Reinos culturales del crimen organizado

Reinos culturales del crimen organizado

Por Fernando Buen Abad Domínguez

El neoliberalismo y el posmodernismo convirtieron al negocio de las adicciones en una Cultura. Esta ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ es un problema enorme que nos se√Īala d√≥nde est√° el poder y d√≥nde est√° el dinero para satisfacer la voracidad del capitalismo. Un escenario devastador que s√≥lo podr√° ser revertido con una contraofensiva econ√≥mica y pol√≠tica que sustente a una contraofensiva cultural emancipadora.
 
Filósofo, intelectual y escritor de izquierda, militante marxista de numerosos movimientos e instituciones culturales y literarias de Hispanoamérica. Ex Vicerrector de la Universidad Abierta de México y Director del Instituto de Investigaciones sobre la Imagen de la misma universidad. Rector fundador de la Universidad de la Filosofía.


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Cultura organizada para hacernos adictos a lo macabro

Como si fuese parte del paisaje aceptamos la existencia y la presencia (incluso en nuestras casas) de Narco-telenovelas, Narco-canciones, Narco-noticieros, Narco-bancos, Narco-pel√≠culas y Narco-arquitecturas‚Ķ en las que se condensan, con formas cada vez m√°s sofisticadas, todas las perversiones del ‚ÄúCrimen Organizado‚ÄĚ. Una de ellas es la forma de hacerse invisible poni√©ndose a la vista de todos. Las paradojas de la ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ rayan en la aberraci√≥n, imp√ļdica e impunemente, porque ha ganado terrenos insospechados y porque algunos gobiernos se lo han permitido complacientemente. La ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ se ha convertido, en no pocos lugares, en Narco-Estado. Y moviliza fortunas inmensas. Nadie piense que est√° a salvo (ni pa√≠ses ni personas), el ‚ÄúCrimen Organizado‚ÄĚ har√° visible todo el horror del capitalismo y lo har√° pasar por ‚Äúbonito‚ÄĚ, incluso, as√≠ sea a balazos y a ca√Īonazos de billetes d√≥lar.

Uno acepta por ‚Äúcultura‚ÄĚ aquello que fija paradigmas. Que se estancia, se a√Īeja y se naturaliza. Que, para bien o para mal, se hace familiar, cotidiano y parte de nuestras vidas. Nos guste o no. Uno acepta como ‚Äúcultural‚ÄĚ eso que, inserto en la dial√©ctica de lo que hacemos (y de lo que no hacemos), constituye rasgos de identidad para las ideas, para las conductas, para los anhelos y para los estados del √°nimo. Individual y colectivamente. Eso ha ocurrido con la ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ. Una ‚Äúcultura‚ÄĚ de la destrucci√≥n.

Tal ‚Äúnaturalizaci√≥n‚ÄĚ ha venido desliz√°ndose, cada vez m√°s h√°bilmente, en toda la estructura social y, con m√°s o menos √©xito y m√°s o menos presencia en medios de informaci√≥n, dibuja hoy un panorama complejo que, teniendo su historia vieja, se actualiza vertiginosamente con una base comercial muy din√°mica, con una capacidad de penetraci√≥n econ√≥mica voraz y con un saldo macabro de dimensiones realmente monstruosas.

En su expresi√≥n actual m√°s acabada, la ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ es una industria tributaria del ‚ÄúCrimen Organizado‚ÄĚ (tr√°fico de drogas, tr√°fico de armas, tr√°fico de personas y tr√°fico de √≥rganos) asociada con otras ‚Äúindustrias‚ÄĚ (como las del espect√°culo), que gana ‚Äúpopularidad‚ÄĚ y √©xito mercantil gracias a que tambi√©n trafica con antivalores burgueses de todo g√©nero: el individualismo machista, el poder f√°cil del dinero y la violencia, el sex-appeal del derroche y la opulencia del cinismo burgu√©s... que hacen un c√≥ctel de ilusionismo ideol√≥gico muy t√≥xico que hoy se expande en las redes de comunicaci√≥n televisiva, radiof√≥nica, digital y ciberespacial como jam√°s imaginaron los criminales de otras especialidades.

