Recursos naturales, metabolismo social y desarrollo

Recursos naturales, metabolismo social y desarrollo

Por Walter Alberto Pengue

La cuesti√≥n ambiental es elemental para la supervivencia de la civilizaci√≥n. El orden econ√≥mico prima por encima del orden ecol√≥gico. Hoy en d√≠a no alcanza con contar con recursos naturales, si al mismo tiempo no se cuenta con conocimiento y vocaci√≥n pol√≠tica adecuada en el abordaje de la complejidad ambiental y social. Estamos quiz√° frente a la √ļltima oportunidad para la generaci√≥n de un cambio civilizatorio.

‚ÄúNo hay vientos favorables, para el que no sabe cu√°l es el rumbo‚Ķ‚ÄĚ.
Cartas a Lucilio, Séneca (4 a.C.-65 d.C.)

 
Universidad Nacional de General Sarmiento. GEPAMA FADU UBA. Panel de los Recursos, Naciones Unidas


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Para las economías mundiales, la mera posesión de recursos naturales no implica ciertamente un paso obligatorio hacia el desarrollo.
Entre la posesi√≥n importante de notables ventajas comparativas (tierra, agua, biodiversidad, territorios en √°reas templadas, accesibilidad), quienes tienen por otro lado ventajas competitivas (conocimiento, tecnolog√≠a, log√≠stica, poder), o aquellos pa√≠ses que cuentan con ambos (comparativas y competitivas), existe hoy en d√≠a una ambig√ľedad creciente en t√©rminos de las formas en que se usan los recursos naturales, su aprovechamiento m√°s o menos sustentable, la mejora de la calidad de vida de los habitantes y el desarrollo integral de sus sociedades.

Un abismo separa ciertamente a aquellas econom√≠as que poseedoras de ventajas comparativas notables (Estados Unidos, China, Rusia, Canad√°, Brasil, India o la Argentina) est√°n haciendo cada vez m√°s un aprovechamiento creciente de las necesarias ventajas competitivas en una integraci√≥n que les redundar√° en un beneficio propio frente a los grandes desaf√≠os que la sociedad humana tiene por delante y que no son las recurrentes crisis econ√≥micas sino el profundo cambio ambiental, clim√°tico y global en el que ya estamos inmersos. Sea que aprovechen recursos propios o bien accedan v√≠a mercados u otras instancias como el uso del poder o la fuerza a recursos que les son vitales, la mirada sobre la forma en que se utilizan o se accede a estos recursos est√° cambiando a√ļn m√°s, y est√°n comenzando a tener valor incluso aquellos recursos intangibles que otrora siquiera eran considerados en las estrategias globales de discusi√≥n.

La sociedad humana, en sus distintas escalas y econom√≠as, funciona como un ‚Äúcuerpo vivo‚ÄĚ. Nace, se reproduce, muere y se recicla. Identificando sus necesidades b√°sicas y aquellas superficiales, encontraremos tambi√©n un mejor uso de los recursos que necesita y una administraci√≥n integral y posiblemente m√°s sustentable de los mismos.
Los estudios vinculados al metabolismo social responden a un abordaje que desde disciplinas como la Economía Ecológica y la Ecología Industrial y de hecho la Ecología Política, cuando se discuten las cuestiones de apropiación o conflictos, se ha hecho para comprender justamente algo más, sobre los límites biofísicos y la alteración en los ciclos biogeoquímicos que se están produciendo de la mano de los intensivos cambios en las formas de apropiación de los recursos, el consumo y las distintas demandas.

Los estudios vinculados a las tasas metabólicas de las sociedades ayudan a dar pistas sobre mejores formas de utilización los recursos de base (suelo, tierras, minerales, metales, petróleo, biomasa, materiales) hoy enfrentados a una realidad: los claros límites físicos que tienen las sociedades no sólo en el acceso sino en la disponibilidad de tales recursos, si el mundo sigue solamente enfocado en su espiral de consumo y producción.

