformar esta nuestra realidad. De los errores o disensos que puedan surgir de esta presentaciĂłn, asumo como propia la responsabilidad por los conceptos y posiciones planteados en el presente artĂ­culo.

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Salud

ArtĂ­culos de este nĂșmero

José Carlos Escudero
Sobre la salud colectiva
Vicenç Navarro
AfĂĄn de lucro y sanidad
Asa Cristina Laurell
Los Proyectos de Salud en América Latina.
Mario Rovere
Organismos Internacionales de Salud y la Argentina
Diego Armus
De la salud pĂșblica a la salud colectiva
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Perfil epidemiolĂłgico de Argentina
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ProblemĂĄticas de Salud Mental en la Argentina
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Consecuencias del ajuste en la alimentaciĂłn.
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DesafĂ­os del Sistema de Salud Argentino
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Obras sociales en la Argentina. Un sintético relato histórico
Virginia LĂłpez Casariego
Infancia y derecho a la salud
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Los servicios integrales para las personas mayores dependientes
VĂ­ctor B. Penchaszadeh
Genética, salud y derechos humanos
Alejandro DĂĄvila
La salud bucal parte de la salud colectiva
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