La problemática de las inundaciones urbanas: el caso de la cuenca Matanza-Riachuelo

La problemática de las inundaciones urbanas: el caso de la cuenca Matanza-Riachuelo

Por Dr. Juan Carlos Bertoni

La cuenca Matanza-Riachuelo se caracteriza por la degradación ambiental, la insuficiencia de infraestructura que garantice el suministro de agua y redes de alcantarillado, y las constantes inundaciones. A continuación, un detallado análisis de cómo afecta esto a los sectores más vulnerables.
 
Ingeniero en Recursos Hídricos. Coordinador Grupo Aguas Urbanas. Programa Hidrológico Internacional PHI/LAC. Profesor Titular. FCEFyN. Universidad Nacional de Córdoba, Argentina


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El incremento de la vulnerabilidad física, económica y sociocultural ante las inundaciones es una de las características de las grandes áreas urbanas y periurbanas de América latina. La región es, sin duda alguna, la más urbanizada del mundo en desarrollo. Desde mediados de los años ’90, ciudades como México DF, San Pablo, Bogotá, Lima, Río de Janeiro y Buenos Aires, todas con varios millones de habitantes, vienen llevando a cabo proyectos multimillonarios en materia de infraestructura básica para hacer frente a un legado de degradación ambiental y de insuficiencia de obras y medidas para mejorar y ampliar el suministro de agua y redes de alcantarillado existente, como también para el tratamiento de las inundaciones. Aun así, el enfoque con el cual tradicionalmente se abordan los problemas del drenaje pluvial urbano y la gestión de inundaciones en la región muestra aún gran retraso.

La Argentina, con un 90% de su población concentrada en centros urbanos (94% previsto para el 2015), es un buen ejemplo de la tendencia a la urbanización antedicha. Buenos Aires y su área metropolitana concentran aproximadamente 13 millones de habitantes, es decir, el 32% de la población del país, siendo responsable de más del 60% del PIB de la Argentina. Como en otras grandes ciudades, en este conglomerado urbano la infraestructura básica para el suministro de agua, saneamiento y drenaje urbano tuvo su gran impulso histórico hasta la mitad del siglo pasado, cuando la población era sensiblemente menor. Por su complejo panorama hidroambiental, socioeconómico y jurisdiccional se destaca dentro del conglomerado urbano de Buenos Aires la cuenca hidrográfica Matanza-Riachuelo.

Escenario de una importante concentración urbana e industrial, a lo largo de la historia la porción inferior de esta cuenca hidrográfica se ha transformado en una de las zonas ambiental y socialmente más degradadas del país. Para conformar un panorama caracterizado por severas deficiencias estructurales se han conjugado, entre otros factores, la inexistencia de planificación urbana, la insuficiencia de infraestructura básica (agua potable, saneamiento, drenaje pluvial urbano y residuos domiciliarios) y el descontrol de efluentes líquidos y sólidos y de las emanaciones de origen industrial.

No menos importantes han sido las falencias de manejo y gestión del agua que han tornado a la cuenca un reiterado escenario de inundaciones urbanas, implicando la pérdida de vidas humanas, cuantiosos daños sobre el patrimonio público y privado y serias consecuencias sociales.

Aspectos de la problemática de la cuenca Matanza-Riachuelo

Aspectos generales

La cuenca hidrográfica Matanza-Riachuelo cubre parte de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y otras 14 jurisdicciones, vertiendo sus aguas en el Río de la Plata, en la Boca del Riachuelo (Figura 1). Desde su nacimiento el río se denomina Matanza. A partir del Puente de la Noria (correspondiente a la Av. Gral. Paz, que delimita la CABA) y hasta su desembocadura adopta el nombre de Riachuelo. La superficie de la cuenca es de 2.238 km2 y equivale sólo al 0,1% del territorio de la Argentina. Sin embargo, la población radicada actualmente en ella –de más de 5 millones de habitantes– representa el 13,5% de la población total del país. La ocupación de su territorio se completa con la concentración de más de 13 mil industrias, mayormente localizadas en el sector inferior. El uso agrícola-ganadero de las tierras se observa en la cuenca alta, y en menor medida en la cuenca media.

