Del crisol de razas al horizonte pluricultural

Del crisol de razas al horizonte pluricultural

Por Francisco Tete Romero

Aunque la historia nacional tendiĂł a definirla a partir de sus carencias, la regiĂłn nordestina puede ser repensada desde su enorme diversidad cultural y lingĂŒĂ­stica. Distintas manifestaciones del arte revitalizadas en los Ășltimos tiempos tanto desde las polĂ­ticas pĂșblicas como desde las comunidades corren el riesgo de debilitarse en el presente contexto.
 
Escritor y docente. Profesor en Letras. Director acadĂ©mico del Instituto de EducaciĂłn Superior de la FundaciĂłn Mempo Giardinelli. Narrador y ensayista. Su Ășltima novela es “La prĂłxima lluvia” (2016). Director de la editorial Contexto. Coordinador en Chaco de la Diplomatura en GestiĂłn y PromociĂłn de los Derechos Culturales (UBA) y el Observatorio de PolĂ­ticas Culturales del Centro Cultural de la CooperaciĂłn “Floreal Gorini”. Ministro de EducaciĂłn del Chaco (2009-2013)


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ÂżQuĂ© es la cultura? ÂżQuĂ© es el nordeste? ÂżQuĂ© serĂ­a un estado de la cultura del nordeste? Tres interrogantes para abordar el tema de este artĂ­culo sobre “El estado de la cultura en el NEA”.

Somos coetĂĄneos de una transformaciĂłn del concepto de cultura. Sin embargo, el viejo paradigma de la cultura como las “bellas artes” todavĂ­a persiste, asĂ­ como tambiĂ©n su nociĂłn de quiĂ©nes son los sujetos productores de cultura y quiĂ©nes no lo son. Por eso mismo, nombrar a la cultura en plural como las culturas y reconocerle su dimensiĂłn de derecho humano fundamental –los llamados de cuarta generaciĂłn– produce una ruptura epistemolĂłgica en relaciĂłn con la visiĂłn de mundo que la sitĂșa en un centro, en una tradiciĂłn, en puntos aislados de un mapa citadino desde el que se los piensa como excepciĂłn y privilegio.

1. El nordeste como espacio argentino del Gran Chaco Americano

“A propĂłsito del Nordeste Argentino, cabrĂ­a decir ademĂĄs que acaso una caracterĂ­stica notable de esta regiĂłn, y que le da unidad, es el hecho de ser probablemente una de las regiones mĂĄs desconocidas del planeta e incluso bastante ignorada en nuestro paĂ­s: la regiĂłn guaranĂ­tica o Gran Chaco, junto con las viejas misiones jesuĂ­ticas, abarca el este de Bolivia, toda la RepĂșblica del Paraguay, el sureste del Brasil y el nordeste de la Argentina (hasta el norte de Santa Fe)”. AsĂ­ escribe Mempo Giardinelli en su prĂłlogo del libro Pertenencia, Cuentos y Relatos del Nordeste Argentino.

“¿QuĂ© entendemos cuando hablamos del Gran Chaco americano?”, continĂșa Giardinelli. “El espacio interior de SudamĂ©rica, la vasta regiĂłn chaquense entendida como el corazĂłn geogrĂĄfico de la AmĂ©rica del Sud”.

RegiĂłn mĂĄs desconocida, periferia, tambiĂ©n “desierto verde” y a fines de los noventa UGI (Unidad GeoeconĂłmica Inviable), tal como la definĂ­an los informes de fundaciones de economistas ortodoxos. Palabras para definir nuestro lugar desde su pobreza y carencia. Frente a ellas, la apertura de otro horizonte de sentido: corazĂłn geogrĂĄfico sudamericano.

2. Estado de las culturas nordestinas

Hacia otro paradigma cultural

La tragedia que nos aconteció en 2001 significó un parteaguas en nuestra conciencia para pensar la Nación y pensarnos nosotros como nordestinos. Representó un quiebre de un modo de concebirnos no ya como región pobre –culpable de su pobreza– sino como provincias empobrecidas por políticas económicas y matrices culturales.

La primera tarea que debimos emprender para descolonizar nuestras ideas, nuestros sentimientos y lenguajes de los paradigmas colonizadores, fue desenterrar los orígenes extraviados de nuestro nombre, porque no designa solo a una provincia sino a la génesis cultural vedada de una región que abarca cuatro países sudamericanos.

