La cuenca Matanza-Riachuelo. El desafío del saneamiento tras 200 años de contaminación y olvido

La cuenca Matanza-Riachuelo. El desafío del saneamiento tras 200 años de contaminación y olvido

Por Antolín Magallanes

La cuenca Matanza-Riachuelo constituye la zona más urbanizada e industrializada de la Argentina. Abandonado e invisibilizado durante años, el río se convirtió en un alarmante foco de contaminación. Desde hace unos años, ACUMAR lleva adelante una clara política de saneamiento, pero este cambio debe sostenerse día a día y mantenerse los avances de la transformación. Una experiencia exitosa de la interacción entre Estado y sociedad civil.
 
Vicepresidente Ejecutivo de ACUMAR, Autoridad de Cuenca Matanza- Riachuelo. Ex Director Ejecutivo de la “Fundación x La Boca” y Ex Director de la Corporación Buenos Aires Sur


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El río Matanza-Riachuelo es un curso de agua de 64 kilómetros ubicado en el centro-este de la Argentina. La parte final de su recorrido constituye el límite sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y desemboca en el Río de la Plata, dando origen al nombre del barrio porteño de La Boca, al tiempo que crea uno de los paisajes más pintorescos y visitados por los turistas que llegan a la ciudad.

La cuenca cubre una superficie de 2.200 km² hasta su desembocadura, y limita con otras cuencas como la del río Reconquista al norte y la del río Salado al sur y al oeste, y con el Río de la Plata al este.

El territorio comprendido por la cuenca abarca la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y 14 municipios de la provincia de Buenos Aires. Dentro de la cuenca pueden distinguirse tres áreas con distintas características: la cuenca baja, de gran densidad urbana y desarrollo industrial; la cuenca media, de una densidad urbana e industrial algo menor, y por último la cuenca alta, en donde predomina el uso agropecuario del suelo.

La escasa pendiente del río, y su caudal reducido, fueron factores que colaboraron en acentuar los efectos de la contaminación en la zona. Un rasgo determinante, si se tiene en cuenta que la región comprendida por la cuenca Matanza-Riachuelo constituye la zona más urbanizada e industrializada de la Argentina, con una alta densidad poblacional (los datos del último censo arrojan que más de 8 millones de personas habitan la región).

La problemática a enfrentar

A partir del siglo XIX la zona se fue convirtiendo en un importante centro de producción donde se instalaron mataderos, saladeros y curtiembres dedicados a procesar los principales productos del campo argentino, la carne y el cuero del ganado vacuno.

Ya entonces, surgirían los primeros debates que acompañan al río hasta hoy: ¿cómo conciliar las grandes cantidades de desechos, líquidos y basura generados por estas actividades, con la presencia de un río que las iría padeciendo cada vez más?

Distintas disposiciones municipales intentaron resolver el problema, pero estas no dejaban de ser ignoradas por los dueños de las empresas, en una tensión que se mantendría casi sin resolver hasta hoy.

Con la aparición de las nuevas plantas frigoríficas el Riachuelo se convirtió en una solución para las empresas, al ofrecer su cuenca como un espacio de disposición de sus residuos, provisión de agua para sus procesos y un medio económico para el embarque y desembarque de sus productos.

Junto a estas industrias “naturales”, basadas en materias primas originarias del territorio nacional, también se instalaron otras que empezaron por acompañar a aquellas y luego adquirieron una dinámica propia. Los talleres metalúrgicos empezaron por abastecer las necesidades de la actividad portuaria, y en las décadas posteriores se ampliarían hasta dar lugar a astilleros, plantas metalmecánicas dedicadas a implementos agrícolas y ferroviarios, polos de curtiembres y centros producción de electrodomésticos, entre muchos otros.

Los desechos de estas industrias continuarían afectando la salud del río. El problema se agudizaría por el gran crecimiento de la población sin infraestructura adecuada. El aumento del número de viviendas sin conexión con la red cloacal se convertiría en una de las principales fuentes de contaminación del agua. A lo que se sumaría la proliferación de vertederos de basura en diversos lugares de la cuenca, que mediante su filtrado agregarían sustancias tóxicas al río.

El momento de mayor decadencia del Matanza-Riachuelo llegó en la década de los ’70 del siglo XX, cuando las políticas económicas produjeron un proceso de desindustrialización que llevó a la clausura de muchos de los talleres y fábricas instalados en sus orillas.