Conocer estos procesos, y en particular sus límites, contribuirá en las sociedades para lograr un camino más cercano a la sustentabilidad, comprendan dónde están sus limitaciones al crecimiento y desarrollo o alerten sobre instancias cruciales por venir.

Geofagia y desarrollo

A√Īos atr√°s, Jorge Morello acu√Ī√≥ el t√©rmino geofagia para referirse al irrefrenable aumento de la demanda de tierras por parte de ciudades como Buenos Aires, para su desprolijo e insensato desarrollo inmobiliario. Hoy en d√≠a, la geofagia es un proceso global que tiene a la demanda de tierras con distintos fines en su centro. Nos estamos comiendo el mundo.

Con el cambio ambiental global el uso del suelo se explica en su mayoría por la expansión de las áreas urbanas y la infraestructura a expensas de las tierras agrícolas y por la expansión de las tierras agrícolas a expensas de los pastizales, sabanas y bosques. Ambos factores aparentemente seguirán creciendo en el siglo que nos ocupa.

Desde el a√Īo 2008, la poblaci√≥n urbana supera a la rural y esta expansi√≥n parece irrefrenable. La segunda ola de urbanizaci√≥n, el cambio de h√°bitos global, la creciente demanda de bienes, productos y servicios aumentan su presi√≥n. Y esta presi√≥n es indiscutiblemente generada por la fuerza motora de la transformaci√≥n y tambi√©n de la innovaci√≥n que reside siempre en las ciudades. El hombre, particularmente el urbano, est√° cambiando de la mano de sus demandas de recursos a la naturaleza misma.

Las presunciones sobre esta expansi√≥n se explican por dos fen√≥menos igualmente impactantes para la estabilidad ambiental: 1) la expansi√≥n de las ciudades (actuales y futuras) se har√° sobre actuales tierras agr√≠colas y 2) la expansi√≥n de las ciudades presiona sobre los ambientes naturales, importantes para la regulaci√≥n ambiental y servicios ambientales imprescindibles. M√°s precisamente, la expansi√≥n en √°reas tropicales ocurrir√° directamente sobre espacios de selvas y bosques mientras que en las regiones templadas lo har√° sobre tierras agr√≠colas, generalmente de buena calidad, dado que los asentamientos iniciales se erigieron sobre estos espacios o cercanos a ellos (por ejemplo, las ciudades de Buenos Aires, San Pablo, Chicago o El Cairo ‚Äďen este √ļltimo caso, sumamente cr√≠tico, para cada hect√°rea de terreno disponible‚Äď).
Este proceso de geofagia avanza indefectiblemente sobre las mejores tierras agrícolas en general, que no son percibidas por el mercado inmobiliario o el Estado como relevantes áreas de conservación para garantizar la alimentación de las propias poblaciones que hoy día avanzan sobre ellas.

Pero, y especialmente vinculado al recurso suelo, no s√≥lo es importante considerar las tierras ocupadas por el propio desarrollo urban√≠stico, sino, y m√°s a√ļn, aquellas tierras que responden a la satisfacci√≥n de las necesidades de estas ciudades, donde su huella ecol√≥gica (HE) ‚Äďes decir, la cantidad de tierra, medida en hect√°reas necesarias para la satisfacci√≥n en bienes, energ√≠a y colocaci√≥n de los residuos que las actividades productivas y los ciudadanos generan‚Äď es por supuesto mucho mayor y en la mayor√≠a de los casos no es evaluada ni considerada.