Ahora no pocos ‚Äúnarcos‚ÄĚ sue√Īan con ser protagonistas de haza√Īas √©picas pensadas para espect√°culo. Para eso cuentan con miles de mercenarios de la far√°ndula dispuestos a convertir la moneda criminal de uso en leyenda que circule en tribunales, c√°rceles, guetos y p√°ginas period√≠sticas sin distinci√≥n. Se trata de la degradaci√≥n salvaje del valor de la vida envuelta con dispendio y exhibicionismo. No es infrecuente que los narcos contraten a letristas capaces de idear historias y epopeyas enteras, telenovelas o libros de ‚Äúreportajes‚ÄĚ en su honor. Lo que otorga la jerarqu√≠a de ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ al descalabro financiado por el ‚ÄúCrimen Organizado‚ÄĚ es su potencialidad para ser imitados (alertas) no por la valent√≠a sino por la facilidad con que se pone a la mano de cualquiera un rev√≥lver y un buen fajo de d√≥lares como sin√≥nimo de ‚Äú√©xito‚ÄĚ.

Promueven la ilusi√≥n de que ‚Äúlos pobres‚ÄĚ tienen derecho a la ‚Äúbuena vida‚ÄĚ lograda gracias a las oportunidades delincuenciales del sistema. ‚ÄúLos pobres‚ÄĚ que bajo el capitalismo tienen cancelada toda posibilidad de vida con calidad, pueden alcanzar los placeres de cualquier burgu√©s acaudalado y admirado por sus pares, pistola en mano. La impunidad es el cobijo caro, car√≠simo, de todos los atropellos y perversiones delincuenciales y la ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ los convierte en prestigio y honores de secta. Nada menos. Caro Quintero, Joaqu√≠n Guzm√°n Loera el ‚ÄúChapo‚ÄĚ, Amado Carrillo Fuentes ‚Äúel Se√Īor de los Cielos‚ÄĚ, Pablo Escobar Gaviria‚Ķ y los que les siguen.

Con el neoliberalismo y el posmodernismo como tel√≥n de fondo, la ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ ha convertido a la historia reciente de Latinoam√©rica y el Caribe en un gran circo delincuencial con muchas pistas.

Far√°ndula del terror suministrada a diario como si fuese un objeto nuevo de la diversi√≥n cotidiana y un entretenimiento familiar. Se despliega ante nuestros ojos una manera ‚Äúespectacular‚ÄĚ de tratar los hechos m√°s aberrantes de la vida econ√≥mica, de la pol√≠tica y de la violencia desalmada. Tal ‚Äúentretenimiento‚ÄĚ incluye el repertorio m√°s procaz de la corrupci√≥n familiar, militar, gubernamental, empresarial y pol√≠tica tocadas por la mano del reino ‚Äúnarco‚ÄĚ; incluye a la DEA y sus siempre sospechosas incursiones en todo el continente; incluye los devaneos cocteleros de las relaciones y la justicia internacionales, e incluye el inventario de todo lo macabro tratado con los estereotipos m√°s sobados por el star system.

Esta ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ utiliza a los pueblos en una especie de ‚Äújuego de espejos‚ÄĚ donde no se sabe qu√© cr√≠menes son peores y no se sabe d√≥nde comienza, ni d√≥nde terminar√°, la tragedia aberrante y sangrienta que ha instalado formas del poder mafioso. Complementa este men√ļ cultural una dosis de erotismo y porciones generosas de s√≠mbolos religiosos, culto al familiarismo y fetiches del poder a granel. Las megamansiones coronan el fest√≠n simb√≥lico del culto al macho ‚Äúmillonario‚ÄĚ infestado con sirvientes arrodillados que no excluyen a esposas y amantes.

Es tonto contentarse con exhibir el cat√°logo completo de la met√°stasis hecha por la ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ y suponer que la sola denuncia garantiza el ascenso de la conciencia y la acci√≥n organizada de los pueblos.