Figura 1. (a) Delimitación de la cuenca Matanza-Riachuelo; (b) Jurisdicciones en la cuenca

Aspectos hídricos y ambientales de la cuenca

A lo largo del tiempo el tramo inferior del Matanza-Riachuelo sufrió una serie de modificaciones provocadas por el hombre. La más importante de ellas ha sido la canalización y ensanche de casi la totalidad del tramo del Riachuelo y del sector inferior del Matanza, realizada entre fines del siglo XIX y mediados del siglo XX. Estas obras dejaron de lado un importante conjunto de meandros naturales del río, los que progresivamente fueron ocupados por población de baja renta, constituyendo en muchos casos urbanizaciones espontáneas, sin planificación, altamente vulnerables a las inundaciones.

La situación de la cuenca, como en todo territorio densamente urbanizado, es de una gran complejidad hídrica. Dos son los factores que han monopolizado históricamente las preocupaciones y los debates: a) el recurrente problema de las inundaciones, y b) la contaminación y los volcamientos de diferentes efluentes orgánicos e inorgánicos. La problemática ambiental de la cuenca proviene de larga data y su solución ha devenido en numerosos intentos político-institucionales por parte de las autoridades de las distintas jurisdicciones intervinientes. La situación actual de la cuenca es el resultado de procesos sociales y económicos que respondieron a un desarrollo en el cual no se contemplaron adecuadamente las implicancias ambientales y sanitarias. Estos procesos tuvieron su inicio hacia fines de la época colonial en las porciones media e inferior de la cuenca. En efecto, a inicios del siglo XIX ya existían saladeros sobre las márgenes del Riachuelo. Esta localización se originaba en las viejas “Leyes de Indias” que ordenaban que los establecimientos contaminantes estuvieran localizados aguas abajo de las ciudades. Así se creó progresivamente una zona de concentración de actividades contaminantes.

A lo largo de la historia fueron sucediéndose diversos intentos de brindar respuesta al déficit de saneamiento que caracterizó a la cuenca. La situación fue tal que en 1887 dio lugar al primer fallo ambiental de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN), prohibiendo el vuelco de efluentes de los saladeros, medida derivada del pánico que había generado la epidemia de fiebre amarilla ocurrida en años anteriores. Desde entonces progresivamente se han ido registrando ordenanzas, convenios y decretos que han intentado encarar en forma aislada o conjunta acciones correctivas entre la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, el gobierno nacional y la provincia de Buenos Aires.

La Causa Mendoza y la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR)

En el año 2004 un grupo de vecinos presentó una acción judicial contra el Estado nacional, la provincia de Buenos Aires, la CABA, los 14 municipios que abarca la cuenca y 44 grandes empresas localizadas en el sector del Polo Petroquímico Dock Sud, reclamando daños y perjuicios sufridos como consecuencia de la contaminación de la cuenca. Asimismo solicitaron la recomposición del ambiente y una serie de medidas cautelares a fin de asegurar el objeto de la demanda. Así comenzó el juicio conocido como “Causa Mendoza”. En noviembre de 2006 el Congreso de la Nación sancionó la Ley Nacional 26.168 de creación de la Autoridad de Cuenca Matanza-Riachuelo (ACUMAR), ente interjurisdiccional de derecho público, al cual han adherido la provincia de Buenos Aires y la CABA.

En el año 2008 la CSJN dictó sentencia definitiva en la “Causa Mendoza”. Se trató de una sentencia colectiva que contiene una condena general, que recayó sobre la ACUMAR, el Estado nacional, la provincia de Buenos Aires y la CABA, “igualmente responsables en modo concurrente”, con vistas al cumplimiento de un programa “que debe perseguir tres objetivos simultáneos: 1) la mejora de la calidad de vida de los habitantes de la cuenca; 2) la recomposición del ambiente en la cuenca en todos sus componentes (agua, aire, y suelos) y 3) la prevención de daños con suficiente y razonable grado de predicción”. El Plan Integral de Saneamiento Ambiental (PISA) de la ACUMAR fue aprobado en 2007 y consiste en el conjunto de acciones destinadas a preservar y recomponer la cuenca. El Anexo II.5 de dicho documento se refiere a la Actualización del Plan Director Básico de Drenaje Pluvial de la Cuenca del Río Matanza-Riachuelo. Definido a nivel conceptual en el año 2010, siguiendo nuevos conceptos en la materia. Actualmente dicho Plan Director está siendo progresivamente desarrollado en el seno de la ACUMAR, contemplando las realidades y deficiencias de cada una de las subcuencas que componen la cuenca hidrográfica.