Había –y hay– que emanciparse del imaginario cultural del “crisol de razas”, porque este supone una olla en la que se funden todos los elementos y al fundirse pierden sus atributos distintivos. Y los pierden porque si no hay reconocimiento del aporte de cada una de las culturas que nos conforma, no hay respeto, y si no lo hay, lo que se funde y extravía de nuestra memoria son sus raíces históricas y culturales.

Por eso hay que repensar al Gran Chaco desde la diversidad cultural y lingĂŒĂ­stica que nos constituye, como nuestra mejor riqueza y no como carencia, como ocurriĂł en la mayor parte de nuestra historia nacional, como aĂșn nos sucede.

Su origen etimolĂłgico nos remite a las voces de las dos grandes culturas andinas: la aymarĂĄ y la quechua, esta Ășltima de gran gravitaciĂłn en nuestras tierras. En el idioma runa-simi, la palabra ChacĂș, nos explica RamĂłn de las Mercedes Tissera en su libro Chaco, Historia General, significaba coto de caza, lugar donde se practicaba la gran cacerĂ­a, y designaba al sistema de caza institucionalizado por el imperio Inca. Se trata de una voz exĂłtica pero profundamente resignificada por la tradiciĂłn nativa de nuestros pueblos originarios, que le atribuye una acepciĂłn sustantivamente distinta: “junta o encuentro de naciones”.

En Misiones y en Corrientes se produjo ademĂĄs la recuperaciĂłn del pensamiento artiguista bajo la reivindicaciĂłn de su lugarteniente el guaranĂ­ AndrĂ©s GuazurarĂ­, el Comandante Andresito, quien fuera gobernador interino de la segunda y jefe polĂ­tico militar de la primera, en la que llevarĂ­a a cabo la Ășnica reforma agraria que conoce hasta hoy nuestro paĂ­s.

El emplazamiento de dos grandes esculturas de Andresito en sitios visibles de las costaneras de Posadas y Corrientes capital, frente al rĂ­o ParanĂĄ, generĂł arduos debates polĂ­ticos, en especial entre los correntinos, pero en realidad lo que se discutĂ­a –y discute– es desde quĂ© visiĂłn o paradigma cultural revisitamos la historia –nuestra polĂ­tica de la memoria–, es decir, si la seguimos rescribiendo en los viejos tĂ©rminos de civilizaciĂłn y barbarie, o si en cambio indagamos, por ejemplo, como lo hicieron y estĂĄn haciendo algunos historiadores, artistas populares y organizaciones sociales en esas dos provincias, en la clase de proyecto de paĂ­s que Artigas presentĂł junto a las provincias del Congreso de los Pueblos Libres, entre 1813 y 1815, el de una confederaciĂłn federal cuyo modelo eran los Estados Unidos de NorteamĂ©rica, pero situada segĂșn las necesidades de desarrollo de SudamĂ©rica. Porque lo hacen no desde la nostalgia, sino desde el redescubrimiento de la vigencia de aquel proyecto inconcluso, tal como escribe el historiador misionero Pedro Camogli y filma el cineasta correntino Camilo GĂłmez Montero o lo sostiene la CTA de esa provincia.

El estado de desarrollo y promociĂłn de nuestras diversidades - La dimensiĂłn institucional

El perĂ­odo comprendido entre 2003 y 2015 representĂł para la cultura argentina un notable avance en la creaciĂłn y desarrollo de polĂ­ticas pĂșblicas culturales tanto nacional como provinciales. Por un lado, esto se puso de manifiesto en una nueva legislaciĂłn –en mejor financiamiento de la existente, como, por ejemplo, la del Instituto Nacional de Teatro o el INCAA–, y por ende, en una mĂĄs sĂłlida institucionalidad, en un incremento exponencial de la infraestructura cultural en todo el paĂ­s, en una renovada puesta en valor de su patrimonio y en un incremento de sus presupuestos. Por otro lado, se pensĂł y debatiĂł nacionalmente quĂ© clase de polĂ­ticas pĂșblicas y quĂ© proyecto cultural necesitĂĄbamos para un proyecto nacional soberano. Pensemos por caso que el Primer Congreso de Cultura que tuvimos en 201 años de historia se realizĂł en Mar del Plata en el 2006. Luego vinieron el de TucumĂĄn en 2008, el de San Juan en 2010 y el de Chaco en 2013. Lo mismo podemos decir de los congresos provinciales y regionales, casi sin antecedentes antes del 2003.

