Matriz energética nacional y su vinculación con la región

Matriz energética nacional y su vinculación con la región

Por Consejo Asesor de Estrategia Energética. Secretaría de Energía de la Nación.

La integración energética regional es una prioridad para los países de la Unasur. A partir de ella se podrá alcanzar la independencia política y económica tan anhelada y encaminar nuestras sociedades hacia un desarrollo sustentable y sostenible, con equidad social, y mejoramiento de la calidad de vida de las poblaciones.
 



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Se puede asegurar que la matriz energética argentina presenta como rasgo estructural una alta concentración en los hidrocarburos en sus fuentes de energía primaria. Si se observa el último Balance Energético Nacional (año 2010) resulta evidenciada esta afirmación, ya que el 87,2% de la oferta total de energía primaria proviene de los combustibles fósiles, correspondiendo un 51,3% al gas natural, un 34,7% al petróleo y el 1,3% al carbón mineral. Mientras que el 12,8% restante proviene de la energía hidráulica (4,6%), la energía nuclear (3,0%), leña y bagazo (2,1%), el aceite (2,5%) y otros recursos primarios (0,5%).

Esta característica de la matriz energética, como puede observarse en el gráfico Nº 2, se mantiene desde larga data. Ya en 1970 los hidrocarburos representaban el 89,6% del total, proporción que se mantuvo a lo largo del tiempo.

No obstante, en el interior del conjunto de los hidrocarburos, durante este período se produjeron cambios significativos, vinculados con la progresiva sustitución del petróleo por el gas natural. Así, en 1970, el 68,5% de la energía provenía del petróleo y el 21,2% del gas natural; en 1980 las proporciones pasaron a 58,5% y 29,9%, respectivamente; en 1990 a 47,9% y 38,9%, y actualmente oscilan alrededor de 35% y 51%, como se indicó previamente. Este proceso de sustitución fue producto de una política de fuertes incentivos que indujo una progresiva inclusión del gas natural, transformando a la Argentina en uno de los países en el mundo de mayor penetración de gas natural en su economía.

Otros cambios destacables se relacionan con la evolución de la energía hidráulica y la energía nuclear. En 1970, la hidráulica representaba apenas el 0,52% de las fuentes de energía y la nuclear registraba una participación nula. Con las grandes obras hidroeléctricas emprendidas entre los ’70 y ’80, como el Chocón, la represa binacional Salto Grande y la puesta en marcha de Yacyretá y el desarrollo simultáneamente del sector nuclear, el cual ponía en funcionamiento las centrales Atucha I y Embalse Río Tercero, actualmente, las proporciones antes mencionadas alcanzan el 4,6% y el 3,0%, respectivamente. Aunque su aporte a la oferta energética global tiene un carácter aún no tan preponderante, su participación, como se verá más adelante, cuando se analiza el sector eléctrico, adquiere otra relevancia.

Para ese mismo período, los combustibles de origen vegetal, como el bagazo y la leña, redujeron su participación del 4,29% en 1970 al 2,1% en el 2010.

A fin de encaminar el sector energético hacia un sendero de desarrollo sustentable y en procura de impulsar políticas tendientes a diversificar la matriz energética, en los últimos años se han sancionado una serie de leyes vinculadas al desarrollo de energías renovables. Por ejemplo, la ley 25.019 de promoción de energía solar y eólica, la ley 26.093 de promoción y uso sustentable de biocombustibles, la ley 26.123 de hidrógeno y la ley 26.190, que establece como objetivo a 2016 que las fuentes renovables tengan una participación del 8% en la generación eléctrica. Estas leyes mencionadas imponen una serie de objetivos, mecanismos de promoción y, fundamentalmente, reconocen que las energías renovables forman parte activa de la problemática energética del país y que deben ser objeto de impulso para diversificar la matriz.

Conjuntamente con el objetivo de diversificar la matriz, se han puesto en marcha proyectos con objetivos de equidad social, universalización del servicio y atender al mejoramiento de la calidad de vida, como el caso del PERMER (Proyecto de Energía Renovable en Mercados Rurales) a través del cual se está impulsando la implementación de minicentrales hidroeléctricas en el sentido de la corriente, turbinas eólicas, o solar en pequeñas comunidades así como la instalación de sistemas fotovoltaicos y/o eólicos individuales que persigue brindar al poblador rural, además del servicio eléctrico, la posibilidad de desarrollar pequeños emprendimientos productivos. La instalación de sistemas fotovoltaicos en escuelas rurales que no cuentan actualmente con electricidad apunta a contribuir al mejoramiento de la educación al brindar la posibilidad de que las mismas cuenten con un servicio de iluminación y comunicación.

