En diálogo con el líder qom Félix Díaz

En diálogo con el líder qom Félix Díaz

Por Lorena Cardin

Una entrevista que repasa su historia de vida y que sirve para entender cómo se atravesaron desde la sensibilidad y realidad qom distintos momentos clave de la historia nacional. ¿Cómo se formó el hombre que conduce la lucha por la restitución del territorio tradicional?
 
Antropóloga y docente de la Universidad de Buenos Aires. Trabaja junto a la comunidad Potae Napocna Navogoh desde el 2001


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Félix Díaz encabeza la lucha de su comunidad Potae Napocna Navogoh (conocida como La Primavera), en la provincia de Formosa, por la restitución del territorio tradicional. Dicha demanda ha llevado a los qom de su comunidad a cortar una ruta para detener el avance de la construcción de una sede de la Universidad Nacional de Formosa en su territorio. La medida de fuerza duró cuatro meses y finalizó con una violenta represión por parte de la policía provincial el 23 de noviembre del 2010. Como respuesta, miembros de la comunidad se trasladaron al centro de la ciudad de Buenos Aires e instalaron un acampe durante cinco meses hasta que fueron recibidos por el gobierno nacional.

La preocupación constante por su pueblo, su sensibilidad manifiesta así como la profundidad de sus reflexiones han logrado que Félix Díaz, en la actualidad, se constituya en el líder indígena con mayor reconocimiento en el país.

A través de la historia de vida de Félix podemos aproximarnos al modo particular en que fueron atravesados, desde la sensibilidad y realidad qom, distintos momentos clave de la historia nacional.

Los vínculos entablados con diversas instituciones provenientes de la sociedad occidental tales como el servicio militar, las iglesias y los partidos políticos nos permiten desnaturalizar nuestra mirada y comprender la singularidad con la que han sido, y pueden hoy ser, percibidos, valorados y pensados dichos vínculos desde realidades étnicas, sociales y económicas particulares.

El siguiente diálogo es una selección entre las 20 entrevistas que le he realizado a Félix Díaz en los últimos dos años. Dichas entrevistas saldrán publicadas en un libro que trata sobre la vida del líder qom.

L: –Félix, me gustaría que conversemos sobre algunos momentos significativos de tu vida que no son tan conocidos para la gente. Por ejemplo, quisiera saber cómo fue tu experiencia en el servicio militar durante el último gobierno militar.

F: –Ahí nos dieron la posibilidad de tener las cosas como todos los soldados. No había diferencia de raza, color, de piel, religión, éramos todos iguales. Lo que recibe el gringo, lo que recibe el rico, lo que recibe el blanco tiene que ser igual. El trato era único. La regla es una, entonces para mí fue muy, es como raro no ser discriminado por los superiores. Me entusiasmaba porque jamás tuve la posibilidad de tener en mis manos cosas buenas, en el caso de ropa, remera, calzoncillos, sandalias, medias, guantes, cosas que es inaccesible para nosotros. Te dan un colchón inflable, bolsa de dormir, elementos de higiene. Elementos de costura, elementos de afeitar. Todo, es un equipo completo de la cual a mí me daban y me sentía tan contento de poder tener cosas que nunca tuve.

De la cual a mí me dio mucha satisfacción porque nunca fui discriminado, nunca me han dicho algo fuera de lugar, lo que sí me dieron fue toda la posibilidad de estar incluido en la misma fila.

Ahí me preguntaron si yo sabía leer, si sabía escribir, entonces en ese mismo ejército me dieron la posibilidad de leer y escribir. Me preguntaron qué grado tenía y yo decía que era segundo grado. Yo creo que fue como una ventaja de ir a retomar nuevamente las clases de la primaria. Y eso me ha servido mucho porque me ponía más atento, concentrado de que era importante leer y escribir. Yo entraba a las 5 de la tarde hasta las 6 de la tarde.

Estuvimos en Rosario, Santa Fe, escoltando a la selección argentina de fútbol. En el mundial del ’78. Ahí lo vimos a Mario Kempes, a Ardiles, éramos custodios de la selección y no podíamos ver.

Mirábamos hacia donde estaba el público dentro de la cancha de Rosario Central. Y estuvimos haciendo, así, controles operativos en la ciudad de Rosario, yendo hacia los estadios. Y estuvimos casi cuatro meses por ahí como un equipo de operaciones.

