Los circuitos que nos conectan

Los circuitos que nos conectan

Por José Cabrera Paz

A partir de la convergencia de múltiples tecnologías y lenguajes, hoy en día vivimos conectados como nunca antes. Estas conexiones son el motor más fuerte de la construcción de la vida y de la cultura, al punto de que a partir de las mismas cada sujeto deja de ser espectador para convertirse en usuario. Rasgos de una tendencia que ya es irreversible.
 
Investigador y Consultor en Educación, Cultura y Tecnocognición. Psicólogo de la Universidad Nacional de Colombia. Especialista en Comunicación-Educación: Master y D.E.A. en Sociedad de la Información y el Conocimiento, Universitat Oberta de Catalunya. Doctorando en Comunicación, UNLP. Profesor e investigador U. Autónoma y U. Pedagógica Nacional, Colombia. www.neuroexplora.org


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La conexión es la lógica de lo humano

Vivimos en circuitos de conexión con los otros. La evolución humana nos hizo expertos en eso, en conectarnos con el otro. Estamos diseñados para el contacto, dependemos vitalmente de ello. En la vida humana todo quiere conectarse con todo, y viceversa. En lo más profundo de la especie el “código de la conexión” es el motor más fuerte de la construcción de la vida y de la cultura. La cultura es el mejor producto de nuestra capacidad de conectarnos. Necesitamos conectarnos para gestionar nuestras vidas: son conexiones emocionales, simbólicas y materiales que funcionan en todas las dimensiones que imaginemos posibles. La conexión es un movimiento que siempre ha estado en la vida humana, pero ahora, en el universo de las culturas digitales que convergen en múltiples tecnologías y lenguajes se ha vuelto una dinámica creciente, intensa, multitudinaria. Vivimos conectados como nunca antes.

Este movimiento de tender puentes, redes e interacciones entre personas, grupos y pueblos es una tendencia irreversible. En ello ha consistido nuestra evolución y nuestras culturas. El mundo es ahora una dinámica viva de redes de interdependencias locales y globales, de comunicación con el otro, de cooperación y contradicción, de conflicto y solidaridad, de bienestar y de riesgos. Ya sabemos con evidencias que el aleteo de una mariposa al otro lado del planeta trae o una tormenta de nieve o un aguacero torrencial en nuestra calle. Gracias al universo creciente de vínculos que tejemos, los virus humanos, animales e informáticos se esparcen en oleadas casi instantáneas y planetarias que nos descubren cuán conectados estamos, cuán fuertes o cuán vulnerables somos, pero sobre todo cuán imposible es establecer fronteras y prohibiciones de contacto entre grupos y pueblos.

El mundo hoy se define por una convergencia de relaciones diversas que se juntan con formas impredecibles y en diversos espacios. Vivir más es estar más conectado. Y la investigación muestra de varias formas cómo la felicidad está relacionada con las conexiones que tenemos con los otros. Y en ningún otro lugar se ve tan bien nuestra necesidad de conexión como en los medios tecnológicos. Los medios construyen relatos sobre nuestras vidas en red, y lo hacen de muchas formas: poniéndonos herramientas para comunicarnos al instante, todo el tiempo, en todo lugar. Nuestros dispositivos móviles son un equipaje de contactos que llevamos con nosotros, de otros que nos persiguen en cada segundo. Los otros, que en cada mensaje nos traen el placer de lo que más estimula al cerebro humano: otro ser humano.

Somos una especie narrativa

Somos seres ávidos de relatos, somos una especie narrativa. Lo narrativo que nos hace humanos, en un mundo que poblamos con historias que nos alimentan en múltiples pantallas y textos. Somos una historia y nos contamos en historias. Son nuestros relatos de quienes somos. Consumimos, producimos y nos alimentamos de ellos. La vida social puede ser entendida como un relato que se construye en múltiples espacios y lugares, y se comunica por diversos medios. Los medios contemporáneos establecen la lógica de la red y los soportes tecnológicos actúan en una familia conectada de múltiples pantallas. Los objetos de la comunicación se interrelacionan en un circuito en el que ocurren procesos tecnológicos y simbólicos que dan cuenta de relatos, significados y personas que se encuentran. Lo que somos y nos contamos, los relatos que construimos para representar lo que somos y deseamos, se encadenan y retroalimentan en los cada vez más múltiples e interconectados medios que usamos.