La problemática de las inundaciones en la cuenca

Los diferentes tipos de inundaciones

En la cuenca Matanza-Riachuelo ocurren cuatro tipos básicos de inundaciones, cada una de distinto origen. Aun cuando a veces parezcan similares, para su análisis es conveniente distinguirlas entre sí:

a) Inundaciones ribereñas (o fluviales), se producen, a su vez, ante dos situaciones diferentes:

* Por crecidas de los ríos que drenan la cuenca.
* Por sudestadas (efecto de represamiento del Riachuelo por elevación del nivel del Río de la Plata).

b) Inundaciones internas en las ciudades: también en este caso es preciso distinguir dos situaciones diferentes:

* Por efectos locales de lluvias intensas (inundaciones pluviales).
* Por efectos de ascenso de los niveles freáticos.

Un quinto caso resulta de la combinación de varios de los efectos mencionados anteriormente. En este caso el riesgo potencial está asociado a la combinación de efectos marítimos (mareas), meteorológicos (vientos, lluvias) y fluviales (crecidas) que pueden generar situaciones críticas debido a la vulnerabilidad creciente de las áreas urbanas, aun cuando tal vez a nivel individual no representen situaciones extremas.

Conceptos básicos en materia de drenaje e inundaciones

Antes de continuar con el análisis del panorama de las inundaciones en la cuenca Matanza-Riachuelo es preciso revisar algunos conceptos básicos.

En toda cuenca hidrográfica urbanizada se deben distinguir dos componentes básicos del sistema de escurrimiento superficial: el “macro” y el “micro” drenaje (Figura 2). El macro drenaje incluye todos los cursos de agua definidos por las depresiones topográficas naturales de la cuenca, aun siendo efímeros. Una característica fundamental del macro drenaje es que siempre existe, aun cuando no se ejecuten obras específicas. Ello es así ya que el agua siempre escurre por gravedad hacia las depresiones naturales. Por su parte, el micro drenaje abarca todas las obras de drenaje realizadas en áreas urbanas donde el escurrimiento natural suele no estar bien definido, siendo determinado por la ocupación del suelo. En otras palabras, constituye la definición artificial del sistema de drenaje. En un área urbana el subsistema de micro drenaje típicamente incluye al trazado de las calles, los sistemas de cordón-cuneta y/o alcantarillas, las bocas de tormentas y los sistemas de conducción subterránea hasta el macro drenaje.

Figura 2. Distinción entre el “macro” y “micro” drenaje de una cuenca

Otro concepto importante de destacar es aquel referido al tiempo de retorno o recurrencia del evento natural analizado (lluvia, crecida, etc.). Por ejemplo, el tiempo de retorno de una crecida es el número promedio de años dentro de los cuales se estima que una crecida similar o superior a la analizada podrá ocurrir. Así, un tiempo de retorno de 10 años significa que, en promedio, la crecida se puede repetir dentro de los próximos 10 años, o que en cada año dicha crecida posee el 10% de chances de ocurrir.

Las obras de macro drenaje se deben proyectar para que puedan eliminar o reducir los daños provocados por lluvias excepcionales, generalmente asociadas a recurrencias entre 10 y 100 años. Las obras de micro drenaje se proyectan para operar sin inconvenientes ante tormentas con períodos de retorno menores, entre 2 y 10 años, dependiendo del tipo de ocupación del sector.

A continuación se describen brevemente aspectos de los cuatro tipos de inundaciones antes citadas.

Inundaciones por crecidas de los ríos (fluviales, asociadas al macro drenaje)

Se producen por la urbanización indebida de las áreas naturalmente inundables aledañas a los cursos de agua. Para comprender mejor este tipo de inundaciones es preciso indicar que el cauce de un curso de agua está compuesto por el lecho “menor” y el lecho “mayor” (Figura 3). El cauce menor es aquel ocupado prácticamente de manera permanente por las aguas. Las crecidas que poseen recurrencia anual (u “ordinarias”) quedan contenidas totalmente dentro del lecho menor. En el caso del Matanza-Riachuelo el lecho “mayor” es el espacio conformado por el cauce menor de los ríos y las amplias planicies de inundación laterales. El cauce mayor es ocupado por las aguas con baja frecuencia, hecho que generalmente anima a la ocupación de dichas tierras. Sin embargo, las crecidas excepcionales requieren de ese espacio para poder escurrir. En la cuenca existen numerosos sectores aledaños a los ríos que han sido urbanizados, dejando sin espacio al agua. Casos particularmente críticos son aquellos en que la urbanización (generalmente de tipo espontánea) se ha asentado sobre las zonas bajas que pertenecieron a los antiguos meandros del Riachuelo.