Comiendo el mundo: el metabolismo social

Actualmente las ciudades consumen entre el 60 y el 80% de la energ√≠a global, unos 10 mil millones de Kwh o 3.500 Kwh/c√°pita/a√Īos o 2 mil millones de litros de combustibles f√≥siles (666 litros/c√°pita/a√Īo). Asimismo, consumen el 75% de los recursos del planeta. En t√©rminos ‚Äúf√≠sicos‚ÄĚ, las ciudades demandan unos 247 millones de Km3 de materiales por a√Īo, es decir, unos 82 Km3 per c√°pita por a√Īo y alrededor de 6 millones de toneladas de materiales de construcci√≥n, generando alrededor de 2,9 millones de toneladas de residuos s√≥lidos y unos 200 millones de kilolitros de efluentes, muchas de las cuales ya no encuentran espacios donde verterlos o transportarlos. Adem√°s, por su demanda conjunta de energ√≠a y materiales, son responsables del 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero (particularmente CO2), arrojando a la atm√≥sfera un promedio per c√°pita de alrededor de 7 toneladas por habitante en el a√Īo.

Definitivamente es la ciudad, como centro de la actividad humana, un nodo central de transformación de la civilización que conlleva a una demanda creciente de recursos, concentra servicios básicos y no básicos. La ciudad y la sociedad que de hecho esta contiene es un cuerpo vivo, es un cuerpo metabólico.

El término metabolismo es un concepto biológico que se refiere a los procesos internos de un organismo vivo. Los organismos mantienen un intercambio continuo de materias y energía con su medio ambiente que permiten su funcionamiento, crecimiento y reproducción y, por supuesto, su muerte.

La integración en este análisis es fundamental. El flujo de los recursos ha sido estudiado ampliamente, tanto por la economía como por la ecología, pero ambas desde sus enfoques disciplinares. Existe sin embargo un flujo de materiales y energía que pasa de la naturaleza a la sociedad y viceversa y que debe ser más comprendido y estudiado acabadamente en tanto una y otra se modifican de manera permanente.

Actualmente, en las sociedades industriales, el insumo energético per cápita suele ser más de 40 veces superior a las necesidades de energía biológica de los individuos.

As√≠ como las c√©lulas del c√°ncer metabolizan y demandan mucho m√°s az√ļcar que las c√©lulas sanas, la sociedad humana, al igual que una especie par√°sita, est√° sobrepasando los l√≠mites de la estabilidad planetaria, consumiendo los recursos m√°s valiosos y sus servicios ambientales. El planeta necesita tratamiento y comprensi√≥n de los efectos que la enfermedad del crecimiento desmedido tendr√° no s√≥lo para la especie humana, sino tambi√©n para todas las otras especies que aqu√≠ viven. Tambi√©n este cambio de percepci√≥n frente a los l√≠mites es una nueva oportunidad para la generaci√≥n de un cambio civilizatorio, si estos fueran comprendidos por el conjunto social global.

En varios sentidos ya hemos superado los l√≠mites ‚Äúsoportables‚ÄĚ del planeta. Cuando Johan Rockstr√∂m y otros 27 autores escribieron su ya famoso art√≠culo en la revista Nature sobre los l√≠mites del planeta y su capacidad, se dispar√≥ nuevamente, y con apoyatura de un an√°lisis a nivel global de lo que estaba sucediendo, un alerta mundial.

La tierra tiene fiebre. Aparentemente el per√≠odo de estabilidad clim√°tica y ambiental de los √ļltimos 10.000 a√Īos, conocido como Holoceno, que ha visto nacer y desarrollarse a la civilizaci√≥n humana, est√° enfrentando cambios importantes. Para estos autores, la humanidad enfrenta un cambio de nueve factores globales relevantes que ponen en riesgo, no su sistema econ√≥mico, sino claramente su existencia como civilizaci√≥n, la mayor√≠a de ellos resultado de actividades humanas recientes. Cambio clim√°tico, p√©rdida de la biodiversidad y alteraciones de los ciclos biogeoqu√≠micos como el nitr√≥geno y el f√≥sforo, est√°n entre ellos.

La vor√°gine de esta demanda creciente deriva de una hasta ahora irrefrenable sed por recursos emanada de un gran cambio en los estilos de consumo globales, sumado a nuevos procesos productivos y la entrada al sistema capitalista de una enorme masa de nuevos consumidores provenientes de los pa√≠ses emergentes y sus clases medias (China, India), pero tambi√©n de las econom√≠as posindustriales que no s√≥lo pretenden seguir creciendo sino perpetuar y hacer crecer a√ļn m√°s sus propias demandas.