Nuestra comunicación es hoy es una experiencia de convergencia de medios. Todos se conectan con vasos comunicantes que repiten, ensanchan y renuevan. Pareciera que tuviésemos un único universo mediático poblado de historias. Ya no hay más un único medio. Todo medio es multimedio que cuenta nuestras historias. Los sistemas comunicativos que utilizamos para vincularnos, hoy están en profunda y creciente interrelación. Esto nos lleva a estar más vinculados e interconectados por los relatos que construimos y consumimos.

Y ese hábitat mediático, cómo ocurre, cómo son sus relatos, qué lógicas y formas tienen. La convergencia digital desde su dimensión comunicativa ocurre por virtud de una serie de comportamientos de los relatos que construimos en los medios digitales. Este es el foco de nuestro texto, la convergencia digital como un proceso comunicativo en el cual se construyen relatos cuya dinámica y comportamiento dan cuenta de las lógicas interconectadas con las que hoy operan el sistema de medios, las industrias audiovisuales y los usuarios.

Nuestros relatos tienen múltiples cuerpos tecnológicos

Son los relatos más que la tecnología que converge lo que dinamiza la cultura en red contemporánea. La convergencia se produce en buena medida por una necesidad de interacción narrativa de los usuarios. Desde luego, no hay un antes o un “primero que” entre convergencia comunicativa y soporte digital, sino una retroalimentación de dimensiones de un mismo proceso. Sin embargo, hay que destacar la importancia de la construcción y circulación de relatos en los medios como fuerza dinamizadora de la convergencia. Deseamos contarnos más relatos por más medios, o el mismo relato por diferentes medios. En cualquier rincón del circuito mediático se origina un relato que circula y se engancha a otros medios por la vía de un proceso del mercado, la publicidad, los intereses comerciales y los públicos, y desde allí se difunde y encadena en un circuito de representación y consumo. Cada vez más nuestros relatos se cuentan en diversos medios tecnológicos. Un videojuego, por ejemplo, se convierte en una película, en una camiseta, en un juego educativo, en un programa de televisión, en un libro de aventuras y en otra segunda película, una nueva camiseta, un nuevo juguete de navidad y así en una secesión sólo limitada por el rating o el mercado.

La convergencia mediática: entre tecnologías y usuarios

Cada espacio narrativo mediático puede estar relativamente delimitado por una estética, un soporte tecnológico y una forma de relación con el usuario. En el universo de la convergencia digital el cine, la televisión, la radio, los videojuegos, los periódicos, la industria editorial en su conjunto, funcionan como espacios productivos de significado social interconectados. Son tecnologías a la vez que medios de producción de contenidos y comunidades de usuarios. Pero sus fronteras, tanto en sus formas de construir contenidos, relacionarse con sus audiencias y utilizar soportes tecnológicos de distribución, se han ensanchado e intersectado con otros. La escritura ya no sólo habita en el texto lineal sino en el hipertexto, la imagen ahora es coproducida en sitios de video compartido, como YouTube y los usuarios, creadores ávidos de contactos, ahora usan por norma cotidiana mixturas de códigos visuales y escriturales, en el espacio favorito del planeta Tierra: las redes sociales.

En cada uno de los diferentes espacios mediáticos, con cada uno de los sistemas de códigos que en su interior se mueven, se construyen relatos. Estos se crean en cada espacio según sus reglas expresivas y sus soportes tecnológicos. En la dinámica de la convergencia, los relatos pueden circular entre espacios y existir de acuerdo con las reglas propias de cada uno de ellos. En el cambio de paradigma que significa la “cultura de la convergencia”, el contenido circula por diversos canales y medios asumiendo en ellos nuevas estéticas de representación.

Las apropiaciones de los usuarios

En cada espacio narrativo, con la mediación de un soporte tecnológico, los usuarios cumplen un rol y desarrollan una serie de operaciones comunicativas sobre los relatos mediáticos. La “tecnicidad” del medio y su materialidad brindan una serie de posibilidades de interacción con los relatos que en él se ponen en escena. Los medios masivos tradicionales han sido por lo general unidireccionales en la emisión de sus contenidos. Pero con la multiplicación de las funciones de los objetos comunicativos también se volvieron contenido multimedia, y por supuesto el sujeto también se volvió multimedia interactivo. De hecho, las categorías para identificar al sujeto de un determinado “sistema comunicativo” eran frecuentemente la de “audiencias”, “espectadores” o “receptores”. La categoría de “usuario” aparece hoy con las tecnologías informáticas para reconocer cuanto refleja el rol de un sujeto que “usa” y opera tecnologías y relatos.