La decadencia industrial acabó por profundizar la condición “invisible” del río, aunque paradójicamente, al mismo tiempo se estableció la imagen más emblemática del Riachuelo, esa con la capa de basura flotante extendida sobre su curso y los buques oxidados anclados en el agua, dando pie a las postales del abandono difundidas por los medios. Desde entonces, el río se convertiría en un gran vertedero de basura al que muchos empresarios y particulares recurrirían para deshacerse de sustancias tóxicas, basura y escombros, sin provocar respuestas efectivas por parte del Estado.

En 1995 el gobierno del presidente Carlos Menem anunció un programa de recuperación y saneamiento de la cuenca. El plan contaba con un crédito de 250 millones de dólares otorgado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y llevó a la secretaria de Recursos Naturales y Ambiente Humano a anunciar que la cuenca podría estar saneada en mil días.

La promesa estuvo lejos de cumplirse, y el dinero destinado al saneamiento ni siquiera llegó a ejecutarse, debido a las necesidades surgidas de la crisis económica y social de 2001 que obligó al Estado a reasignar la partida a planes sociales. El fracaso se sumó al imaginario popular sobre el río, considerado uno de los más contaminados del mundo, y cuya recuperación parecía una causa definitivamente perdida.

La respuesta: ACUMAR

Los problemas relacionados con la cuenca Matanza-Riachuelo son abordados desde 2006 por un organismo público creado a tal fin. La Autoridad de Cuenca Matanza-Riachuelo (ACUMAR) se desempeña como la máxima autoridad en materia ambiental en la región, y fue creado mediante la ley 26.168 atendiendo a la situación de deterioro ambiental de la cuenca.

ACUMAR es un ente autónomo, autárquico e interjurisdiccional que conjuga su trabajo con los tres gobiernos que tienen competencia en el territorio: Nación, provincia de Buenos Aires y Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Su principal aporte fue la capacidad de mediar y articular entre los intereses y necesidades del amplio abanico de actores reunidos en el territorio.

En 2008, la Corte Suprema de Justicia de la Nación intimó mediante un fallo histórico y emblemático a la ACUMAR a implementar un plan de saneamiento en respuesta a la causa judicial conocida como “Causa Mendoza”, un reclamo presentado en 2004 por un grupo de vecinos de la localidad de Dock Sud, partido de Avellaneda, en la desembocadura del Riachuelo, en el cual reclamaban la recomposición del ambiente y la creación de un fondo para financiar el saneamiento.

La misión de la ACUMAR es recuperar la cuenca, generando resultados duraderos a través de la articulación de políticas públicas que promuevan nuevas obras de infraestructura, así como la limpieza y el mantenimiento del espacio público, el control de las condiciones ambientales y de la actividad industrial.

Plan Integral de Saneamiento Ambiental (PISA)

El Plan Integral de Saneamiento Ambiental (PISA) es el documento elaborado en diciembre de 2009 en forma conjunta por los profesionales especializados en materia administrativa y técnica de las jurisdicciones que integran la ACUMAR, y que incluye las observaciones de organismos oficiales como la Universidad de Buenos Aires (UBA) y entidades de la sociedad civil.

Este plan partió de la revisión de los trabajos existentes sobre la cuenca y los trabajos del Comité Ejecutor Matanza-Riachuelo realizados entre 1994 y 2004. Se consultó además el Plan Integral de Saneamiento de la Cuenca Hídrica Matanza-Riachuelo (PISA, Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, 2006) y la Evaluación de Impacto Ambiental del Proyecto de Saneamiento Ambiental de la Cuenca Matanza-Riachuelo (Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, 2008), y las diversas observaciones de organismos oficiales como la UBA y entidades de la sociedad civil realizados a la primera versión del PISA, entre los más importantes.

Este plan define la política ambiental de la ACUMAR y detalla los lineamientos a seguir en materia de gestión, prevención y control, destinados a recomponer y preservar la cuenca Matanza-Riachuelo.

