Las relaciones entre la República Popular China y la Argentina bajo la lupa de los postulados del modelo de crecimiento con inclusión social

Las relaciones entre la República Popular China y la Argentina bajo la lupa de los postulados del modelo de crecimiento con inclusión social

Por Ariel M. Slipak

La creciente relación comercial con China profundiza el rol de la Argentina como exportador de productos primarios. Esto debe ser modificado de manera urgente para evitar caer en una primarización de la economía que impida el uso soberano de recursos estratégicos y limite la apropiación de la renta extraordinaria que los mismos generan.
 
Licenciado en Economía UBA. Docente CBC-UBA. Becario de Investigación Agencia con sede en UNGS. Doctorando en Ciencias Sociales (UNGS-IDES). Miembro de la Escuela de Economía Política de la UBA y del Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE)


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Durante la década de 1980 se producen importantes transformaciones en el funcionamiento global de la economía. Entre ellas se destaca la consolidación de empresas transnacionales (ET), grandes firmas que organizan etapas productivas diversas y dispersas geográficamente pero concebidas de manera sistémica. Los adelantos en las comunicaciones y transporte en conjunto con la creciente liberalización económica y reducción de aranceles les permiten a las grandes firmas líderes de las cadenas globales de valor (CGV) localizar distintas etapas acorde con las ventajas puntuales que se pueden encontrar en cada uno de los países. En este contexto, con el propósito de sacar provecho de las diferencias salariales entre los países del sudeste asiático y Occidente, las ET comienzan a migrar diferentes procesos productivos a la región mencionada.

Simultáneamente, en la República Popular China se inicia una serie de reformas económicas y políticas, permitiendo la propiedad privada de los medios de producción, liberalizando el comercio para algunas provincias del país y permitiendo el ingreso de inversión extranjera directa (IED). Desde aquel entonces, el país ha experimentado espectaculares tasas de crecimiento económico, consolidándose hacía mediados de la primera década del siglo XXI como una de las principales potencias económicas, políticas y militares del globo.

El nuevo rol geopolítico y económico que cumple China en la economía mundial tiene importantes implicancias económicas para los países de América latina, que deben ser tomadas en cuenta a la hora de discutir sobre las estrategias de inserción económica de la región y sobre el desarrollo.

En este trabajo describiremos algunos aspectos de las relaciones sino-argentinas en pos de plantear diferentes problemáticas vinculadas a la agenda de las políticas hacia el país oriental.

El discurso sobre el desarrollo en la Argentina contemporánea

El uso del concepto desarrollo comienza a popularizarse entre los economistas durante la segunda posguerra mundial con el nacimiento de la denominada “economía del desarrollo”. Estos académicos definían las características que hacen al desarrollo a partir de las diferencias de un grupo de países denominados subdesarrollados en relación a los desarrollados. Desde entonces, la noción de desarrollo es un concepto en disputa entre la ortodoxia neoclásica –que estilaba conmensurarla exclusivamente mediante las tasas de crecimiento del PBI– y diferentes corrientes progresistas de la heterodoxia –que bregaban por incorporar dimensiones vinculadas a las condiciones de salud, educación, vivienda, distribución del ingreso e índices de equidad de género y cuidado ambiental–.

El pensamiento económico dominante ha incorporado estos cuestionamientos y hecho propios. Al interior de la economía como disciplina se ha consensuado sobre la importancia de distinguir el crecimiento económico del desarrollo económico, pero siempre considerando el primer aspecto condición necesaria para lo segundo. De esta manera, se asume en el mainstream que el modelo de desarrollo de un país tiene que ver con una conjunción de factores, tales como: el patrón de crecimiento económico; el perfil de inserción en el comercio internacional; la tasa de incremento de la productividad; cuáles son los sectores económicos dinámicos de un país, entre otros. Por último, se acepta que todo ello redunde en crecientes capacidades materiales para la población y en una sociedad más justa y equitativa.

En cuanto a la conjunción de las dimensiones mencionadas en el párrafo anterior, el gobierno nacional se atribuye ser el impulsor de un denominado modelo de crecimiento con inclusión social, apuntando a obtener elevadas tasas de crecimiento económico y a una distribución del ingreso más equitativa. La clave para ello sería, en términos de Raúl Prebisch, ir transformando gradualmente la estructura económica reemplazando actividades de baja productividad por otras en las cuales resulte mayor; en otras palabras, la superación de la heterogeneidad estructural y una mayor diversidad productiva, apuntando a lo que Fajnzylber denominaría una búsqueda de competitividad genuina. El gobierno se manifiesta en repetidas ocasiones preocupado por participar en etapas de cadenas globales de valor (CGV), cuyo contenido tecnológico resulte cada vez mayor. Por otra parte, otro de los componentes retóricos del modelo consiste en la afirmación de una soberanía respecto de las potencias hegemónicas en lo político y económico, apuntando a una mayor integración con el resto de los países latinoamericanos. Por último, uno de los elementos que se consideran claves es la apropiación de gran parte de las rentas extraordinarias de las actividades primarias y su direccionamiento hacia otras de mayor contenido de valor agregado. En las secciones subsiguientes nos dedicaremos a evaluar si las relaciones que entabla la Argentina con China potencian o no los objetivos del denominado modelo de crecimiento con inclusión social.