L: –¿Y se hablaba sobre la persecución al terrorismo…?

F: –Muchísimo, muchísimo. A mí me dejaron a cargo de ser el centinela de retaguardia. Yo era el primero del grupo, entonces si veía un vehículo que volvía antes de llegar al control, tenía que dispararle. Esa era la orden. Y yo no me animaba a hacer eso. Porque yo veía cómo los suboficiales y los oficiales del ejército cuando hacían un chequeo a los turistas que no hablaban el castellano y los suboficiales no entendían, el maltrato era terrible. Cada cortaplumas que encontraban en el baúl lo consideran como terrorista. Lo secuestraban y lo llevaban a la comisaría. Había una persona que murió por infarto, porque el maltrato era terrible.

Tuvimos la suerte de estar contactados con los grandes oficiales del ejército como el caso del general Leopoldo Galtieri, el general D’Ursi, el ministro Harguindeguy. En ese entonces el general Galtieri era el comandante del cuerpo de segunda división, D’Ursi de Gendarmería, el general brigadier Agosti creo que se llama, después el general Videla, todos los grandes generales del ejército.

L: –¿A qué te referís cuando decís que tuvieron “la suerte” de conocer a esos militares de alto rango?

F: –No imaginábamos que los militares querían hacer algo por los pueblos indígenas. Nos proponían la posibilidad de seguir una carrera en el ejército. Galtieri quería que los indígenas sean parte del ejército, si uno quería ya tenés una puerta abierta, no había requisitos. Solamente hay que tener esa voluntad. Y el hermano Raúl Pachi se entusiasmó y se incorporó a las filas del ejército. Lo que a mí me gustaba era el trato con los indígenas especialmente, pero el trato con la sociedad era terrible. Y eso no compartía, por eso me retrocedí y dije “No, no quiero”. Porque si yo llego a ser parte del ejército me van a obligar a algo que no me gusta entonces mejor no meterme. Si te dicen “dispará”, dispará. Pero por suerte nunca disparé ni un tiro.

Lo que sí estuvimos a punto de ir fue a la guerra con Chile en el año ’79 me parece. Cuando estuvo el problema por el canal de Beagle. Y fue también muy desesperante porque muchos soldados se desesperaron en las filas del ejército porque tenían miedo de morir.

L: –¿Recordás a dónde te llevaron?

F: –No sé a qué lugar fuimos… Vio que somos el ejército terrestre, entonces nosotros estábamos como en la tercera fila. Y por suerte no llegamos a pisar el terreno porque ya el cardenal, en aquel entonces creo que Primatesta, algo así, estaba negociando con el Papa para mediar en la situación del conflicto entre Chile y Argentina. Entonces justamente nosotros ya estábamos preparados para ir a la guerra con Chile y recibieron la orden de parar o sea que la pacificación se hizo a través del Papado o sea del Vaticano.

Lo que me dolía era ver a las madres ahí en el regimiento. Lloraban, pedían que no les lleven a sus hijos, era terrible. Y es muy difícil entender el lugar de una madre, de un padre, cuando ruega a un oficial del ejército “Por favor no me lleve a mi hijo, llévenme a mí, pero no le lleve a mi hijo”. Qué situación tan dolorosa, un padre pidiendo en reemplazo a su hijo. Es terrible.

Así que fue una experiencia muy importante también en la vida, porque dentro del ejército hay cosas terribles, pero hay cosas positivas para mí, porque es la primera escuela para mí en la vida social, porque me dieron la posibilidad de aprender a leer y escribir y no se discriminaba.

L.: Años más tarde, todavía durante el gobierno militar, te vinculaste con el Partido Comunista. ¿Cómo fue esa experiencia?

F: –Hacia el ’82 los líderes indígenas estaban preocupados por las cuestiones electorales. Y a partir de ahí hubo como un interés del Partido Comunista hacia los indígenas. Un grupo de estudiantes de izquierda bajó al territorio, era un momento muy candente porque era una etapa electoralista. El gobierno provincial estaba preocupado por lo que estaba pasando en ese momento, porque decía que los comunistas son un partido muy peligroso, que no respetan las leyes, que toman a la gente, le sacan sangre, alimentan a un monstruo… esa era la versión oficial. Y les decían a los indígenas que no acepten, porque si aceptan a los comunistas les van a sacar la tierra, van a llevarse sus hijos, porque ellos alimentan a un monstruo en la Unión Soviética y son gente que traen sangre para engañar a la gente.