El PISA contempla el desarrollo de 14 líneas de acción que responden a problemas que necesitan un abordaje sistematizado y comprometido para su remediación, y las actividades que se deben realizar para alcanzar tres objetivos fundamentales: mejorar la calidad de vida de la población que habita la cuenca, recomponer el ambiente y prevenir futuros daños.
Algunos de los ejes de trabajo más importantes asumidos por ACUMAR, en el PISA:

Plan Maestro de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (PMGIRSU)

Existen tres lineamientos centrales, interrelacionados entre sí, que atraviesan el PMGIRSU.

El primero se refiere tanto a la limpieza del total de basurales identificados dentro de la cuenca Matanza-Riachuelo, como a la prevención para evitar la formación de nuevos basurales.

El segundo eje remite a la optimización de la gestión de los residuos sólidos urbanos por parte de los municipios. Esto se realiza a través de medidas para lograr una mayor eficiencia en términos de recolección, transporte y transferencia de los mismos.

Finalmente, el tercer eje apunta a fomentar la participación de la comunidad, propiciando la educación y la concientización ciudadana respecto de la gestión de los residuos.

Durante el período 2013, el programa ACUMAR 3R (reducir, reciclar y reutilizar) se orientó a la sensibilización, a fin de involucrar activamente a la ciudadanía en los procesos de reducción, recuperación y posterior valorización de los residuos.

Agua potable. Cloacas
El desarrollo de obras de infraestructura destinadas a mejorar la calidad de vida de los habitantes de la cuenca Matanza-Riachuelo resulta uno de los ejes más importantes dentro de las actividades coordinadas por la ACUMAR.

Cabe señalar que los municipios de la cuenca Matanza-Riachuelo presentaban hasta 2011 un esquema en el que participaban distintos prestadores, cada uno a cargo de un área determinada.

Desde la ACUMAR se trabajó en reorganizar esta situación, posibilitando un nuevo esquema de prestadores de servicios. Así quedó definido un diseño que mantiene a la empresa Agua y Saneamientos Argentinos S.A. (AySA) como operadora para los municipios de la cuenca baja y media (con excepción del municipio de Merlo) y a la empresa Aguas Bonaerenses S.A. (ABSA) como el operador para los municipios de la cuenca alta y el partido de Merlo.

Este reordenamiento permitió poner en marcha una serie de obras fundamentales para mejorar el acceso al agua potable y al servicio de cloacas para una gran porción de los habitantes de la cuenca.

El Camino de Sirga

Este camino es el que recorre el curso del río en ambas márgenes, comienza en la desembocadura del Riachuelo y termina en la Ruta Provincial Nº 4. Las primeras acciones ejercidas por la ACUMAR sobre el Camino de Sirga estuvieron concentradas en la liberación del mismo, frente a numerosas empresas que extendían sus terrenos y edificios de manera ilegal.

A partir de este trabajo se logró liberar el 88 por ciento de la longitud total del camino, impidiendo nuevas ocupaciones y posibilitando la doble circulación. Una vez liberada la mayor parte de la longitud del camino, la ACUMAR empezó a trabajar de forma articulada con distintos organismos nacionales en su pavimentación, alcanzando un 67% de camino pavimentado. Asimismo, en la actualidad hay un 21% en obra. Por lo tanto, una vez lograda la liberación total, se completará el 12% restante.

Relocalizaciones de viviendas

Una de las líneas de acción más importantes asumidas por la ACUMAR es la asistencia en materia habitacional para las familias ubicadas en zonas de riesgo ambiental.

Los municipios de Avellaneda, Lomas de Zamora y La Matanza han concluido con las mudanzas de las familias que se encontraban habitando sobre las márgenes del río, en situaciones precarias, que ponían en peligro su salud.

En tanto, la Municipalidad de Lanús y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires continúan avanzando en la relocalización de familias que también habitan en las márgenes, dentro de sus jurisdicciones.

La Villa 21-24 en la Ciudad Autónoma de Buenos aires y la Villa Inflamable en el municipio de Avellaneda son dos de los barrios a relocalizar que, por su envergadura y su complejidad, se encuentran en proceso, pero con algún nivel de retraso.

Reconversión de industrias

La ACUMAR intima a las empresas de la cuenca a reconvertir sus procesos industriales para adecuarse a las normas establecidas y garantizar el cuidado del medio ambiente.