Caracterización del crecimiento económico de la República Popular China

Con el fallecimiento de Mao Tse-Tung en 1976, el nuevo líder del PCCh, Deng Xiaoping, impulsa a partir de 1978 una serie de transformaciones económicas y políticas que entre otras cosas derivaron en un cambio drástico en el perfil productivo de este país. Desde entonces, China ha experimentado tasas de crecimiento económico promedio del 10% anual. Esto último ha redundado en que este país se consolide como el primer exportador de bienes del mundo, la segunda economía del globo, el principal acreedor de Estados Unidos y durante el 2010 el quinto país más relevante como emisor de IED.

Luego de unos años iniciales de industrialización basada en la conformación de joint-ventures entre el Estado y empresas transnacionales (ET), hacia inicios de la primera década del siglo XXI China logra reorientar su sector manufacturero y convertirse en un exportador de bienes con alto contenido tecnológico.

Grafico 1

Esta transformación de la estructura productiva, en combinación con crecientes demandas sociales por mejoras en la alimentación de la población, han llevado a que China incremente sus niveles de demanda de varios productos básicos provenientes de actividades primario-extractivas, entre las cuales encontramos minerales, hidrocarburos, oleaginosas y otros alimentos.

Grafico 2

La imposibilidad del abastecimiento en el mercado interno de recursos naturales y energéticos que le permitan a China sostener estas tasas de crecimiento económico ha traído como consecuencia que este país considere su aseguramiento como una política de Estado. Desde el comienzo del siglo XXI, China incrementa notablemente sus flujos comerciales con la gran mayoría de los países de América latina, convirtiéndose en el primero o segundo socio comercial de varios de ellos. Hacia el año 2008, su gobierno publica un informe denominado “Documento sobre la política de China hacia América latina y Caribe”. En este texto se hace explícita la intención del país de Oriente de incrementar sus intercambios económicos, políticos y culturales con la región en su conjunto. Allí se expresa que China tiene el propósito de potenciar sus relaciones con este continente sobre la base de las complementariedades de sus economías y se expone al mismo como un potencial proveedor de recursos naturales y energéticos.

Desde el año 2009 en adelante comienza un abrupto desembarco de IED china en toda la región, orientada fundamentalmente a actividades primario-extractivas como la extracción de petróleo, gas, minerales y el sector alimenticio. En un segundo lugar, recién aparecen actividades terciarias que sirven de apoyo a las primeras (destacándose el sector financiero, logística y obras de infraestructura). En cuanto a las escasas inversiones en el rubro de las manufacturas, se verifican casi exclusivamente “pases de manos” de compañías que ya poseían un importante posicionamiento de marca. Por otra parte, en general no se observa incorporación de maquinarias modernas o transferencia de conocimientos.

Las relaciones bilaterales entre China y la Argentina

Al igual que para la gran mayoría de los países de América latina, los intercambios comerciales entre la Argentina y la República Popular China se han incrementado notablemente, destacándose un aumento explosivo durante la última década.

Mientras China se consolida como el segundo destino de las exportaciones argentinas, nuestro país concentra exclusivamente un 0,4% de las exportaciones chinas, lo cual otorga un gran poder de negociación al país oriental. Por otra parte, mientras que las importaciones argentinas provenientes de China son altamente diversificadas y predominan bienes industriales basados en alto y medio contenido tecnológico, las exportaciones argentinas a su socio se encuentran altamente concentradas en tres productos y están constituidas por productos primarios y manufacturas basadas en recursos naturales.
En el cuadro siguiente podemos observar que durante el período 2002-2004 las exportaciones de porotos y aceite de soja representaban más del 68% de los productos destinados a China, mientras que para el período 2009-2011 los mismos pasan a ocupar más de un 75%. Cabe destacar que para cada una de las etapas, estos productos totalizaron un 5,3% y un 9,12% sobre las exportaciones totales del país, exponiendo entonces que el creciente vínculo con China se reorienta a estos productos.

Otro de los aspectos que podemos verificar a partir de los gráficos 3 y 4 es que la creciente relación comercial con China profundiza una inserción comercial de la Argentina como exportador de productos primarios o con reducida transformación, y como importador de bienes que poseen medio y alto contenido tecnológico.