Figura 3. Lecho mayor y menor de un curso de agua

Cabe mencionar que el caudal medio anual de largo período (o caudal módulo) del río Matanza-Riachuelo es orden de 7 metros cúbicos por segundo (m3/s), mientras que la capacidad máxima actual del cauce en condiciones de márgenes llenas es del orden de 20 m3/s. El tiempo de respuesta de la cuenca hasta su desembocadura es de aproximadamente 2,5 a 3 días, mientras que hasta la Autopista Ricchieri es de 1,5 a 2 días. Entre las crecidas más recientes se destaca la de mayo de 2000 y las de agosto-noviembre de 2012.

La crecida de octubre de 1967 fue la mayor registrada hasta el momento, con un caudal pico estimado del orden de 1.330 m3/s. Lamentablemente la ausencia de datos hidrológicos sistemáticos no ha permitido hasta el momento realizar un análisis estadístico preciso sobre este tipo de inundaciones. Sin embargo, estudios basados en modelos matemáticos han permitido estimar que un caudal máximo de esa magnitud poseería un tiempo de retorno del orden 80 años. De ocurrir, los efectos de un evento semejante serían sentidos de manera directa por más de un millón de personas.

Inundaciones por sudestadas (asociadas al macro drenaje)

Las sudestadas ocurren por los efectos del pasaje de un frente frío o bien por el efecto combinado de dos sistemas de presión, uno de alta y otro de baja presión atmosférica. La consecuencia más conocida de la sudestada es la elevación del nivel del Río de la Plata. Ello resulta así debido a la resistencia al escurrimiento de sus aguas impuesta por el viento fuerte (superior a 35 km/h, actuando desde el sudeste). Este proceso hace que las aguas se recuesten sobre la costa argentina. La elevación del Río de la Plata provoca, a su vez, el represamiento del Riachuelo. La consecuencia inmediata es la ocurrencia de inundaciones por anegamiento de las regiones ribereñas relativamente bajas del sector sur de la CABA y de sectores de los municipios de La Matanza, Avellaneda, Lanús y Lomas de Zamora. La mayor parte de las sudestadas se concentra entre los meses de julio y octubre, cuando ocurren casi la mitad de los casos registrados. El análisis estadístico de los niveles del Río de la Plata (existen registros sistemáticos desde el año 1905) indican que la elevación máxima ya registrada fue de 4,44 m, producida en abril de 1940. Dicha marca posee un tiempo de retorno del orden de 150 años.

Nuevamente, de ocurrir en la actualidad un evento semejante, varios cientos de miles de personas se verían seriamente afectadas, como también numerosos servicios esenciales. Cabe consignar que es poco frecuente que se verifique la conjunción de los dos tipos de inundaciones mencionados previamente, es decir que durante la ocurrencia de precipitaciones intensas (que generan crecidas ribereñas importantes) se verifiquen también sudestadas, o viceversa.

Inundaciones urbanas por lluvias intensas (micro drenaje)

Se presentan en la totalidad de las ciudades y áreas urbanizadas de la cuenca. La razón fundamental de este tipo de inundaciones se asocia al aumento incontrolado de la impermeabilización en las áreas urbanas, sin que medien medidas correctivas. Ello, sumado al tradicional enfoque “sanitarista” impuesto a las obras de drenaje, provoca la concentración de caudales superiores a la capacidad del “micro drenaje” y, como tal, la ocurrencia de este tipo de inundaciones. También se asocian a los problemas de manejo y gestión de los residuos sólidos (basuras, sedimentos, etc.).

El enfoque “sanitarista”, clásico del drenaje urbano, es aquel que presupone como única solución a los problemas de las inundaciones la realización de obras de conducción (cordón-cuneta clásico, canaletas, canales, conductos, etc.), mediante las cuales se maximiza la interconexión de superficies generalmente impermeabilizadas. A nivel mundial este concepto está totalmente cuestionado debido al impacto ambiental que conlleva, siendo actualmente superado por conceptos que promueven la retención y el almacenamiento temporario del agua de lluvia donde ella cae, como también la interposición de superficies permeables a fin de lograr la disociación de las superficies impermeabilizadas. La urbanización tradicional –como la existente en la cuenca Matanza-Riachuelo– promueve la innecesaria impermeabilización de un gran número de superficies (playas de estacionamiento, veredas, patios, etc.), hecho que posee un impacto fundamental al momento de ocurrir lluvias intensas pues impiden la infiltración.