Las empresas en las que se detectan procedimientos contrarios al cuidado del medio ambiente son identificadas como Agentes Contaminantes de la Cuenca Matanza-Riachuelo, e intimadas a llevar adelante un proceso de reconversión que proteja el entorno de sus actividades y desechos. Durante el año 2013 se logró incrementar significativamente el número de establecimientos reconvertidos: de 54 empresas en diciembre 2012, se pasó a 459 a diciembre 2013.

Actualmente hay 1.364 establecimientos en proceso de reconversión con planes ya aprobados.

Monitoreo de la calidad del agua y el aire

La ACUMAR instaló una red de estaciones y puntos de observación distribuida por toda la cuenca del Matanza-Riachuelo con el fin de conocer con precisión el comportamiento de su sistema hídrico, así como el ecosistema en que se halla inmerso. Mediante esta red los técnicos de ACUMAR pueden conocer el estado del agua, el aire y el entorno del río en un momento dado, y también acumular datos que permitan analizar sus cambios a lo largo del tiempo.

Esta red de monitoreo periódica se complementa con un sistema de monitoreo continuo y automático de la calidad de agua, mediante estaciones instaladas en tres puntos de la cuenca, que próximamente se ampliarán a cuatro, y se halla en proceso de licitación para extenderse a 32 estaciones. Esta información se complementa con la medición de caudal, también realizada en estas estaciones, que permite conocer la cantidad de agua que circula por el río en un momento dado.

La red de monitoreo automática permite a los técnicos de ACUMAR recibir información en tiempo real sobre el estado del agua, e identificar posibles amenazas provenientes de variaciones abruptas en los niveles de concentración de las sustancias evaluadas por las estaciones.

Estas evaluaciones se complementan con un sistema de monitoreo continuo y automático de calidad de aire (actualmente localizado en el Polo Petroquímico de Dock Sud, en Avellaneda), al mismo tiempo que registra variables meteorológicas.

Además, ACUMAR realiza relevamientos periódicos de especies de vertebrados (peces y aves) e invertebrados que pueden considerarse como bioindicadores de la calidad ambiental del río. También realiza estudios sobre especies sensibles y amenazadas, generando una base de datos sobre el estado de la biodiversidad asociada a la cuenca y sobre su evolución.

En este marco, ACUMAR también participa en la creación de planes de manejo para las reservas naturales ubicadas dentro del territorio de la cuenca.

Plan Integral de Emergencia Ambiental

Como parte del trabajo desarrollado durante el período 2013, en el marco de los objetivos del PISA, se profundizaron las acciones en materia de desarrollo de infraestructura para el tratamiento de las afecciones de salud, a través de la inauguración y puesta en funcionamiento de unidades sanitarias y demás centros de atención.

Con el fin de reforzar el primer nivel de atención, se encuentran funcionando unidades sanitarias móviles. En los consultorios instalados en las unidades los habitantes de los barrios adonde abren sus puertas pueden acceder a consultas y estudios relacionados con la salud en general, así como con temas específicos relacionados con la contaminación, como los estudios de sangre, nutrición, odontología y neurología.

Asimismo, se continúa con los trabajos en territorio destinados a conocer el estado de salud de los habitantes de la cuenca a través de diferentes evaluaciones, encuestas, análisis e investigaciones, y su posterior seguimiento.

Además, se encuentran en funcionamiento 21 Nodos para la vigilancia epidemiológica en los distritos de la cuenca que presentan mayor concentración de factores ambientales de riesgo.

ACUMAR también instaló 12 unidades sanitarias fijas, y está próximo a inaugurarse un hospital regional en Cañuelas, que servirá de centro de derivación y principal punto de referencia en la cuenca para el tratamiento y estudio de afecciones ligadas a la contaminación.

A través del trabajo coordinado con nuevos actores como la Administración Nacional de Seguridad Social (ANSeS) y el Programa Argentina Conectada, se busca el mejoramiento en la atención a la salud de la población y, especialmente, de aquellas personas que residen en las áreas definidas como de riesgo ambiental.

Educación ambiental

Otra de las tareas asumidas por la ACUMAR es la de incluir la perspectiva socioambiental en las agendas de las organizaciones sociales y educativas a través de herramientas de sensibilización, formación, capacitación y asistencia técnica.

En función de acercar a la sociedad las políticas públicas desarrolladas en materia de cuidado ambiental, desde la ACUMAR se articula con universidades, organizaciones de la sociedad civil y dependencias ministeriales.