Otro elemento esencial de la política energética resulta el uso eficiente de los recursos. En este sentido, la Secretaría de Energía lanzó el Programa Nacional de Uso Eficiente y Racional de la Energía Eléctrica –PRONUREE– a través del Decreto PEN 140/07 (reglamentado por la Resolución 7/2008), entendiendo a tal como la adecuación de los sistemas de producción, transporte, distribución, almacenamiento y consumo de energía, destinada a lograr el mayor desarrollo sostenible con los medios tecnológicos al alcance, minimizando el impacto sobre el ambiente, optimizando la conservación de la energía y la reducción de los costos. La eficiencia energética se debe concebir como de carácter permanente de mediano y largo plazo.

La potencia nominal instalada en generación eléctrica en el país totaliza 30.414 MW a junio de 2012, sin contar la potencia de los autogeneradores. La composición puede observarse en el gráfico Nº 3.

Por otro lado, la matriz eléctrica argentina para el año 2011 está representada en el gráfico Nº 4.

De acuerdo con lo informado por CAMMESA para el año 2011, el 60,7% de la generación eléctrica proviene de la generación térmica. Particularmente, el 42% corresponde al gas natural, el 16,7% a los combustibles líquidos y el 2% al carbón vegetal. Luego, se destaca la generación hidráulica que representa alrededor de un tercio de la matriz (32,5%) y la participación nuclear de 4,9%. El restante (2%) corresponde a la energía eléctrica importada.

Se debe tener presente que la composición de la oferta de electricidad se encuentra condicionada por una serie de factores, entre los cuales se destaca el crecimiento de la demanda, la cual está aumentando a tasas superiores a las históricas, producto entre otras cosas de las altas tasas de crecimiento económico registradas a partir del 2004.

Esta situación impulsó al Estado nacional a tomar una serie de iniciativas para asegurar el abastecimiento eléctrico que permita sostener en el tiempo el aumento de la actividad productiva. A partir de dicha situación fue necesario implementar un plan de contingencia que permitiera respaldar el incremento de la oferta de electricidad en el corto plazo (mayormente parque térmico). Paralelamente se puso en marcha la reactivación del plan nuclear, hidroeléctrico y renovable, resultados que se verán reflejados a mediano/largo plazo.

Es por ello que en la composición del parque generador por fuentes, la generación térmica presenta una mayor preponderancia con un 60% de la potencia instalada total del país. Esta situación es resultado de un proceso en el cual el grueso de las inversiones realizadas en el MEM corresponde a centrales de Ciclo Combinado.

La alta concentración del parque térmico sobre el total se ve intensificada en el caso del gas natural. Un alto porcentaje del parque térmico de generación eléctrica consume gas como combustible prioritario. Esta participación deviene en una desventaja ante la ocurrencia de bajas temperaturas, cuando aumenta notablemente la demanda de gas, y como el consumo residencial es no interrumpible, las máquinas pasan a quemar otro combustible alternativo con el incremento de costo y los problemas de logística consecuente.

Como se indicó, la participación del sector hidráulico es de gran relevancia y puede llegar a valores superiores en años de alta hidraulicidad. Además, existe un potencial aumento del aporte de este sector con nuevos proyectos, aunque por la inversión y las distintas etapas que deben completar pueden tardar en aportar a la matriz eléctrica nacional. Algunos de los proyectos son: Chichiuido I (Río Neuquén), Presidente Néstor Kirchner y Gobernador Jorge Cepernic (Río Santa Cruz), Los Blancos I y II (Río Tunuyán) y los proyectos binacionales Garabí y Panambí (Río Uruguay).

El reinicio de la construcción de la Central Nuclear de Atucha II ha reactivado la interrupción que sufrió el Plan Nuclear durante la década de los ’90. La finalización de esta central, la extensión de vida de la CN Embalse, sumadas a la planificación de otra central nuclear, resulta ampliamente positivo, no sólo por la contribución de energía eléctrica de base no contaminante, sino también por la importancia de formar cuadros profesionales y generar I&D en múltiples campos de la industria, la medicina y la ingeniería.