El aumento en t√©rminos de las actividades de transformaci√≥n de la naturaleza por parte de la humanidad es incuestionable y encuentra al siglo XX como la centuria de mayor transformaci√≥n en la historia humana. Seg√ļn recientes datos del Panel de los Recursos de las Naciones Unidas (2012), mientras la poblaci√≥n global crec√≠a cuatro veces, las demandas de materiales y energ√≠a lo hac√≠an a guarismos superiores a las diez. El incremento del consumo de biomasa lo hac√≠a 3,5 veces, el de energ√≠a en doce veces, el de metales en 19 veces y el de materiales de construcci√≥n, sobre todo cemento, unas 34 veces.

A finales del siglo pasado la extracci√≥n de recursos naturales era de 48,5 mil millones de toneladas (m√°s de una tercera parte biomasa, 21% combustibles f√≥siles y 10% minerales), registr√°ndose un consumo global per c√°pita de 8,1 toneladas al a√Īo con diferencias per c√°pita de m√°s de un orden de magnitud.

Para el 2010 las estimaciones rondaban las 60 mil toneladas de materiales al a√Īo y unos 500 mil pentajoules de energ√≠a primaria.

El 10% de la poblaci√≥n mundial m√°s rica acaparaba entonces el 40% de la energ√≠a y el 27% de los materiales. Mientras el grueso de tal poblaci√≥n se ha concentrado en las √ļltimas d√©cadas en Estados Unidos, Europa Occidental y Jap√≥n, en contraparte, las regiones que principalmente han abastecido el mercado mundial de recursos naturales han sido Am√©rica latina, √Āfrica, Medio Oriente, Canad√° y Australia.

China, Corea del Sur, Malasia e India se colocan como importadores netos de recursos en los √ļltimos a√Īos, ello pese a que en algunos casos tienen una producci√≥n dom√©stica importante.

China y América latina están fortaleciendo sus relaciones comerciales, particularmente con el énfasis en los recursos naturales. La exportación de recursos naturales, eje que ha caracterizado a la región latinoamericana desde su descubrimiento y conquista, se ha perpetuado como el factor más relevante en las relaciones comerciales con los países desarrollados y actualmente con China.

La matriz exportadora, centrada en recursos naturales con escasa tecnologizaci√≥n (commodities), ha sido un ‚Äúmotor‚ÄĚ fundamental del crecimiento macroecon√≥mico latinoamericano. En las √ļltimas d√©cadas la intensificaci√≥n de esta tendencia ha significado la reducci√≥n del sector manufacturero en diversos pa√≠ses de la regi√≥n.

Adicionalmente, el uso intensivo de recursos naturales para la exportación ha generado sostenidos y crecientes impactos ambientales: pérdida de patrimonio natural; contaminación de aguas, suelos y aire; pérdida de biodiversidad; deterioro de la agricultura orientada al consumo interno; degradación de las economías y del rol de los actores económicos locales.

China, uno de los principales productores de manufacturas a nivel mundial, se est√° posicionando r√°pidamente como importante destino de las exportaciones de materias primas provenientes de Am√©rica latina. Simult√°neamente, Am√©rica latina est√° importando vol√ļmenes crecientes de productos chinos manufacturados y registra un alto ingreso de inversi√≥n extranjera directa proveniente de la Rep√ļblica China. Del total de exportaciones latinoamericanas hacia China, m√°s del 70% corresponde a recursos naturales (45,5%) y productos primarios o commodities (25,7%).

