Tecnología y desarrollo regional EN LA PROVINCIA DE SAN JUAN. Tecnologías de Información y Comunicación (TICs), herramientas para el fortalecimiento de los eslabones más débiles de la cadena productiva

Tecnología y desarrollo regional EN LA PROVINCIA DE SAN JUAN. Tecnologías de Información y Comunicación (TICs), herramientas para el fortalecimiento de los eslabones más débiles de la cadena productiva

Por Marcelo Alós* y Josefina Vaca**

El desarrollo tecnológico es un elemento fundamental para romper la transmisión intergeneracional de la pobreza y una valiosa herramienta para la inclusión social. Así lo entiende el Ministerio de Producción y Desarrollo Económico de la provincia de San Juan. A continuación, su experiencia a partir del programa de acceso a las TICs.
 
*Ministro de Producción y Desarrollo Económico de la Provincia de San Juan , **Coordinadora del Programa de Acceso a las TICs del Sector Productivo del Ministerio de Producción y Desarrollo Económico de San Juan. Investigadora del CIAP-FCE-UBA


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Los autores agradecen a Horacio Cao los aportes realizados, librándolo de cualquier responsabilidad sobre lo que aquí se expresa.

Frente a la crisis de los proyectos globales puesta en evidencia en los albores del siglo XXI, dos disciplinas aparentemente alejadas entre sí, “Desarrollo regional” y “Sociedad Informacional”, exigen una lectura articulada a fin de construir estrategias que permitan dar respuesta a las necesidades de nuestras sociedades.

Es desde este enfoque que en 2008 se diseñó y desde 2009 se ejecuta el Programa de Acceso a las Tecnologías de Información y Comunicación (TICs) del Sector Productivo en la provincia de San Juan, la política pública que describiremos en este artículo.

Desde la misma concepción del proyecto se tuvo en cuenta la marcada heterogeneidad (diferencias en características y tamaños relativos) y desigualdad (nivel de desarrollo) territorial que caracteriza a la Argentina. También se consideró que esta configuración histórica del país y sus regiones recibió, en las últimas décadas, el embate de un proceso revolucionario de desarrollo tecnológico convergente protagonizado por las industrias informática, audiovisual y de las telecomunicaciones, conocidas como Tecnologías de Información y Comunicación (TICs). Es en torno a este fenómeno que se despliega la llamada Sociedad Informacional que concita la presencia de actores heterogéneos y enfoques diversos.

Entre las diferentes tendencias tomamos distancia de algunos autores de marcada orientación tecnofílica, que han producido una serie de ensayos prospectivos guiados por el determinismo y la causalidad tecnológica. Los mencionados escritos se caracterizan por incluir pronósticos casi fantasiosos sobre la capacidad del nuevo paradigma para superar las tendencias hacia los desequilibrios interregionales que se habían dado en procesos de desarrollo anteriores.
Tampoco acordamos con organismos y gobiernos que argumentan que la centralidad de la información y la comunicación en la estructuración de las sociedades contemporáneas permite la obtención de mayores beneficios y el consecuente crecimiento de las economías. Estas mismas fuentes estiman que habrá grandes beneficios sociales como consecuencia de la diseminación y acceso universal a las TICs, situación que hasta el momento no se ha verificado en la realidad.

Y es que el modelo productivo de la sociedad informacional, al estar basado en componentes tales como la sustitución a gran escala del trabajo humano, la interconexión financiera y comercial del globo, la deslocalización industrial, el masivo empleo precario y la promoción del consumo como relación social preponderante, es muy difícil que tenga un impacto social positivo si no se despliegan acciones correctivas.

Por ello, nos identificamos con aquellos que, como Manuel Castells expresara en su ya célebre La era de la Información: economía, sociedad y cultura, sostienen que el factor histórico más decisivo para canalizar y moldear el paradigma de las TICs e inducir sus formas sociales, fue y es el proceso de reestructuración del sistema capitalista emprendido desde la década de los ’70. Según este enfoque, el desarrollo y la expansión de estas tecnologías no pueden explicarse en términos meramente tecnológicos, sino que debe ser comprendido en el marco de los cambios generados por las necesidades de recomposición del proceso de acumulación de capital y la mutación del patrón tecnológico, económico y social del mundo industrial.

Dicho esto, cabe aclarar que, desde nuestra perspectiva, la Sociedad de la Información trata de un proceso inconcluso, en pleno desarrollo, cuya construcción refiere a una sumatoria de procesos que asumen en cada país y en cada provincia características particulares de acuerdo a las diferencias sociales, económicas, culturales, etc. En virtud de lo cual, la heterogeneidad y desigualdad del territorio argentino adquieren centralidad en tanto parecen determinar diferentes procesos de difusión e incorporación de tecnología, cuya modalidad resulta clave en términos de promover o frenar el desarrollo regional.