Grafico 3

En cuanto al desembarco de inversiones chinas en la Argentina, sobresalen las adquisiciones de firmas abocadas a la actividad hidrocarburífera. En el año 2010, el Grupo Bridas (cuyas acciones son en un 50% de la China National Offshore Oil Company) adquirió el 40% de Pan American Energy. Esta última es la concesionaria de Cerro Dragón, el yacimiento de petróleo y gas más importante del país. Ese mismo año, la firma Sinopec también se hizo del 100% de las acciones de la filial estadounidense de Occidental Petrolum Corp., pasando así a controlar 23 concesiones para la explotación de petróleo y gas en las provincias de Mendoza, Santa Cruz y Chubut, totalizando más de 1.500 pozos en operación.

Uno de los intentos de ingreso de IED más polémicos resultaron las negociaciones entre las provincias de Río Negro y de Heilonggjiang durante 2010 y 2011, en tanto la primera le otorgaba a la Heilonggjiang Beidahuang State Farms Business Trade Group la concesión de 320.000 hectáreas para actividad sojera en el bajo, medio y alto valle de Río Negro. El acuerdo incluía la realización de obras de infraestructura en el Puerto de San Antonio que costearía esta firma, pero contrataría a operadores de China y les garantizaría el uso exclusivo de la mayor parte del área portuaria. Finalmente el proyecto se desestimó por una importante presión social. Si bien actualmente la nueva ley que limita la compra de tierras por parte de extranjeros impediría este tipo de proyectos, en otras investigaciones discutimos sobre la existencia de mecanismos alterativos a la IED como estrategia del aseguramiento del control de los recursos naturales. Diferentes provincias y empresas de la República Popular China han realizado acuerdos para hacerse cargo de inversiones de infraestructura para riego o financiamiento de proyectos de inversión a cambio de pagos en commodities. Destacamos el trato entre la provincia de Buenos Aires y la de Fujian, mediante el cual la segunda se hace cargo de la realización de obras de infraestructura, en tanto la primera se compromete a destinar 10.000 hectáreas para la siembra y cosecha de soja destinada a China. De esta manera, este último país se asegura el control del destino del uso de la tierra sin necesidad de su adquisición.

También se destacan adquisiciones en el sector financiero o el desembarco de firmas que se dedican meramente al ensamblaje de partes en áreas estratégicas de América del Sur, sacando provecho de elementos de competitividad espuria. Se menciona asimismo el desembolso de préstamos para infraestructura que ponen como condicionamiento que las obras deben ser realizadas por firmas provenientes de ese país. Todas las obras se vinculan con el desarrollo de redes que abaraten los costos de traslado de commodities.

Conclusiones

Si bien este trabajo es de carácter exploratorio, en estas breves líneas hemos expuesto que tanto desde la faceta comercial como desde el perfil de ingreso de IED china en la Argentina, el vínculo creciente con este país estaría reorientando el uso de la tierra, el trabajo y el capital hacia actividades primario extractivas. Esto último entra en contradicción con una política de promover sectores que incorporen mayor valor agregado y utilización de conocimientos. Por otra parte, el control por parte de empresas foráneas de recursos estratégicos resulta inconsistente con una retórica que enfatiza su uso soberano y hasta limita la apropiación –y direccionamiento– de la renta extraordinaria hacia la industria o para llevar adelante políticas redistributivas. Acorde con diferentes declaraciones de funcionarios gubernamentales, se considera estratégica la relación con China en base a las complementariedades de esta economía con la de la Argentina.

Un vínculo comercial basado en ventajas comparativas tradicionales resulta entonces sumamente contradictorio con un deseable combate activo a la primarización de la economía.

Si bien a la hora de entablar vínculos bilaterales entre nuestro país y la República Popular China observamos diferencias sumamente relevantes que van desde el tamaño de mercado, el peso relativo para cada país del otro como destino de exportaciones, la posibilidad de financiar proyectos de inversión de largo plazo y el acceso a tecnología y conocimiento, nuestro objetivo es que este trabajo aporte a la reflexión para repensar algunos elementos de las relaciones de nuestro país con la potencia oriental.

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Artículos de este número

Marta Bekerman
Prefacio La expansión de la economía china. Desafíos y oportunidades
Robert Boyer
Cómo explica la especificidad del capitalismo chino su posición en la economía
Mariano Turzi
Cambios y continuidades en la China de Xi Jinping
Jorge E. Malena
La protección del comercio marítimo por parte de China: ¿conflicto en el horizonte con la India?
Eduardo Daniel Oviedo
Agotamiento del modelo exportador, incertidumbre sobre el régimen político y derechos humanos en China
Gustavo Alejandro Girado
El cambio en el patrón manufacturero de China
Marcos Antonio Macedo Cintra y Eduardo Costa Pinto
La Internealización del RENMINBI: POSIBILIDADES Y LÍMITES
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China: el país de los senderos que se bifurcan
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China: nuevo “centro cíclico de demanda” y crecimiento dirigido por el Estado
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América latina y China en el siglo XXI: complementariedades y rivalidades
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Las relaciones entre la República Popular China y la Argentina bajo la lupa de los postulados del modelo de crecimiento con inclusión social
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