Migración y derechos políticos transnacionales: nuevos desafíos vistos a la luz de la experiencia migratoria de chilenos residentes en la Argentina

Migración y derechos políticos transnacionales: nuevos desafíos vistos a la luz de la experiencia migratoria de chilenos residentes en la Argentina

Por Gimena Perret

La población migrante pugna por recrear y mantener los vínculos con el país de origen. Un elemento central para esto es la conquista del derecho al ejercicio de una ciudadanía política plena, independientemente del lugar de residencia. La clave es poder pensar a los sujetos migrantes en tanto sujetos políticos.
 
Doctora (c) en Ciencias Antropológicas (UBA). Docente de Antropología en el Ciclo Básico Común (UBA) y en la Universidad Nacional de General Sarmiento


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Chile era uno de los países con un largo ejercicio democrático hasta que llegó la noche oscura. Los chilenos queremos votar y parece que en nuestro país no nos entienden. ¿Y por qué nosotros insistimos en esto del derecho a votar? Porque queremos participar sobre nuestro país. Y nos dicen “pero si ustedes se fueron, ¿cuál es el problema?”. A lo mejor se piensan que uno se va y tiene una amnesia inmediata y empieza a vivir la realidad de otro país.
Magaly Millán, presidenta de la Federación de Asociaciones Chilenas en Argentina, en el III Foro de Migraciones y Derechos Ciudadanos, Paraguay, 2010.

Esta frase de una dirigente social chilena, integrante desde hace más de diez años de la Federación de Asociaciones Chilenas en Argentina (FEDACh), nos invita a reflexionar acerca de la experiencia migratoria en cuanto a los vínculos que los migrantes pugnan por recrear y mantener con el país de origen.

Desde hace varios años y a partir de mi participación en distintos proyectos de investigación en los que se intentaba analizar el fenómeno migratorio desde una perspectiva antropológica, política y social, comencé a vincularme con distintas organizaciones de chilenos residentes en la Argentina, en especial, con asociaciones de residentes de la ciudad de La Plata, Mar del Plata y Bahía Blanca, de algunas localidades del conurbano bonaerense como San Martín y Monte Grande, y de la ciudad de Buenos Aires.

En diversos encuentros y entrevistas que mantuve con muchos de sus integrantes, pude identificar una preocupación central que atravesaba gran parte de sus discusiones, reflexiones y actividades comunes: el derecho al ejercicio de una ciudadanía política plena, independientemente del lugar de residencia.

El derecho a la doble nacionalidad (no perder la nacionalidad chilena si se adopta la ciudadanía del país de destino), al voto en el exterior (la posibilidad de sufragar en las elecciones nacionales de su país sin necesidad de viajar a Chile para hacerlo), como a elegir y ser elegido en las instancias municipales y provinciales de la comunidad política de residencia, han estructurado por lo menos desde mediados de la década de los ’90 gran parte de las demandas por derechos de ciudadanía por los que los chilenos en nuestro país se organizan.

En este sentido, destacamos una característica central del movimiento asociativo chileno, no sólo de la Argentina, sino de otras partes del mundo como México, Canadá, Estados Unidos, España, Francia, Suecia o Australia: la actividad política de muchas de sus organizaciones no sólo se dirige a desafiar los límites que le impone la estructura social y jurídica de la sociedad de destino, sino que trasciende los límites de las fronteras nacionales al negociar con sectores de la comunidad política chilena. Al respecto, he podido constatar, especialmente a partir de la gestión del ex presidente chileno Ricardo Lagos (2000-2005), la creciente participación de organizaciones de chilenos en el exterior, tanto en la definición y discusión de las políticas migratorias de vinculación, como del sentido y la imagen que desde las instituciones estatales se intenta construir acerca del emigrante. Participación que, a mi entender, puso en entredicho y cuestionó que la definición de la “agenda” en materia migratoria respondiera únicamente a decisiones unilaterales de determinado actor político.

El interés por participar e influir en la vida política del país de origen resulta un aspecto novedoso de la migración contemporánea, no tanto por el hecho mismo de dicho interés ni por la posibilidad, por ejemplo, del voto en el exterior (muchos países europeos son ejemplo de ello), sino porque comienza a ser un fenómeno que se manifiesta a nivel de la migración internacional latinoamericana, en especial a partir de los procesos de transición y consolidación democrática luego de largos períodos de regímenes políticos autoritarios que alteraron significativamente los patrones migratorios de la región.

En este sentido, no es casual que el derecho a voto en el exterior se encuentre en el centro de los debates y reivindicaciones de muchos colectivos de migrantes, no sólo chilenos, sino también uruguayos, paraguayos, bolivianos y mexicanos, por mencionar algunos. Parte de su protagonismo se puede entender en la medida que en nuestras democracias representativas resulta uno de los instrumentos básicos para refrendar la membresía política y el sentimiento de pertenencia de los ciudadanos con su país de origen. De este modo, el ejercicio de la ciudadanía política a través del voto no sólo representa para los migrantes otra forma de permanecer y de influir a pesar de la distancia, sino también una suerte de resarcimiento por parte del Estado ante el hecho de haberse visto obligados a partir. En muchos casos, desde los propios sujetos migrantes la lucha por el derecho a voto desde el exterior es justificada, por ejemplo, a partir de la participación económica por remesas (como puede observarse en el caso de la migración paraguaya, boliviana o mexicana), como también a partir de los procesos socio-políticos que motivaron el desplazamiento hacia otros países, como sucede con los exilios políticos (el caso de los migrantes chilenos, uruguayos y paraguayos es un ejemplo de ello).