Inundaciones por ascenso de los niveles freáticos

Un fenómeno colateral a la urbanización, que ha adquirido características preocupantes, es el ascenso progresivo de los niveles de agua subterránea, un hecho que se extiende inclusive fuera de los límites de la cuenca. Desde comienzos de la década de los años ’80 comenzaron a evidenciarse problemas en las construcciones de sub-superficie (sótanos, cocheras subterráneas, cámaras, etc.), debido a anegamientos provocados por el ascenso del nivel freático. Detectados originalmente en Lanús, Remedios de Escalada y Valentín Alsina, fueron expandiéndose a sectores de los partidos de Avellaneda, Lomas de Zamora y Almirante Brown, entre otros.

La elevación de los niveles del agua subterránea se debe a un conjunto de factores. El desarrollo urbano-industrial de mayor envergadura del conurbano se produjo en décadas relativamente secas, donde la sobreexplotación de los acuíferos mantuvo los niveles freáticos deprimidos. Ya en el período 1970-1980, a causa de la excesiva depresión de esos niveles, de la intrusión de aguas salinas y/o de la presencia de nitratos por encima de las normas de potabilidad (asociada a falta de saneamiento básico o pérdida en los ductos cloacales), se inició el abandono de los pozos de captación. Este proceso indujo, a su vez, a la recuperación de los niveles freáticos. Este ascenso encontró a su paso instalada una nueva infraestructura edilicia subsuperficial, comenzando a producirse los anegamientos cada vez con más frecuencia. Además, el déficit de agua generado por la salida de servicio de los pozos fue sustituido por una dotación procedente de las plantas Gral. San Martín (Palermo) y Gral. Belgrano (Bernal) en el conurbano bonaerense y Donato Gerardi (Punta Lara), en La Plata. Estos aportes adicionales de aguas exógenas, así como también el déficit en las redes de evacuación cloacal, las pérdidas en las cañerías de agua corriente, cloacas y ductos pluviales contribuyeron a los ascensos freáticos.

El Plan Director de Drenaje de la cuenca

Lineamientos generales

Este plan ha sido concebido como un marco orientador y planificador de corto, mediano y largo plazo, considerando a la cuenca hidrográfica como unidad de planificación. El plan apunta al control del incremento del escurrimiento superficial como medio para lograr la sustentabilidad de las obras y las urbanizaciones existentes. Para ello propone la implementación de medidas estructurales y no estructurales. Las medidas estructurales se relacionan con la ejecución de obras hidráulicas (presas amortiguadoras de crecidas, defensas, canales, conductos, etc.), tanto en la cuenca hidrográfica como sobre los cursos de agua. Las medidas no estructurales son de tipo preventivo (actualización de legislaciones municipales y provinciales, zonificación de áreas inundables, planes de alerta, etc.). Por lo general las medidas estructurales envuelven mayores costos en relación a las medidas no estructurales, razón por la cual estas últimas intentan compatibilizar los costos de obras a ejecutarse con los recursos realmente disponibles.

El plan propone, para las urbanizaciones futuras, la implementación de obras y medidas que apunten a lograr el “impacto hidrológico nulo”. Este concepto impone mantener la magnitud de los caudales máximos generados por un sector urbanizado a aquella que existía antes de la urbanización. Evita así el impacto hidrológico producido por el aumento de caudales máximos a consecuencia de la expansión incontrolada de las superficies impermeables. Es decir, trata de revertir de manera progresiva los efectos del enfoque “sanitarista” antes descripto.

Aunque la concepción del plan se ha realizado enfocando a la cuenca como la unidad global de planificación, su implementación se realiza de manera parcial y progresiva, considerando cada subcuenca involucrada como unidad de planificación y priorizando las problemáticas de los sectores más críticos. En el desarrollo de este plan se emplean, primordialmente, fondos del presupuesto de la ACUMAR (entidad autárquica desde 2011), conformado por aportes del Estado nacional, provincial y la CABA, como también fondos ejecutados por la Subsecretaría de Recursos Hídricos, dependiente de la Secretaría de Obras Públicas del Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios.

Otra fuente de financiación destinada al saneamiento integral de la cuenca Matanza-Riachuelo la constituye el préstamo BIRF 7706-AR del Banco Mundial. Previsto originalmente en el orden de U$S 850 millones, representa el de mayor monto actualmente en ejecución por parte del BIRF en América latina para obras de saneamiento ambiental, gestión ambiental territorial, reconversión industrial y fortalecimiento institucional de una cuenca hidrográfica.