Ahora bien, si concebimos a la cultura de forma holĂ­stica, integramos a lo ya expuesto un aporte sustantivo desde el Ministerio de EducaciĂłn, cuyo incremento presupuestario en relaciĂłn al PBI nacional –pasĂł de 3,2 por ciento al 6,5– permitiĂł, entre otras cuestiones, la provisiĂłn de 96 millones de libros en doce años, con una cuidada selecciĂłn bibliogrĂĄfica de temas, autores y geografĂ­as, de la que participaron equipos acadĂ©micos de todo el paĂ­s (26 millones de libros para las cuatro provincias del nordeste), y 5 millones de netbooks (mĂĄs de 600 mil para el NEA). Vale la pena destacar ademĂĄs las creaciones de los canales Encuentro y Paka Paka, que contribuyeron a democratizar y federalizar nuestra mirada para pensar la Argentina y el mundo desde los paradigmas de la complejidad y diversidad. Pero sin dudas fue la Ley de Servicios de ComunicaciĂłn Audiovisual el acontecimiento cultural nacional que produjo una ruptura en las relaciones entre comunicaciĂłn, cultura y democracia. Porque si bien muchos de sus enunciados y propĂłsitos no fueron cumplidos, se generaron condiciones de posibilidad para la producciĂłn de contenidos audiovisuales que dieran cuenta de nuestra compleja diversidad.

Lo que sucedió en el nordeste no fue la excepción. Se produjo, por ejemplo, la jerarquización institucional de las áreas de cultura, con la creación de dos institutos de Cultura provinciales, uno en Chaco, otro en Corrientes, el mejoramiento sustantivo de los presupuestos provinciales destinados a su financiamiento –en el caso de la del Chaco, la ley establece el 1 por ciento del presupuesto provincial, tal como lo recomienda la UNESCO–, la creación de consejos provinciales de Cultura y leyes específicas de fomento y desarrollo, que permitieron un mayor despliegue de las posibilidades de desarrollo cultural.

Sin embargo, no fue posible la sanciĂłn de una Ley Federal de las Culturas –el anteproyecto llegĂł hasta la ComisiĂłn de Cultura de Diputados en agosto de 2015–, que fijara un presupuesto digno, un alcance federal para el desarrollo de polĂ­ticas pĂșblicas en el marco de un proyecto cultural de NaciĂłn, que permitan el cumplimiento de los derechos culturales de los habitantes del suelo nacional y la participaciĂłn de los sectores de las culturas en la gestiĂłn de tales polĂ­ticas, tal como lo pidieron quienes participaron de los mĂĄs de 50 foros de debate realizados.

En cuanto a lo que existe, el grado de cumplimiento de las legislaciones es parcial, asimétrico, poco federal, y guarda estrecha relación con la dificultad que tiene la política argentina para valorizar el rol que tiene la cultura para el desarrollo humano, a la hora de otorgar o cumplir presupuestariamente lo que dice la ley o lo que se enuncia en discursos.

El surgimiento de nuevas narrativas, estéticas y poéticas culturales

En las Ășltimas tres dĂ©cadas el nordeste crea, reencuentra o profundiza tendencias culturales que estaban en sus orĂ­genes.

Pienso en la dinĂĄmica cultural independiente que caracteriza a Resistencia desde sus inicios. La expresan, por ejemplo, “La Bienal de Esculturas”, llevada adelante por la FundaciĂłn Urunday –con apoyo de los Estados provincial y municipal, pero surgida y organizada desde una iniciativa particular–, un evento a cielo abierto en donde escultores venidos de todo el mundo van creando sus obras que una vez finalizadas pasarĂĄn a integrar el paisaje urbano, rodeados de un pĂșblico multitudinario, asĂ­ como tambiĂ©n se suceden en esos dĂ­as encuentros de esculturas de los pueblos originarios y de los estudiantes de Bellas Artes de toda la Argentina. Este hecho hunde sus raĂ­ces en una tradiciĂłn que arranca en la dĂ©cada de los cuarenta y que tiene su efecto principal en que desde hace unos años Resistencia se define como la ciudad de las esculturas. Actualmente hay certĂĄmenes de esculturas en las ciudades de San MartĂ­n y Castelli.