Es en este contexto que en el Ministerio de Producción y Desarrollo Económico de la provincia de San Juan nos preguntamos qué estaba ocurriendo con las TICs en un sector clave: el de los pequeños productores vitivinícolas. Por lo que se decidió realizar un estudio entre productores con unidades de hasta 20 hectáreas y en departamentos con una participación superior al 4% en el total provincial de producciones vitivinícolas, incluyendo a 11 de los 19 departamentos que integran el territorio provincial.

Tabla Nº 1. Estudio Pequeños Productores Vitivinícolas - Año 2008
Unidades menores a 20 ha - Muestra probabilística - Departamentos con producción relevante (11/19)

Fuente: Encuesta encargada por el Ministerio de Producción y Desarrollo Económico de San Juan en el año 2008. Cantidad de casos: 81. Edad promedio: 56 años. El 62% de los entrevistados productores con unidades de una a cinco hectáreas; el 23% con propiedades de entre seis y diez hectáreas y el 15 % restante poseen entre once y veinte hectáreas.

Al observar la información de la tabla vemos que el 67% de los productores entrevistados no poseía computadora personal y que el 80% no tenía acceso a Internet.

En cuanto a los conocimientos sobre TICs, un 65% dijo no tener conocimientos de computación. Respecto del uso de la informática en las actividades vinculadas a la producción, el 96% dijo no utilizar computadora y el 94% sostuvo que no utilizaba Internet en sus actividades productivas.

Los datos presentados reflejan la profundidad de la brecha digital en dimensiones que van más allá de la falta de acceso material a computadoras y a Internet. La brecha digital es un fenómeno dinámico y complejo que involucra otros importantes aspectos tales como: falta de experiencia causada por rechazo o temor a las nuevas tecnologías; falta de habilidades por uso insuficiente e inadecuada educación y soporte social, y falta de oportunidades de uso significativo de las TICs.

Es importante advertir que la mayor parte de los productores comprendidos en la muestra son los que, tal como señala Alejandro Rofman en su libro Las Economías Regionales. Luces y sombras de un ciclo de grandes transformaciones 1995-2007, van quedando relativamente “rezagados respecto de los grandes establecimientos con nuevos viñedos y plantas industriales renovadas tecnológicamente. (…) El proceso de concentración que resulta de la combinación de ingreso a la actividad de nuevos agentes económicos de gran capacidad inversora e innovadora y el ininterrumpido fenómeno de la expulsión del pequeño productor primario o industrial se alimenta además de factores específicos de la reconversión tecnológica que acelera la polarización económica y social”. Y esa reconversión tecnológica, en el nuevo modelo vitivinícola, incluye a las Tecnologías de Información y Comunicación.

Incorporación de TICs en el tejido socio-productivo de la provincia

Tal como sucede en el sector vitivinícola, la situación de la mayoría de los pequeños productores en las zonas rurales de la provincia de San Juan se caracteriza por presentar una baja productividad y dificultosas posibilidades de desarrollo. Esta situación se debe, entre otras razones, a los métodos de distribución y comercialización ineficientes, a la falta de capacitación y a la escasez de información útil, oportuna y precisa que ayude a su producción y posicionamiento en el mercado, en todos estos elementos es notoria la influencia de la falta de acceso a las TICs.

Es importante reconocer que las TICs han modificado la forma en la que se elaboran y comercializan bienes y servicios para el conjunto de los sectores de la economía, no sólo para los vinculados a las industrias de información y comunicación. El impacto de estas tecnologías en el ámbito productivo requiere de los agentes económicos una adecuación y la aplicación de nuevas habilidades.

Por todo esto el Estado no puede permanecer ausente y las políticas de desarrollo de la producción y el trabajo deben incluir proyectos tendientes a cerrar la brecha digital y garantizar igualdad de oportunidades, en este caso, expresada en una mejora sustancial de acceso a las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación.

Vista la situación descrita, el Ministerio de Producción y Desarrollo Económico de la Provincia de San Juan –en el marco de su Plan Estratégico– diseñó y puso en marcha un programa que aborda esta problemática. El “Programa de Acceso a las TICs del Sector Productivo” trabaja estratégicamente con los municipios para la creación de ámbitos llamados Centros de Acceso (CA) donde los productores y actores del sector productivo acceden gratuitamente a estas tecnologías, especialmente aquellos que por limitaciones socioeconómicas o de localización tienen restringido el acceso a las TICs.