Principales acciones en el marco del Plan Director de Drenaje

Entre las obras propuestas por el Plan Director se destacan 11 mini represas que permitirán el almacenamiento temporario del agua a fin de amortiguar (o laminar) las ondas de crecidas que se trasladan hacia la cuenca baja. Esta laminación implicará caudales máximos más bajos y ondas más demoradas en su traslado hacia los sectores más urbanizados. Estas obras se ejecutarán en sectores rurales con relieve deprimido (bajos naturales) próximos a los cursos de agua. Consistirán en obras de cierre materializadas a través del alteo de caminos rurales que oficiarán de terraplenes de contención.

Actualmente se desarrollan los estudios de ingeniería necesarios para establecer los proyectos licitatorios. Se estima que estas obras serán ejecutadas hasta el año 2015, demandando una inversión del orden de U$S 75 millones financiada por el préstamo del BIRF. En lo que respecta a las mejoras en la gestión de las inundaciones provocadas por los efectos de las sudestadas se pretende analizar a corto plazo la prefactibilidad de incorporar mecanismos dotados de compuertas y estaciones de bombeo, que complementen a los ya instalados sobre los principales afluentes al Riachuelo.

Por otro lado, dado que actualmente los sectores urbanos desarrollados se entremezclan con industrias y asentamientos humanos espontáneos, insertos en sectores contaminados y peligrosos, el plan prevé intervenciones “no típicas” en estos últimos sectores. Entre otros, son ejemplo de ello Villa Jardín (Lanús) y La Cava (Villa Fiorito, Lomas de Zamora). A modo de experimentación en “áreas piloto” se prevén acciones que contemplen mejoras del urbanismo, el saneamiento pluvial y cloacal, el tratamiento de los residuos sólidos y acciones sociales diversas. Por último, en lo que respecta a las medidas estructurales, cabe mencionar que actualmente se estudia la definición del plan a nivel del “macro” y “micro” drenaje de las diversas ciudades asentadas sobre la cuenca, contemplando obras existentes, en desarrollo y por desarrollar hasta minimizar los problemas más críticos de las inundaciones.

Finalmente, entre las medidas no estructurales se destacan las acciones tendientes a establecer un red de monitoreo de calidad y cantidad del agua escurrida, actualmente en ejecución, con una inversión prevista del orden de U$S 7 millones. También se avanza en la propuesta de una legislación actualizada en materia de gestión de inundaciones en áreas rurales y suburbanas, como también en la progresiva actualización de las legislaciones municipales a fin de adaptarlas a las nuevas tendencias en materia de drenaje urbano.

Conclusiones

El histórico proceso de urbanización que sufrió la cuenca Matanza-Riachuelo condujo a la sobreexplotación de sus recursos naturales, a la contaminación incontrolada y a la ocupación de áreas especialmente vulnerables a las inundaciones. El crecimiento no controlado de superficies impermeables, la falta de espacio para el manejo eficiente de las aguas y la aplicación sistemática del enfoque “sanitarista” del drenaje pluvial originaron escenarios complejos en relación al drenaje urbano y las inundaciones. Los problemas socioeconómicos que vivió históricamente la región no han contribuido tampoco a la solución simple de los problemas.

La dimensión de la problemática ha sido tal que ha exigido abordar los problemas de las inundaciones de forma integrada, es decir, considerando conjuntamente los aspectos ambientales, económicos, políticos, culturales y sociales. Ello equivale a decir el abordaje de la problemática dentro del marco del desarrollo sustentable. El Plan Director de Drenaje Urbano actualmente en desarrollo apunta a minimizar progresivamente los efectos de las inundaciones haciendo hincapié en el control del escurrimiento a través de la implementación conjunta de medidas estructurales y no estructurales.

Obras de almacenamiento temporario del agua se deberán ir conjugando con las tradicionales de conducción. Medidas complementarias, pero extremadamente importantes, como la actualización de legislaciones provinciales y municipales, deberán imponer progresivamente una nueva tendencia que intente una mejor convivencia con la problemática de las inundaciones.

La creación y el impulso de una única autoridad de cuenca para coordinar las políticas y las inversiones con el fin de cumplir con planes directores se inscriben dentro de las tendencias recomendadas a nivel mundial en materia de gestión integrada de recursos hídricos. Una progresiva participación organizada de los diferentes sectores involucrados deberá fortalecer su accionar futuro. Es de esperarse que, con una mirada puesta en la búsqueda de la solución real de los problemas existentes, se les dé continuidad a los esfuerzos que se realizan en la planificación de mediano y largo plazo.

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