Pienso en el Foro por el Fomento del Libro y la Lectura, que hace mĂĄs de 20 años lleva a cabo en Resistencia la FundaciĂłn Mempo Giardinelli, ante un pĂșblico numerosĂ­simo, que reĂșne a escritores, acadĂ©micos e intelectuales preocupados y ocupados en la promociĂłn de la lectura y el libro y que ha producido en nuestro paĂ­s la renovaciĂłn en pedagogĂ­a de la lectura.

Pienso en el Centro Cultural Alternativo (Cecual) como espacio joven de gestión y producción cultural independiente y comunitaria. En las editoriales y colecciones de libros que vinculan los textos tradicionales a recuperar con las nuevas poéticas (Colección Mulita, por ejemplo). En el magisterio singular de la escritura de Mempo Giardinelli, en la poesía de Claudia Masin y en Miguel Ángel Molfino, Mariano Quirós y Carlos Busqued.

Pienso en el Festival Nacional de ArtesanĂ­a en Quitilipi, que reĂșne todos los años en una localidad chaqueña lo mejor de las tradiciones de las artesanĂ­as ancestrales y modernas.

Pienso en el festival de cine de las Tres Fronteras, que vincula a tres paĂ­ses hermanos, el nuestro (en Misiones, Puerto IguazĂș), Paraguay y Brasil, en el que es posible ver la rica y variada producciĂłn de nuevos relatos audiovisuales de jĂłvenes realizadores del nordeste, en los que se destacan las temĂĄticas de la frontera y los cruces de culturas y lenguas con toda su carga de tensiones y significaciones posibles.

Pienso en la mĂșsica de RamĂłn Ayala, en su creaciĂłn “el gualambao”, en su modo de permanecer siempre innovando. En el Chango Spasiuk, cuyo chamamĂ© suena distinto porque es fruto de mixturas estĂ©ticas.

Pienso en el Festival Nacional del ChamamĂ© en Corrientes, en su riquĂ­sima tradiciĂłn musical, en sus renovaciones y continuidades, en el legado guaranĂ­ y en aquella bella definiciĂłn de sapucay que nos enseñó el maestro Pocho Roch: “Le quema el sonido en los ojos”.

Pienso en esa maravilla que es la mĂșsica de RaĂșl Barboza –el Piazzolla del chamamé–, en los ImaguarĂ©, en AmandayĂ©, en Rudi y NinĂ­ Flores. En Coqui Ortiz, en Resistencia, en Lucas Segovia, y sobre todo en su padre, Zitto Segovia, el recreador de la charanda, otra variante creativa del chamamĂ©.

Pienso en la tradiciĂłn de los festivales de teatro y mĂșsica en Formosa, en la puesta en valor de su patrimonio cultural. En el notable narrador que es Orlando Van Bredam y en Humberto Hauff. En la narrativa de Gabriel JosĂ© Ceballos y en la poesĂ­a de Rodrigo Galarza, en Corrientes. En el arte popular de Milo Lockett, en los dibujos de Luciano Acosta y en la tradiciĂłn del muralismo que viene caracterizando al arte pĂșblico nordestino.

Pienso, sobre todo, en la vigencia de la tradiciĂłn narradora oral de los pueblos originarios: en las Madres Cuidadoras del Relato Qom, en Pampa del Indio y en el Coro Toba CheelalapĂ­ (bandada de zorzales, en lengua qom); en el acontecimiento polĂ­tico cultural del 16 de enero de 2008, cuando Coqui Capitanich, gobernador del Chaco, pidiĂł perdĂłn a la abuela Melitona Enrique–quien ese dĂ­a cumplĂ­a 107 años– por la Masacre de NapalpĂ­ (acaecida el 19 de julio de 1924), de la cual era una de sus dos Ășltimas vĂ­ctimas sobrevivientes –el otro fue el abuelo mocoi Pedro Valquinta– y por el genocidio y la opresiĂłn de los pueblos indĂ­genas. Pienso en ese hecho del que tuve el privilegio de participar como otro parteaguas en nuestra historia reciente. De ese acontecimiento es tributaria la escritura de Juan Chico, excelente investigador y escritor qom de textos bilingĂŒes imprescindibles como Las voces de NapalpĂ­, asĂ­ como tambiĂ©n gestor cultural de una colecciĂłn de textos pluriculturales y de un Encuentro de Escritores de Pueblos IndĂ­genas. Y de ese hecho abrevan tambiĂ©n como fuentes la oficializaciĂłn de las lenguas qom, wichĂ­ y mocoi en el Chaco y la Ley de EducaciĂłn IndĂ­gena.