Pero no deja de ser urgente contar con herramientas semi√≥ticas actualizadas capaces de radiografiar milim√©tricamente el da√Īo al tiempo de ofrecer m√©todos de lucha concretos y efectivos. Repudiemos el efecto de acostumbrarnos a ver, con la naturalidad m√°s conveniente, el reino del crimen organizado como parte del paisaje y como parte de un nuevo cat√°logo de h√©roes, hero√≠nas y leyendas burgueses.

Uno podr√≠a creer que basta y sobra con listar algunos ingredientes de la ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ para ponerse a salvo o para contribuir a denunciar el peligro del acostumbramiento y de la imitaci√≥n, que ni son lineales ni son imposibles. S√≥lo que, en este fen√≥meno, los dispositivos sem√°nticos m√°s peligrosos exigen instrumentales especializados para desactivar su capacidad de da√Īo social y es verdad, terrible tambi√©n, que no contamos con laboratorios de trabajo suficiente ni con equipos de expertos ni herramientas de difusi√≥n que hagan contrapeso a la ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ que se despliega en nuestras narices. Dicho sin iron√≠a.

La ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ es un problema enorme, problema desarrollado y sembrado por el sistema que lo dise√Īa, lo escribe, lo financia, lo distribuye y hace de √©l una ofensiva ideol√≥gica y un gran negocio que se paga, por colmo, con lo que los pueblos gastan cuando consumen la chatarra que nos publicitan vestida de alegr√≠a, fiesta, identidad, popularidad hasta el hartazgo. El problema es la ‚Äúbater√≠a‚ÄĚ completa de dispositivos ideol√≥gicos instalados estrat√©gicamente para que estallen en las cabezas de los destinatarios, que act√ļen como ‚Äúplaceres‚ÄĚ y nos vuelvan adictos a un modo del relato dominante dise√Īado para que nos traguemos todos los antivalores burgueses inventados hasta hoy como ‚Äúespect√°culo‚ÄĚ.

La ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ debe ser sometida al m√°s amplio espectro de sospechas e interrogatorios semi√≥ticos que podamos enderezar. Se trata de desactivar los campos minados mentales que se han sembrado como ‚Äúgusto‚ÄĚ, como ‚Äúvalores‚ÄĚ, como ‚Äúmiedos‚ÄĚ o como ‚Äúadoraciones‚Ä̂Ķ entre otros muchos, para conjurar el peligro de esta y todas las ofensivas ideol√≥gicas burguesas juntas. El paquete sem√°ntico inoculado no es responsabilidad del destinatario sino de quien lo elabora. La responsabilidad sobre el contenido ideol√≥gico de esta ofensiva debe ser evaluada, y en su caso sancionada, con las leyes no s√≥lo vigentes en cada pa√≠s donde opera sino con las leyes, reglamentos y c√≥digos propios de una nueva estrategia de defensa de los derechos humanos y sociales en todo el planeta.

Es hora de desarrollar, instrumentar y multiplicar tesis e hip√≥tesis cr√≠ticas y cient√≠ficas en torno al arsenal de la guerra ideol√≥gica burguesa. Crear los centros de investigaci√≥n y acci√≥n necesarios al servicio del pensamiento cr√≠tico y la acci√≥n transformadora en materia de comunicaci√≥n y de semi√≥tica emancipadora. Es un imperativo de la justicia social no quedar anestesiados por los mil trucos de los expertos en guerras psicol√≥gicas e ideol√≥gicas que anhelan narcotizarnos con su ‚ÄúCultura‚ÄĚ.

Semiótica de combate

Fabricar adicciones y adictos se vuelve negocio. Hace tiempo que el capitalismo encontr√≥ el business de las adicciones fabricadas incluso como Cultura. As√≠ hizo un negocio ingente con el alcoholismo, por ejemplo. Se ayud√≥ con ‚Äúseries‚ÄĚ de televisi√≥n y publicidad hasta la n√°usea convirti√©ndolas en escuelas ideol√≥gicas (falsa conciencia) y chatarra intelectual para las masas. Desde hace mucho que la burgues√≠a usa sus ‚Äúmedios‚ÄĚ para vender imp√ļdicamente todo g√©nero de aberraciones y para infiltrar valores (o antivalores) convertidos en mercanc√≠as del morbo, muy rentables y muy premiadas por ellos mismos.

La ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ es una de esas industrias ‚Äúexitosas‚ÄĚ, seg√ļn los par√°metros mercantiles de la industria y es una herramienta muy jugosa por la artiller√≠a ideol√≥gica masiva que descarga. Su √©xito deriva de una muy sofisticada cadena de producci√≥n que hace malabares con los miedos, con los estereotipos y con las monstruosidades del crimen organizado, ahora convertido en puntero del rating.

La ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ viene a contarnos, √≠ntimamente, lo que en verdad anhela la ideolog√≠a del capitalismo en su totalidad y nos lo cuenta de la manera en que a la burgues√≠a le encanta contar esas ‚Äúcosas‚ÄĚ que, principalmente, consiste en hacer negocio con los males inoculados en todas las ‚Äúperiferias‚ÄĚ sociales: en los ‚Äúinadaptados‚ÄĚ; los loosers; los inferiores y los ‚Äúlatinos‚ÄĚ. ‚ÄúPeriferias‚ÄĚ que son, a los ojos del ‚Äúbuen burgu√©s‚ÄĚ, nido de lacras que afean el paisaje con sus ‚Äúdisfunciones‚ÄĚ y con su primitivismo intelectual, sexual, alimentario y laboral. La escoria misma. La lucha de clases en su presentaci√≥n comercial como Cultura de Esclavitudes. Muy rentable.

La ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ es el arma de dos filos del capitalismo que, para los fines propagand√≠sticos de sus intereses de clase, aparece como quien sufre la maldici√≥n de tener que vigilar al mundo y combatir a todos esos b√°rbaros que arengan el men√ļ m√°s completo de las amenazas ‚Äúsocializantes‚ÄĚ. Combatir a todo lo que amenaza al ‚ÄúMundo Libre‚ÄĚ de las empresas y de la propiedad privada. Todo en un escenario cuidadosamente montado y condimentado con d√≥lares a mansalva. Galer√≠a con fetiches del simplismo y del manique√≠smo.

Era de esperarse que la burgues√≠a desarrollara una ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ cuya audacia es mostrar (y comerciar con eso), farandulizada, parte de las entra√Īas y la descomposici√≥n del capitalismo. Para√≠so de la degradaci√≥n, el envilecimiento, la decadencia y la corrupci√≥n. Radiograf√≠a de un sistema que expresa sus met√°stasis en la vida cotidiana y hace negocios con eso. ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ para vivir el momento de gloria que proporciona un buen bot√≠n (o varios) para consumir al m√°ximo con todos los excesos en la ‚Äúsociedad del bienestar‚ÄĚ burgu√©s y gozar del presente con una doble moral maleable como la religi√≥n y el culto al autoritarismo del machismo tradicional. El mismo que puebla todo el mundo. Tiene un lugar especial la posesi√≥n de las mujeres que en la ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ son seducidas con gestos duros y dicci√≥n monocorde, dinero a raudales y adoraci√≥n prostibularia hasta que la maternidad las saque del mercado o las saque el gatillo f√°cil de la conquista nueva. En la ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ el macho es un semidi√≥s criminal de tipo latifundista o terrateniente que gerencia oportunidades de triunfo a precio de vidas. Los hay diseminados en todo el mundo y no importa c√≥mo se camuflen. Dicen algunos datos que la industria del ‚Äúnarco‚ÄĚ mueve casi las mismas sumas planetarias que la industria b√©lica.

La ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ es un autorretrato c√≠nico del capitalismo que sabe producir m√°quinas de guerra ideol√≥gica con gran manufactura art√≠stica y tecnol√≥gica. Eso no le quita lo perverso. Aunque muestre ‚Äúdescarnadamente‚ÄĚ, ante sus c√°maras, los submundos del sistema en decadencia, eso no implica una cr√≠tica. Con la dosis descomunal de ambig√ľedades, la ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ est√° ah√≠ para hacer dif√≠cil saber si se trata de una apolog√≠a del delito o de una moraleja masificada para la resignaci√≥n. Impone un ‚Äúesp√≠ritu‚ÄĚ derrotado para que aceptemos que ‚Äúla cosa es as√≠‚ÄĚ, que ‚Äúla ley del m√°s fuerte‚ÄĚ es la que manda y que s√≥lo se llega a ser m√°s fuerte si se es m√°s servil, m√°s cruel y m√°s ambicioso. No disfrutaremos este pastel de carne humana como si fuese un logro est√©tico. No importa cu√°ntas moralejas nos inyecte la ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ, no importan los silogismos de la obediencia debida a la ‚Äúsupervivencia‚ÄĚ que nos imponen. Se trata de una guerra ideol√≥gica que, directa e indirectamente, nos se√Īala d√≥nde est√° el poder y d√≥nde est√° el dinero para estimular, a balazos, el tr√°fico de cualquier cosa que satisfaga la voracidad del capitalismo, el m√°s demencial comprador y consumidor de drogas, violencia y vidas humanas que la humanidad ha padecido. Y lo pasan por la tele, impunemente.

La ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ es ideolog√≠a de la ostentaci√≥n y del ‚Äútodo vale‚ÄĚ para lucirse poderoso. Dise√Īa joyas, armas, atuendos y santuarios con oro, con incrustaciones de esmeraldas u otras piedras costosas.

Chamarras, sacos y pijamas blindados e incluso protecciones para teléfonos celulares con marco de oro e incrustaciones con diamantes, relojes de marca retocados con todo el glamour del mal gusto convertido en exhibicionismo de prepotentes. Santería en platino y joyas para mujeres con un valor incalculable; autos y residencias y la felicidad del despilfarro. El valor supremo es la lealtad burguesa.

Jam√°s traiciones mis negocios. Eso incluye lealtad a la religi√≥n, a la familia y al nacionalismo fan√°tico del territorio en disputa. Todo por encima del Estado, la democracia o cualquier noci√≥n de institucionalidad que por s√≠ mismas son blanco fr√°gil que sucumbe a la corrupci√≥n de moda. Es un producto capitalista que sue√Īa con los m√°s dogm√°ticos principios del liberalismo econ√≥mico o del neoliberalismo a balazos.

No será fácil… ni rápido

Para derrotar a la met√°stasis din√°mica que la ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ desarrolla en todo el espectro social, de nada servir√°n s√≥lo los discursos ni las reformas de maquillaje. Ser√° necesario un plan de ra√≠z y con miras muy concretas sobre el corto, el mediano y el largo plazo. Ser√° necesaria una contraofensiva econ√≥mica y pol√≠tica que sustenten a una contraofensiva cultural emancipadora. Ser√° necesario tocar a fondo los negocios y los negociados del ‚ÄúCrimen Organizado‚ÄĚ. Sin modificar su base econ√≥mica ser√° irrisorio todo intento de desactivar sus dispositivos ideol√≥gicos. Ser√° necesario activar leyes con base social muy profunda y estrategias de regulaci√≥n aplicadas directamente desde las bases. Ser√° necesario un contingente de atenci√≥n m√©dica multidisciplinario capaz de dise√Īar un plan de desintoxicaci√≥n f√≠sica e intelectual. Ser√° necesario un corpus educativo en todos los niveles y un plan de comunicaci√≥n social que se despliegue ambiciosamente a ma√Īana, tarde y noche, con los mensajes pertinentes a una revoluci√≥n emancipadora anti- ‚ÄúCrimen Organizado‚ÄĚ. Ser√°n necesarios acuerdos internacionales multilaterales y ser√° necesaria una nueva diplomacia de los pueblos capaz de hacer valer los acuerdos y las tareas diarias que den cuenta pronta y medible de los avances en esta guerra que no s√≥lo debe ser por la supervivencia de los seres humanos sino por su dignificaci√≥n definitiva. Y est√° claro que bajo el capitalismo y sus Narco-negociados, eso no ser√° f√°cil.