Al día de hoy

La experiencia de ACUMAR es novedosa por su condición de organismo creado específicamente para dar cumplimiento a una demanda originada por los vecinos de la cuenca, y por su condición de organismo interjurisdiccional, dotado de facultades para articular políticas públicas entre los distintos distritos y actores que participan de la cuenca Matanza-Riachuelo.

Por primera vez en la historia de la cuenca surge una forma de abordar el problema del río y la contaminación desde el punto de vista de una autoridad única, y ya no desde las miradas parciales que se desprendían de las realidades particulares de cada jurisdicción.

Son muchos los desafíos e interrogantes que se desprenden de esta tarea.

El primer gran desafío es lograr mantener la “tensión” generada durante el proceso de saneamiento. Es decir, sostener el cambio día a día, y mantener los avances de la transformación.

Ese desafío implica profundizar la política pública y lograr nuevos niveles de avance en el saneamiento. Es decir, lograr que los avances sean mojones definitivos y se conviertan en irreversibles.

Un Estado presente y activo es el pilar de estas políticas.

Además de las acciones específicas identificadas con ACUMAR, existen otra serie de políticas implementadas desde el Estado argentino que dan cuenta de un profundo avance en las obras tendientes a mejorar la infraestructura y la calidad de vida de los habitantes de la cuenca. Estas son obras que también repercuten directamente en el estado ambiental del río.

En el sentido expuesto, la Asignación Universal por Hijo, el Procrear, la disminución del desempleo y las mejoras en los estándares de vida de la población, así como también la creación de nuevas universidades públicas en el Gran Buenos Aires, son elementos de transformación en toda la cuenca.

En otros momentos de su historia esta zona fue el lugar donde se afincó la industria argentina y se generaron importantes movimientos ascendentes en su población. En muchos casos esto sucedió a costa de la desmejora de su ambiente.

Pero no se trata de ir contra esta disyuntiva, sino de sumarse a ella en un nuevo camino a recorrer. El proceso seguramente será largo y necesitará nuevas regulaciones, pero es la única manera de trazar un rumbo hacia una forma más sustentable de abordar los problemas ambientales.

El Riachuelo puede convertirse en una experiencia de gestión del ambiente y de la expansión urbana e industrial que produzca nuevos conocimientos y estrategias de gran utilidad para generar jurisprudencia.

Pensar la sustentabilidad del río se convierte en el gran desafío. Sobre todo, considerando que la contaminación no fue un problema para la sociedad sino más bien algo naturalizado.
También es muy importante pensar en el actor social, en la sociedad en su conjunto. Sobre ella recae la responsabilidad de organizarse para que lo que ocurrió con la cuenca Matanza-Riachuelo no vuelva a pasar.

Destacar que la recuperación de la cuenca tiene un componente vinculado a la sociedad civil es fundamental. Sobre ella deberá recaer la acción educativa y transformadora de las políticas públicas.

Pero la sociedad civil también deberá confrontar y polemizar con esa política, y hacerlo en contextos que permitan la construcción de un diálogo capaz de ir fijando la agenda a llevar a adelante.

La Justicia ha sido un componente sustancial en todo este proceso. A partir del fallo que obligó al saneamiento, fue ajustando su proceder para tratar de articular la gestión del Estado al ritmo que desea imprimirle la sociedad civil.

Reflexiones del proceso

El camino recorrido hasta ahora ha demostrado, sin dudas, cuántos errores se han cometido en torno al río. Cada acción reparadora realizada lleva a hacer una profunda reflexión sobre todos los cambios realizados en el pasado en su fisionomía.

Tal vez esos descubrimientos no puedan reparar por sí mismos ese río, pero sin duda establecen una línea de base para el futuro y para otros ríos que se podrán beneficiar con este conocimiento.

Estas son las cuestiones que afloran mientras se lleva adelante un saneamiento. En todas las mutaciones que fue sufriendo el Matanza-Riachuelo, lo que se generó es una distorsión o “extranjerización”. Un proceso de deformación y pérdida de identidad. El río se convirtió en un extraño para quienes lo frecuentaron, y también para quienes nunca lo conocieron.

En el caso del Matanza-Riachuelo toda esta serie de cambios y abandonos lo fueron haciendo invisible, hasta llegar a un estado de desconocimiento casi absoluto.