En el marco del GENREN (Programa de Generación Eléctrica a partir de Fuentes Renovables) se han firmado contratos para la instalación del orden de 900 MW de generación renovable en distintas partes del país (754 MW eólico, 110,4 biocombustibles, 10,6 MW PAH y 20 MW solar fotovoltaica). A este programa, que procura constituir un punto de partida en la intensificación del uso de fuentes renovables, se suman iniciativas provinciales como el caso del parque eólico Arauco en la provincia de La Rioja, el parque Diadema en la provincia de Chubut, el plan solar de la provincia de San Juan o los distintos proyectos con biomasa que se realizan en los ingenios tucumanos.

Más allá de estos avances, hoy claramente la disponibilidad de gas constituye la variable más relevante que afecta tanto la operatoria del sistema en lo que respecta a costos como a riesgos de abastecimiento. Es por ello que se han realizado estudios vinculados a potencialidad futura de los hidrocarburos de reservorios no convencionales. Los resultados preliminares que los mismos plantean, marcan la capacidad de transformar el panorama energético argentino en las próximas décadas.

La Argentina se encuentra a las puertas de una etapa que plantea el desafío de continuar profundizando la diversificación de la matriz energética, a través del aprovechamiento de sus recursos renovables, su elevado potencial hidroeléctrico, su extensa experiencia en la industria nuclear, mejorando en el marco de políticas de uso eficiente de energía el uso de estos potenciales y la posibilidad de explotar a gran escala sus yacimientos no convencionales de hidrocarburos. Sólo este camino apuntalará su crecimiento y contribuirá en modo sustancial al crecimiento y desarrollo sustentable y sostenible.

La matriz energética en los países de la Unasur

Como pudo apreciarse en el análisis de la matriz energética de la Argentina, esta es fuertemente dependiente de los hidrocarburos (petróleo, gas natural y carbón mineral).

Si se pretende establecer una comparación con las matrices energéticas de los once países restantes de la Unasur, podremos ver que no hay grandes diferencias y que en todos los casos la matriz energética de estos países también descansa fundamentalmente en el consumo de hidrocarburos.

Tomando en consideración un trabajo de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) sobre Balances Energético Suramericanos (volveremos posteriormente a este punto) podemos observar que en el año 2000 la matriz energética de la región en su conjunto dependía en un 79% de hidrocarburos. Para 2010, la proporción se mantuvo prácticamente invariable, reduciéndose a un 76% la participación de hidrocarburos.

Si tomamos a los países en forma individual, teniendo en cuenta datos del Statistical Review 2012 de British Petroleum (BP), también verificamos que las matrices energéticas de los países de Unasur se basan en el consumo de hidrocarburos.

El caso de la Argentina fue exhaustivamente analizado en el apartado anterior. Brasil es tal vez el país menos dependiente de hidrocarburos ya que es fuerte la penetración de la energía hidroeléctrica en su matriz; aun así, casi el 60% de su consumo en 2011 fue de petróleo, gas y carbón.

En Chile los porcentajes de consumo de hidrocarburos rondan el 83% (49% petróleo, 15% gas natural y 17% carbón mineral); en Colombia más de 62%; en Ecuador más de 82%; en Perú 75% y en Venezuela casi 73% siendo el 65% consumo de petróleo y derivados.

En resumen, toda la región de la Unasur presenta una realidad similar a la de la matriz energética de la Argentina.

La integración energética suramericana en el ámbito de la Unasur

La Unión de Naciones Suramericanas nació con un fuerte impulso del componente energético. En abril de 2007, los jefes de Estado de la Unasur se reunieron en Venezuela y se originó allí el Consejo Energético Suramericano (formado por los ministros de Energía de cada uno de los países) cuyas tareas son las de producir unos Lineamientos para la Estrategia Energética Suramericana, un Plan de Acción para llevar adelante dicha estrategia y un Tratado Energético Suramericano.

Los primeros dos documentos fueron elaborados y aprobados por los ministros de Energía y los presidentes y se está trabajando en la escritura del Tratado Energético Suramericano.

Estos documentos tienen la intención de facilitar la integración energética de los países de Unasur ya que la región en su totalidad presenta recursos energéticos para autoabastecerse e inclusive exportar los saldos a otras regiones del mundo.