Pero no es recomendable esperar a que las ‚Äúcondiciones objetivas‚ÄĚ est√©n dadas para decidir si actuamos contra las met√°stasis de la ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ. La urgencia es ya dram√°tica, los costos en vidas simplemente son equiparables a los de las guerras m√°s cruentas y los estragos ya avanzan, aceleradamente, hacia lo irremediable en no pocos casos. No hay manera probada de saber cu√°les son las cantidades anuales que maneja el ‚ÄúCrimen Organizado‚ÄĚ en millones de d√≥lares y, a pesar de algunas cifras aproximadas, no es sencillo calcular cu√°nto de ese dinero se infiltra en ‚Äúmedios de comunicaci√≥n‚ÄĚ para una guerra multifac√©tica que tiene campos de batalla, end√≥genos y ex√≥genos, con muy diverso tama√Īo y contingentes.

A pesar de no contar con herramientas de medici√≥n precisas, a pesar de todas las asimetr√≠as y los peligros, se trata de una batalla que no puede quedarse en el olvido ni en la impotencia. Es preciso ensayar caracterizaciones diversas y desarrollar tareas de base que, aun incipientes, incentiven el desarrollo de la conciencia pol√≠tica y nos motiven a intervenir, como podamos y con lo que tengamos, tras la meta de generar una movilizaci√≥n poderosa que no se encierre entre fronteras nacionales. Eso es ya un paso medular. Son necesarias las indagaciones semi√≥ticas para comprender y para combatir al arsenal simb√≥lico de las fuerzas de la ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ. Son necesarios los centros de investigaci√≥n cient√≠fica que aborden problemas psicol√≥gicos individuales y de masas. Son necesarias las tareas de inteligencia popular de base donde se sabe, mejor que nadie, d√≥nde, c√≥mo y cu√°nto afecta la ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ a hombres y mujeres de todas las edades. Son necesarias las estrategias comunicacionales y las estrategias de divulgaci√≥n popular que organicen frentes de barrio para resistir no s√≥lo a los embates territoriales sino, tambi√©n, a los embates medi√°ticos desde la televisi√≥n, la prensa, los libros, la radio, las pel√≠culas e Internet. Obturarle a la ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ todo dominio sobre el concepto de prestigio, sex appeal, poder y seducci√≥n. Nada f√°cil y nada r√°pido.

Todas las ‚Äúautoridades‚Ä̂Ķ todas, han sido superadas y, proporcionalmente, derrotadas desde los niveles internacionales hasta los municipales y barriales. Ante ‚Äúnuestras narices‚ÄĚ circula la ideolog√≠a perversa del ‚ÄúCrimen Organizado‚ÄĚ. Se pasea oronda y triunfalista, due√Īa de s√≠ y due√Īa del mundo. Sale en la ‚Äútele‚ÄĚ vestida con las mejores galas de la impunidad y la impudicia. Sale altanera y atemorizante. Sale prepotente e invencible. Se mete a las casas, a los estados de √°nimo y a los sue√Īos. Se vuelve aspiraci√≥n y se vuelve alternativa √ļnica para muchos que no ven caminos, que no tienen otro camino que el del ‚ÄúCrimen Organizado‚ÄĚ para salir del lodazal de miseria, explotaci√≥n y humillaci√≥n a que nos ha sometido el capitalismo. La ‚ÄúNarco-Cultura‚ÄĚ se mete en las vidas y erige sus reinos en ese lugar complejo, movedizo y peligroso, que es la ideolog√≠a de la clase dominante disfrazada de pensamiento genuino y de valores ‚Äúpopulares‚ÄĚ propios. Como los que se maman desde la infancia. El reino de las conductas alienadas. La batalla ser√° larga.

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