Entre los desafíos pendientes no se puede dejar de mencionar las grandes obras que hacen al saneamiento y al abordaje estructural de las tres principales causas de contaminación: un plan integral y progresivo destinado a evitar que los residuos domiciliarios acaben en el lecho del río; un control exhaustivo a las industrias que realizan actividades en la cuenca, profundizando sus procesos de reconversión, y disminuir significativamente la carga orgánica que recibe el río, a través de grandes obras que eviten el vuelco de líquidos cloacales sin tratamiento. Si bien todas esas acciones están en marcha, el gran desafío se evidencia en el plano de lo cultural, de la sensibilización y concientización de la sociedad que convive con él. Se debe ser fiel a la memoria de un lugar para entender y no repetir. En la búsqueda de esa memoria se despliega un ejercicio de reconocimiento que permite reconstruir una identidad. Allí está el secreto para que la sociedad se reapropie del río. La identidad de la cuenca permite pensar la inclusión y participación de todos sus actores sociales.

Por eso, a partir de lo expuesto, y de la propia experiencia, cabe hacer una última reflexión, retomar la metáfora del viejo filósofo presocrático y pensar que nadie se baña dos veces en el mismo río.

ACUMAR logró con su accionar desterrar la idea de que las cosas no se pueden hacer. El cambio puede lograrse y queda a la vista el entusiasmo despertado entre los habitantes de la cuenca. Al hacerlo, se observa cómo el río es transformado por fuerzas ajenas a él, pero también se aprende a respetar sus movimientos y equilibrios naturales, ya que en ellos hay sabiduría.

Como se enumeraba al inicio de este artículo, la creación de ACUMAR representa un avance significativo en la joven historia institucional argentina posdictatorial. La experiencia de su puesta en marcha representa un logro fundamental ya que en ella se vieron implicados todo tipo de actores, desde la sociedad civil hasta el mismo Estado, en sus diversas instancias de representación. La misma Justicia adquirió un rol protagónico al asumir el rol de supervisor permanente del saneamiento e incluir a las organizaciones de la sociedad civil en dicha tarea.

Este es un hecho importante. Los distintos estamentos del Estado logran coordinar una serie de políticas públicas complejas, a instancias de la Justicia y como resultado de una acción iniciada por miembros activos de la sociedad civil.

Esta interacción entre la sociedad civil y el Estado, y entre distintos estamentos al interior de este, permitió empezar a desarrollar una nueva capacidad de gestión de problemas complejos como los relacionados con el medio ambiente. Y este también es uno de los logros destacables de la creación y puesta en marcha de ACUMAR.

Por último, cabe hacer una última reflexión. Todavía hoy, al hablar del Riachuelo, muchos utilizan imágenes viejas, que ilustran una cuenca perturbada por la basura y los barcos abandonados. Muchos piensan que sigue así, pero la realidad es otra.

La ribera ha cambiado y ofrece un camino que se acrecienta cada vez más. Los peatones, e incluso corredores aeróbicos, van abriéndose paso por sus orillas.

Esto no es mero maquillaje. Mientras se sigue avanzando en todas las otras variables de la limpieza, la posibilidad de acercarse al río pone a sus habitantes en el lugar de observadores privilegiados de la recuperación. Y de sus más importantes custodios.

A medida que la comunidad y las poblaciones que han vivido cerca del río lo fueron olvidando, muchos perdieron conciencia de su existencia. Pero hoy el Riachuelo, en su cuenca baja y media, nos invita a transitarlo. Es importante que la comunidad se apropie de él, lo sienta suyo y lo piense, ya que de ahí surge la posibilidad de su cura definitiva. Porque el paisaje es la mirada que tenemos sobre nuestro hábitat, es nuestra construcción social; y participar de él es un derecho.

Todavía hay mucho por hacer, pero sacar al río de su condición de invisible es ponerlo, parafraseando el famoso texto, en el lugar de lo esencial.

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Artículos de este número

Héctor Sejenovich
Metodologías, instrumentos y conceptos para un desarrollo sustentable y socialmente justo
Antolín Magallanes
La cuenca Matanza-Riachuelo. El desafío del saneamiento tras 200 años de contaminación y olvido
Bernardo Kliksberg
Participación en salud. Anotaciones estratégicas
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