Y en ese momento, cuando llega este grupo de jóvenes en un colectivo enorme con cantidad de cosas para donar, el objetivo de estos jóvenes era construir aljibes para la comunidad, donde hubo muchos voluntarios que eran albañiles. La idea era por lo menos hacer aljibes, porque en ese año no había ni siquiera un pozo como para poder tener acceso al agua.

Pero el gobierno de Formosa decidió convocar a una elección para ver si la comunidad aceptaba la instalación de esta gente en la comunidad o no. Entonces, se acercaron a la comunidad un montón de funcionarios. Todos contando a los indígenas que estaban desinformados, que los comunistas eran peligrosos. Entre esos estaban los referentes del Partido Justicialista de la zona, porque los indígenas son muy fanáticos de la figura de Perón. Y ahí estuvieron en contra de la instalación de los aljibes los hermanos vinculados al sector de la administración pública y también los pastores de diferentes iglesias.

En esa oportunidad, charlaba con los jóvenes comunistas y me preguntaban si estaba dispuesto a ocupar un cargo dentro del Partido Comunista, y bueno, me nombran presidente de la Federación Juvenil de la comunidad dentro del Partido Comunista. Y la verdad que fue muy difícil aceptar eso porque no conozco las reglas del partido y tampoco sabía qué es lo que podía hacer. Dentro de esa propuesta, me cayó a mí la confianza y empecé a trabajar, y justo en ese mismo día empecé a trabajar con los integrantes de la comunidad para que sean atendidas las personas que tenían necesidad de hacer una consulta a los médicos. Y yo fui el traductor de las consultas del médico a las mujeres indígenas. Y fue muy importante ese comienzo de poder hacer algo por los demás.

De ahí empecé a trabajar, a militar en este partido, del cual nos dieron muchas oportunidades para poder bajar información a través del diario que tenían, es un diario mensual donde están todos los problemas sociales en diferentes países. Sus diarios se centraban más en la figura de Fidel Castro, Leningrado y la gente que está en Moscú, en Guatemala, una parte en México y después regiones, creo que en Rusia algo así, la Unión Soviética, informaciones que tienen que ver con el tema de la comunidad. Se hablaba mucho el tema del “proletariado”, esas palabras que no sabemos qué traducción tienen. Se habla del tema de la igualdad social, el tema de la distribución de la riqueza que tiene que ser igualitaria, esas propuestas parecerían que eran bienvenidas para nosotros, porque esa es la forma de manejar las cosas en la comunidad. Y hay una coincidencia con la idea de que las cosas tienen que ser en común, que no haiga egoísmo, que no haiga abuso de autoridad, sino más bien que sea una labor compartida.

Y empezamos a pedir el tema de la capacitación para entender el porqué se vota en la Argentina y qué quiere decir votar. Entonces, nos daban capacitación cada mes porque nosotros, como jóvenes en ese momento, no sabemos qué es un voto, a quién vas a votar y cómo se vota adentro del cuarto oscuro. Y nos preguntamos “¿Por qué los comunistas solamente hacen eso? ¿Por qué los peronistas y los radicales no hacen eso?”. Entonces, decían “No, es porque ellos mismos son oligarcas”, eso es lo que ellos decían y tampoco sabemos qué es lo que quiere decir “oligarca”, son palabras muy complicadas las que se usan. Y bueno, seguimos en eso, hemos aprendido a votar, hemos aprendido a que los documentos… que los tengamos en nuestras manos y hemos ayudado a bastante gente para que también entienda el valor del voto. Y ese momento fue muy rechazado por la gente de Formosa porque dice que era muy peligroso, de que los indígenas se vuelven comunistas, porque los comunistas son terroristas, revolucionarios, porque decían que el Che Guevara murió en busca de… o sea que practicaba esta revolución armada. Entonces, el miedo que tenía el gobierno provincial era que los comunistas lleven armamento a la comunidad y que se conviertan en guerrilleros, en terroristas. Entonces, toman la figura de la guerrilla y la dictadura militar como para poder orientar a los indígenas de que si se meten en el Partido Comunista van a hacer lo mismo como lo que pasó en el ataque del 5 de octubre del ’78, no, del ’77, en el Regimiento de Infantería de Monte 29. ¿Por qué? “Porque esos jóvenes que atacaron eran guerrilleros del Partido Comunista.