Huellas tangibles e intangibles

La huella ecol√≥gica de un ciudadano de Buenos Aires ser√° toda la superficie necesaria (en hect√°reas) que satisface sus necesidades y que por lo tanto ser√°n mucho mayores al espacio que ‚Äúese ciudadano ocupa‚ÄĚ en la ciudad. Si esa persona es de ingresos medios a altos, al final de su vida, habr√° consumido 7.600 litros de leche, se habr√° ba√Īado m√°s de 7.200 veces y consumido por tanto casi un mill√≥n de litros de agua, habr√° producido m√°s de 40 toneladas de basura y ayudado a voltear 24 √°rboles para abastecerle del papel utilizado en los libros que ha le√≠do y los peri√≥dicos que ha tirado.

Pero esta ‚Äúocupaci√≥n ambiental‚ÄĚ no es ni tan distribuida ni tan democr√°tica. Existen naciones, en particular los pa√≠ses desarrollados y aquellos importadores netos de recursos naturales (Estados Unidos, Europa, China, Jap√≥n), cuya poblaci√≥n y demandas crecientes ‚Äúocupan‚ÄĚ otros escenarios, otros territorios, de una manera demasiado sencilla.

Miremos por ejemplo el caso de la Argentina, que tiene una huella ecológica de 3,2 hectáreas, una capacidad de carga de 5,3 hectáreas y por lo tanto una disponibilidad de hectáreas para su población de 2,1 hectáreas por habitante. La Argentina, en relación con su territorio, estaría en una excelente situación. Pero por otro lado observemos qué sucede con naciones como Estados Unidos, China o Japón. Estos países en relación a su población y a las demandas de esta están en un déficit. La huella ecológica de Estados Unidos supera las 12 hectáreas, mientras que su disponibilidad de espacio vital es de 5 hectáreas, quedando por fuera 7 hectáreas. En el caso de China, con su población y crecimiento, su HE es de 1,8 hectáreas (más bajo que el promedio mundial), pero su déficit de tierras hace que tengan prácticamente una hectárea per cápita en contra. Los chinos son una población de más de 1.300 millones de personas.

Entonces ¬Ņqu√© es lo que sucede? La huella ecol√≥gica de las naciones ‚Äúmuestra‚ÄĚ el c√≥mo se est√° demandando espacio desde cada una de ellas.

Existe por cierto un uso del espacio vital de las naciones, permitido y aceptado a través de las reglas del comercio. Los ciudadanos más ricos de naciones pobres en recursos naturales acceden libremente a sus servicios y productos mientras que los ciudadanos pobres de naciones ricas en recursos naturales los ven pasar frente a sus narices. El orden económico prima por encima del orden ecológico.

Asimismo, el flujo de distintos materiales que hoy en d√≠a no est√°n siendo adecuadamente evaluados tambi√©n es una instancia de preocupaci√≥n. No basta con solamente calcular la huella h√≠drica (cantidad necesaria de agua para la producci√≥n de un bien), sino que es tanto o m√°s necesario comprender el flujo virtual de esta agua, que dedicado a la producci√≥n de biocombustibles (biodiesel o bioetanol) genera un uso desmedido de un recurso escaso y vital. Lo mismo, pa√≠ses como la Argentina, ricos en suelos (molisoles, alfisoles), contabilizados en millones de hect√°reas en la feracidad especialmente de sus pampas y su chaco, hoy exportan libre y gratuitamente la riqueza mineral de sus suelos, en los nutrientes contenidos en los granos de soja, ma√≠z, carnes, huevos, leches o maderas. El suelo virtual, un intangible muy pobremente considerado hasta ahora, enriquece los est√≥magos de otros pa√≠ses pobres en estos recursos vitales. El enorme flujo de nutrientes que comienza en estos espacios globales responde a un Metabolismo de Base de Recursos que debe comenzar a ser contabilizado y especialmente tenido en cuenta por la sociedad y los decisores de pol√≠ticas p√ļblicas.