Pienso en las nuevas manifestaciones culturales comunitarias, en los puntos de cultura como experiencias sociales cotidianas que se proponen en diversos lugares del nordeste pensarse como sujetos productores de cultura. Una experiencia de radio escolar protagonizada por jóvenes wichí en el Impenetrable, una cooperativa de artesanas en Formosa o en Misiones, o las batallas de rap adolescente en una plaza resistenciana. Modos de tejer, retejer –cultivar o recultivar– los vínculos de lo social roto o fragmentado. Y de ampliar nuestra noción de territorio.

SĂ©, desde luego, que esta enumeraciĂłn es incompleta y por supuesto provisoria. Intenta ser una primera aproximaciĂłn a la problemĂĄtica que motiva la escritura de este texto.

3. Ante la emergencia cultural nacional y regional

EscribĂ­a unas lĂ­neas atrĂĄs que la historia es la polĂ­tica de la memoria. Escribo ahora, como sostiene Eric Hobsbawm, que la polĂ­tica es la historia del presente, pero la cultura, agrego, es la zona simbĂłlica de disputa del sentido comĂșn que organiza nuestra visiĂłn sobre nuestros modos de vida social.

Ambos territorios culturales, la memoria y la escritura del sentido comĂșn, estĂĄn hoy en disputa y en serio peligro, es decir, en estado de emergencia, asĂ­ como todos nuestros derechos polĂ­ticos, civiles, econĂłmicos y culturales, porque dicha escritura del presente se ha vuelto desde el Estado nacional unĂ­voca y monocorde, dado que busca restaurar las definiciones de realidad, las condiciones de posibilidad para imponer, como lo estĂĄn haciendo, la mĂĄs formidable regresiĂłn de la redistribuciĂłn de la riqueza material y simbĂłlica que hayamos conocido luego de la dictadura cĂ­vico-militar del ’76.

Volvemos a ser entonces, como en la larga dĂ©cada infame de los ’90, los inviables del nordeste, los que moramos a la deriva en un desierto verde que debe ser reconquistado por la pedagogĂ­a del elogio del egoĂ­smo y del individualismo antisocial. Porque se acabĂł la leche de la clemencia para la legiĂłn de cuerpos y corazones loser.

ÂżDecidiremos escribir la historia de nuestro presente?

En eso estamos, intentando pensar y producir culturalmente, para desnaturalizar la incesante creaciĂłn de subjetividades colonizadas desde las usinas digitales de sentido comĂșn, para responder con nuestros cerebros, corazones y acciones a este interrogante vital de cuya resoluciĂłn dependerĂĄ el horizonte cerrado o abierto de nuestras vidas.

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Voces en el Fénix NÂș 61
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CULTURA

ArtĂ­culos de este nĂșmero

Mempo Giardinelli
A modo de introducciĂłn
Horacio GonzĂĄlez
MĂ©todos de arrasamiento cultural
Miguel Russo
El periodismo porteño y los grandes multimedios argentinos
Jorge Felippa y Graciela Bialet
Cultura en CĂłrdoba: efervescencia y cuentas pendientes
MĂłnica Ambort
Medios comunitarios en peligro
NicolĂĄs Batlle
El cine argentino hoy
Graciela Falbo
La universidad argentina y el periodismo que viene
Francisco Tete Romero
Del crisol de razas al horizonte pluricultural
Natalia Porta LĂłpez
PolĂ­ticas de lectura en la Argentina
Emilce Moler
Las voces, mås allå de las efemérides. O el pasado siempre presente
Atilio Fanti
Historia de la Universidad Popular de Resistencia
Daniel Filmus
Educar para la construcciĂłn de una cultura de la memoria
Walter A. BordĂłn
Cavilaciones de un productor: la cara B de la mĂșsica argentina
MarĂ­a Luisa Miretti
Santa Fe y la cultura, hoy
Luis Borda
Vigencia del tango en el mundo
Daniel Alonso
Estado de la cultura en la Patagonia
Noé Jitrik
Dos culturas

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