Adicionalmente, debemos destacar la existencia de infraestructura de integración suficiente en la región, sean gasoductos (existen más de 13), líneas de extra alta tensión y emprendimientos binacionales como la centrales hidroeléctricas existentes en la Cuenca del Plata (Yacyretá, Itaipú, Salto Grande) y los proyectos de Garabí y Panambí y el de Corpus. Todo este potencial hidroeléctrico suma más de 20 GW instalados, todos ellos binacionales.

De todas maneras, se espera un intenso trabajo en torno al Tratado Energético Suramericano con el fin de compatibilizar los marcos regulatorios nacionales para que puedan servir a los propósitos de la integración. La integración energética regional es una prioridad para los países de la Unasur y por ello deben intensificarse los esfuerzos para la compatibilidad de la seguridad del suministro que deben tener los países de la región, garantizando el abastecimiento interno. Este es el gran desafío que nos espera, y desde la Argentina somos muy optimistas en poder conseguirlo.

El Balance Energético Suramericano

Entre las actividades del mencionado Plan de Acción se destaca el trabajo de tener un Balance Energético Suramericano consolidado para todos los países de la Unasur.

Se elaboró una primera etapa de este trabajo entre la Unasur y OLADE que consolidó los balances nacionales para el período 2006, 2007, 2008. La siguiente etapa que se está iniciando en estos meses es actualizar el trabajo para el período 2009, 2010 y, de ser posible, 2011.

Entre las conclusiones principales de este trabajo se puede extraer una muy similar con el análisis de las matrices energéticas que hicimos anteriormente.

Como vimos, muchos países dependen fuertemente de los hidrocarburos en su matriz energética pero no cuentan con esos recursos, por ejemplo Chile o Uruguay. Así, de persistir su perfil de consumo tendencial, estos países y algunos otros podrían experimentar dificultades en su abastecimiento energético futuro.

Para evitar esos inconvenientes se busca lograr una plena integración energética. De acuerdo con el trabajo de balances elaborado por OLADE, si consolidamos los doce balances energéticos de los países de la Unasur y tomamos a esos países como una unidad, encontraremos autoabastecimiento energético y existencias de saldos exportables; algo que no sucederá en muchos países si las políticas de integración no prosperan.

GRAFICO 6

Así, la región sudamericana tiene una característica única, que es no depender de otras regiones para su abastecimiento energético. La Unión Europea, a pesar de todos sus avances regulatorios, no dispone de recursos propios y depende fuertemente de Rusia o de los países del norte de África para lograr el abastecimiento energético.

Mientras que el objetivo de los europeos es reducir su dependencia energética extrarregional, el de la Unasur debe ser fortalecer sus vínculos internos para lograr la autosuficiencia energética que contribuya a conseguir la independencia política y económica esencial que todas las naciones de nuestra región anhelan.

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Integración Regional

Artículos de este número

Bernardo Kliksberg
Reconstruyendo el Estado en la Unasur
Dante Dovena
Unasur: única vía
Carlos Raimundi
América latina en busca de su autonomía
Ruy Carlos Pereira
El Mercosur y la Unasur en la actual coyuntura
Francisco Dos Reis
El rol de las mipymes en la transformación productiva regional
Hugo Andrade Joaquín Salzberg
La agenda de la inclusión social en la educación superior
Victorio Paulón
Fortalezas y debilidades de la Unasur
Alessandra Minnicelli / Mariana Galli Basualdo
El ambiente y los recursos naturales. Su sostenibilidad basada en la planificación estratégica, soberana y socialmente responsable
Gerardo Caetano
Uruguay y la perspectiva sudamericana
Sebastián Valdomir
El rol de los gobiernos locales en la profundización de la integración regional
Mariano Luna
La integración productiva en la Unasur
Consejo Asesor de Estrategia Energética. Secretaría de Energía de la Nación.
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Carlos de la Vega
Unasur y la defensa estratégica regional
Ing. Luis E. Lichowski
Logística, información y articulación al servicio de la producción y la integración
Miguel Gaya
El rol de los sistemas de garantías en la dinámica productiva regional
José Carlos Gustavo De Paula
Derechos y garantías ciudadanos en la Unasur
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Unión Sudamericana: Nadie puede solo

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