Comentarios finales

La Argentina ocupa un rol fundamental en el concierto global en cuanto a recursos naturales se refiere. Est√° en el 8¬ļ puesto mundial por superficie, es el segundo pa√≠s m√°s grande de Am√©rica latina, el m√°s rico en tierras de calidad de la regi√≥n y uno de los ‚Äúocho grandes‚ÄĚ en tierras negras ricas en nutrientes (molisoles), ocupa el puesto 17 en disponibilidad de agua dulce del mundo, se encuentra en un espacio global beneficiado por temperaturas moderadas sin limitantes extremas (calor o fr√≠o), que le permiten producciones pr√°cticamente sin restricciones; pero por otro lado, cuenta con una densidad poblacional sumamente baja, de poco menos que 15 habitantes por km2 y concentrados en pocas grandes ciudades (Buenos Aires, C√≥rdoba, Rosario y otras). Es un gran territorio vac√≠o. Y en geopol√≠tica o en la nueva ‚Äúbiopol√≠tica de los territorios‚ÄĚ esto es un riesgo importante.

A diferencia de otras sociedades comparables con recursos naturales, densidad poblacional y superficies similares como el Canad√° o en una proyecci√≥n relativa parecida, Nueva Zelanda, la Argentina no ha hecho hasta ahora un aprovechamiento y especialmente una distribuci√≥n equilibrada de las bondades de sus recursos entre sus habitantes. A√ļn sigue alejada de algunos √≠ndices de desarrollo humano b√°sico que deber√≠a haber alcanzado en virtud de sus posesiones naturales hace a√Īos.

Hoy en día no es para nada suficiente contar con recursos naturales, si al mismo tiempo no se cuenta con conocimiento por un lado y formación y vocación política adecuada en el abordaje de la complejidad ambiental y social tanto global como regional y especialmente nacional por el otro. El país lamentablemente no ha buscado ni orientado la vocación de políticos y decisores de políticas que contengan una mirada estratégica de corto, mediano y largo plazo en beneficio de su sociedad, la sustentabilidad en el uso de sus recursos y la mejora de la calidad de vida de sus habitantes, urbanos y rurales. Lo ambiental sigue siendo la prenda lastimera del político menos bendecido por el poder.
No obstante, la visi√≥n y la pol√≠tica del crecimiento a ultranza por encima de los l√≠mites f√≠sicos de la naturaleza es un riesgo que no deber√≠a permitirse a los decisores de pol√≠ticas p√ļblicas actuales, en tanto ellos mismos est√°n poniendo en riesgo a la actual generaci√≥n, a las generaciones futuras y a las otras especies.

Las tasas actuales de cat√°strofes naturales y antr√≥picas deber√≠an hacer reflexionar a los decisores de pol√≠ticas acerca de que el ambiente no es una cuesti√≥n de ni√Īos formados para el reciclaje o de buenas ideas de un municipio eficiente en el uso de sus residuos, la mejora en el uso del agua o las huertas org√°nicas. Esto ya es una condici√≥n obligatoria. La cuesti√≥n ambiental es, de por s√≠, una cuesti√≥n elemental a la supervivencia de la civilizaci√≥n y no al rev√©s.

Lo ambiental y el uso sostenible de los recursos naturales claramente involucra a la economía, la sociedad, la calidad de vida, la justicia y la equidad y ciertamente a los sistemas democráticos. No basta con decretar el día mundial de la felicidad, promovido por un reino, sino en promover la equidad y gobernanza nacional, regional y global de la mano de la justicia ambiental, que pocos poderes reconocen.

Por supuesto que la sociedad global deberá comprender y asimilar la idea de límites. Vivir más, con menos y mejor distribuidos los recursos, puede llegar a ser una consigna que quiebre con el paradigma consumista actual y que igualmente no garantiza la felicidad plena de la sociedad. No es cuestión de tener más aires acondicionados en la casa, sino de saber abrir las ventanas…
Las oportunidades están a la vista. Los riesgos también. La sociedades, sus gobiernos especialmente y el estilo de consumo y modelo civilizatorio que promuevan, serán los que elijan uno u otro camino.

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