La convergencia entre producción y consumo que se encuentra en el núcleo de la categoría de “usuario” es sutil y no siempre fácil de diferenciar. La materialidad tecno-expresiva de los medios digitales hoy también tiene unas fronteras inciertas y unas definiciones ambivalentes, pues un medio cualquiera ya no es tan delimitado como los que habíamos conocido en la investigación en comunicación y en los viejos objetos comunicativos. El medio ya no existe aislado, ni es tan claramente definido, sino que es un soporte convergente, “tentacular” y multiconectado. Con Internet, por ejemplo, podemos acaso responder claramente a la pregunta por dónde está el medio. ¿Es el computador? ¿Es la Red de computadores? ¿Son los códigos de comunicación? ¿O somos nosotros en el momento de conectarnos?

Tecnologías convergentes, tecnologías relacionales

La convergencia es un proceso que se puede evidenciar en las transformaciones, comportamientos y características de las narrativas contemporáneas. Un relato es una unidad de significados relativamente visible, con unas características que le confieren una identidad básica que le hacen pertenecer a un determinado espacio narrativo. Un relato es sin embargo también una entidad analítica, que aunque podamos delimitar con el fin de comprenderlo, puede cambiar según la definición y características que le otorguemos. Un relato puede ser un programa de televisión entendido como unidad, o puede ser un personaje de un argumento audiovisual, o una tendencia temática en un circuito comunicativo determinado. Así podemos tener como relato a un personaje, una historia o un género musical. Cada uno se puede convertir en una “unidad” de comprensión según se lo quiera delimitar. Por ello, al comprender un relato mediático, conviene analizar la red de significados con la cual se construye y los escenarios tecno-expresivos en los que circula. Barthes, el semiólogo que novelaba sus teorías, afirmaba: “Cuanto más plural es el texto, menos escrito está antes de que yo lo lea”. Y un relato es como un texto, abierto y plural, delimitable por el intérprete, pero no delimitado en la realidad. Así que, en esta lógica del análisis, un relato es, como decía Barthes, una “galaxia de significantes”, un universo de sentido al cual se puede acceder por múltiples caminos.

Cada medio y espacio tecno-expresivo, antes de la revolución digital, tenía audiencias separadas y fragmentadas. Hoy el usuario es hipermedial y converge en su consumo dentro de la sutil trama de interconexiones simbólicas de cada espacio narrativo de la tecnología y la comunicación digital. Al principio de la red y con el auge de internautas se solía preguntar qué se consumía más: televisión o Internet. La pregunta hoy es infundada, porque en el universo de la interreferencialidad mediática y la convergencia digital cada uno nos remite al otro, y se autocontienen en múltiples formatos. La Red, el universo de relaciones mediadas que somos, nos permite recuperar, manipular y “compartir” contenidos de televisión y en televisión encontramos relatos para luego navegar en Internet. La diferencia entre uno y otro medio, en sus fronteras tecnológicas y en las de sus audiencias se extingue.

La convergencia es comunicación, tecnología y cultura puestas en contacto. La convergencia comunicativa que hemos referido aquí, se expresa en un espacio mediático en red de relaciones humanas, y es cada vez más una lógica de la construcción de los relatos sociales. Con el proceso convergente no sólo ha habido intersecciones sorprendentes entre creadores y productores, sino que unos y otros rehacen cada día nuevos espacios y fronteras, en dinámicas de interacción mutua que apenas iniciamos a valorar en sus beneficios y tensiones.

La convergencia digital es algo más que interrelación de soportes digitales, es una invitación a la interrelación, al encuentro y la comunidad y por ello a la necesidad de ver cómo todo lo que se encuentra puede entrar en consenso y en conflicto, en suma o en resta. Sin duda, en medio de relatos y circuitos comunicativos que dan mayor presencia al usuario, al espectador o al consumidor, falta por ver hasta dónde ello promueve más diversidad de contenidos, creatividad, pluralidades, aprendizaje social y bienestar humano y planetario.

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Artículos de este número

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