Cabe destacar algunas características de la planificación estratégica del programa. El ministerio aporta el equipamiento informático y los recursos humanos que coordinan el trabajo en los Centros de Acceso (CA) y capacitan a productoras, productores y otros referentes territoriales; los municipios por su parte ponen a disposición el espacio físico y la colaboración de las áreas de producción locales.

El lugar donde se instalan los CA es una decisión conjunta entre el ministerio y el municipio en función del eje productivo al que se pretenda llegar, tratando de que se encuentre lo más cerca posible de la población objetivo. En algunos casos funcionan en asociaciones de productores, en otros en los centros integradores comunitarios (CIC), y en otros en delegaciones de los municipios.

A pesar de la cercanía, la mayoría de las productoras y productores deben recorrer varios kilómetros para llegar, por eso las capacitaciones se caracterizan por ser flexibles, adaptadas a sus posibilidades reales, con horarios consensuados, cuidando que no se superpongan con los momentos en que tienen que abocarse a sus labores cotidianas. La duración, modalidad y contenidos también son particulares, implementamos cursos de entre tres y cuatro meses con encuentros semanales de aproximadamente tres horas, otros que transcurren durante todo el año con encuentros prolongados pero más esporádicos y también trabajamos con la modalidad de seminarios y talleres intensivos.

Es importante aclarar que el acceso a bienes y servicios infocomunicacionales y las capacitaciones –desde aprender a encender una computadora hasta utilizar el comercio electrónico– son una estrategia del Ministerio de Producción para motivar y empoderar a productores, productoras y otros actores sociales relevantes. En los Centros de Acceso encontramos personas que no logran acceder a subsidios u otros mecanismos de asistencia, de los que deberían ser protagonistas, y advertimos cómo los interpela la posibilidad de legitimación e incorporación a la economía formal. También somos testigos de experiencias de asociación para encarar proyectos productivos, o de fortalecimiento de emprendimientos ya existentes.

Es que la posibilidad de llegar a las “bases”, de instalar en zonas rurales un lugar de encuentro y trabajo conjunto, ha permitido el acercamiento del Ministerio de Producción a sectores de la cadena productiva que se encontraban invisibilizados y en situación de gran vulnerabilidad. De esta forma, con una estrategia de aproximación adecuada a cada caso, el progresivo reconocimiento de sus propias capacidades y el deseo de aprender, se abren las puertas para que el ministerio y otros organismos del Estado los “encuentren” y puedan aplicar sus políticas de promoción.

Con el correr del tiempo los Centros de Acceso (CA) se han ido transformando en espacios de participación y colaboración mutua donde las productoras, productores, sus familias y otros actores sociales pueden dar a conocer y compartir sus necesidades, problemáticas y experiencias. Esto en algunos casos ha alcanzado derivaciones inesperadas, como por ejemplo que población rural nos haya solicitado apoyo para terminar sus estudios primarios y/o secundarios y que, gracias al trabajo conjunto con el Ministerio de Educación de la provincia, lo puedan concretar en el Centro de Acceso de su zona con una modalidad semipresencial.

El Programa de Acceso a las TICs del Sector Productivo se ejecuta actualmente en 14 de los 19 departamentos de la provincia y ya se han firmado los convenios respectivos para su implementación en los 5 municipios restantes. Se han creado 24 Centros de Acceso en diferentes ejes productivos y se ha capacitado a más de 800 personas productoras y productores. Sin embargo aún falta mucho por hacer, hemos alcanzado sólo al 13% de la población objetivo y los resultados, aunque alentadores, son provisorios.

El Ministerio de Producción enfrenta desafíos que no son menores, como llegar a ejecutar el programa en todos los departamentos de la provincia, masificar el acceso a las TICs en el sector productivo, consolidar la apropiación social de los Centros de Acceso, fortalecerlos como puntos de contacto entre el Estado y la sociedad civil, incorporar a jóvenes productores, profundizar en asociatividad y calidad de conocimientos, entre otros.

El desarrollo tecnológico es un elemento fundamental para romper la transmisión intergeneracional de la pobreza y una valiosa herramienta para la inclusión social. Si además aceptamos que la relación entre distribución del ingreso, especialización productiva y desarrollo tecnológico están en la base del concepto y del diagnóstico del menor desarrollo relativo, podremos advertir la relevancia de este tipo de políticas para el desarrollo regional.

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Artículos de este número

Soledad González Alvarisqueta y Ariel García
Poder y espacio: hacia una visión dialéctica de la región
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El sector agropecuario en la posconvertibilidad: la distribución del ingreso en regiones pampeanas y extrapampeanas
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