Derechos políticos transnacionales: algunos desafíos para su análisis

Teniendo en cuenta lo planteado hasta aquí, abordar el estudio de las migraciones internacionales no resulta una tarea sencilla, en gran medida debido a las múltiples dimensiones (sociales, culturales, económicas, políticas, etc.) que el fenómeno supone. Por ello, analizar los procesos de construcción política de los migrantes chilenos en la Argentina, sus formas de organización, luchas, alianzas, negociaciones y disputas por derechos de ciudadanía, supone a mi juicio asumir el desafío de comprender las múltiples aristas del tema teniendo en cuenta algunas de las siguientes cuestiones.

En primer lugar, explorar las prácticas que los migrantes despliegan no sólo en los países de destino, sino en cuanto a las relaciones (familiares, culturales, económicas, políticas, etc.) que siguen manteniendo con el lugar de origen. Es decir, mostrar que la migración raramente representa una ruptura decisiva con las comunidades de origen y que, muy por el contrario a lo que el denominado “nacionalismo metodológico” suponía, los migrantes mantienen relaciones continuas, complejas y fructíferas con sus lugares y ámbitos de origen. Adoptar una mirada transnacional del fenómeno migratorio nos permite alejarnos del supuesto de que la migración de una comunidad a otra lleva inexorablemente a una ruptura con los orígenes comunitarios de los migrantes.

En segundo lugar, complejizar la concepción tradicional de la ciudadanía a partir del estudio de la lucha por derechos políticos transnacionales. El derecho a voto en el exterior o a la no pérdida de la nacionalidad (doble nacionalidad) no sólo pone en juego el núcleo central de la ciudadanía, sino que, al hacerlo, cuestiona el orden instituido, entre otras cosas, porque este tipo de reivindicaciones por derechos de ciudadanía pone en evidencia que los migrantes asumen múltiples pertenencias y lealtades nacionales.

De este modo, los que trabajamos e investigamos la temática migratoria podemos estar en condiciones de elaborar argumentaciones que nos permitan contrarrestar los dichos y discursos tanto del sector público y político como el de los medios de comunicación, que tienden a considerar a las comunidades en el exterior como un grupo homogéneo. Esto, por lo demás, no es fortuito; en el caso chileno o mexicano, por ejemplo, se tiende a magnificar su potencial político con el objetivo de consolidar la idea de que aquellos que no viven en el país terminarían decidiendo el destino político del mismo. Como también, que los connacionales en el exterior tienen un mismo signo u orientación político-ideológica (en general se los piensa de “izquierda”), por lo que en una elección muy reñida, en caso de segunda vuelta electoral, el voto de los que están afuera torcería la aguja hacia el candidato de centroizquierda. Muchos trabajos de investigación actuales, realizados desde una perspectiva de tipo cualitativa y/o etnográfica, están permitiendo romper con la tendencia que homogeneiza a los distintos colectivos de migrantes, que los victimiza y que los hace responsables y/o culpabiliza (muy propio del discurso liberal) de su decisión de dejar el país.

Por último, dar cuenta y problematizar las recientes –de los últimos diez años– políticas migratorias de vinculación que muchos países latinoamericanos han comenzado a diseñar e implementar como un modo de (re)establecer el vínculo político y social (y también afectivo) con sus connacionales residentes en el exterior. Planteamos su importancia principalmente por dos motivos: a) porque nos permite reflexionar acerca de los cambios por los que está atravesando el sentido tradicional del emigrante que ya no sería concebido sólo como “pérdida” para el país, sino como posible “ganancia” en la medida en que pueda aportar (a través de específicas políticas que se diseñen a tal fin) al desarrollo socioeconómico y cultural del país, y b) porque nos obliga, de alguna manera, a reconocer la importancia que tiene el Estado como un actor fundamental tanto para alentar como para obstaculizar procesos de organización en torno a demandas por derechos políticos de los migrantes.

A modo de reflexión final

Sabemos que la historia de la ciudadanía es una historia de luchas por la expansión y profundización de derechos y por la resistencia a la pérdida de los mismos. A eso están abocados desde hace décadas diversos colectivos de migrantes en distintas partes del mundo, que luchan por conquistar mayores grados de autonomía y control sobre sus vidas en relación con la jerarquía y opresión política.

Por ello, reflexionar acerca de las pugnas por una ciudadanía plena, las formas de organización política, las estrategias, los imaginarios y discursos, nos posibilita indagar en las nuevas y múltiples reconfiguraciones de los sujetos migrantes en tanto sujetos políticos y en la conformación de nuevos campos sociales de disputa en los que se articulan las formas del poder local/nacional/regional/trasnacional, las organizaciones de migrantes y las políticas migratorias de vinculación que intentan implementar los Estados-nación latinoamericanos.

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Artículos de este número

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La política migratoria argentina, a contrapelo de la tendencia mundial
Roberto Benencia
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