Montoneros comunistas de la revolución de Fidel Castro, que son gente pagada por Fidel Castro”.

Así que, bueno, eran momentos muy oportunos para nosotros porque nos empezamos a entusiasmar para ver qué podemos hacer.

L: –¿Por qué no continuó ese vínculo?

F: –Y bueno, pasaron los años, creo como tres, cuatro años, después pasó la elección y el Partido Comunista seguía trabajando con los indígenas, siguieron trabajando hasta que se fue perdiendo porque nosotros no hemos aportado nada. Los diarios, que deberíamos comprar no podíamos comprar porque no teníamos plata, entonces se fue reduciendo ese vínculo hasta que un momento, no sé, creo que fueron como dos o tres períodos electorales, desapareció el comunismo y nos quedamos sin nada.

L: –Félix, hacia 1989 te convertiste a la iglesia mormona y fuiste miembro durante once años aproximadamente. Incluso llegaste a tener cargos de gran responsabilidad dentro de esa iglesia. Sin embargo, en la actualidad no sólo no pertenecés a ninguna iglesia sino que sos muy crítico del papel que las diversas religiones han mantenido con el pueblo qom.

F: –En aquella época tenía la necesidad de encontrar algo espiritual porque en ese momento tenía una crisis muy importante por la muerte de un amigo y necesitaba un alivio. Y justo aparecen los misioneros de la iglesia mormona, una tarde, diciendo “Vinimos en nombre de Dios predicando la salvación y la creencia que uno puede tener hacia Jesucristo, nosotros somos enviados de Dios para compartir la salvación”. Entonces decían que su libro está contando la historia de los antepasados nuestros, de los indígenas del continente americano que ya estaban viviendo en este continente. Y que Mormón era un profeta de los pueblos indígenas. Yo decía “Bueno, si nosotros tenemos nuestra historia ¿por qué tenemos que aceptar otra enseñanza?”. Entonces es como una pregunta que yo hacía, entonces me iban dando manuales.

Así que fueron más o menos unas charlas que me dieron durante una semana y de ahí me dieron o sea me hicieron bautizar. Entonces yo les expliqué que yo fui bautizado por la Iglesia Católica cuando estuve en el servicio militar y fui bautizado por la Iglesia Evangélica Congregación Cristiana. Entonces les pregunté “¿Ahora tengo que volver a bautizarme?”. “Sí”, me dijeron, “es necesario porque esta es la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Ésta es la verdadera iglesia porque habla sobre el tema indígena”.

Entonces empecé a creer y mi creencia era ciega. ¿Por qué? Porque se refería a lo que es nuestro, del tema indígena. Todas las enseñanzas que a mí me daban eran algo maravilloso, es algo novedoso para mí que es como la primera doctrina de la vida, porque son reglas que a mí me gustan, reglas así, orientadoras para poder hacerte encaminar, algo que quizá te sirva en la sociedad misma, tener una participación en cuanto a la vida espiritual. Y no tuvimos, o sea, yo no tuve objeción, ni siquiera una discusión, todo lo que me decían era perfecto.

Entonces empecé a trabajar arduamente hasta lograr convencer a otros miembros, o sea, a otros hermanos de la comunidad para que se bautizaran. Entonces los domingos se llenaba de gente la iglesia y éramos como algo novedoso y las iglesias locales empezaron a hacer denuncias contra nosotros, especialmente contra mí. Firmaron una denuncia contra mí, querían desalojarnos del lugar porque decían que era una iglesia anticristo que no respeta la espiritualidad indígena. La policía me llevó a la comisaría de Nainek denunciándome de que yo era el “apóstata del Evangelio”. Yo no sabía que es la palabra apóstata. Y bueno, me llevaron y nos querían echar del lugar pero no lo lograron.

Tuve la responsabilidad de pelear para la instalación de la iglesia, la luz eléctrica, aljibes, mejoras en la parte edilicia, o sea, peleé casi dos años con los líderes de la iglesia hasta que yo logré algo y también yo bajaba unos programas de bienestar, que es un programa que tiene que ver con el mejoramiento de la calidad de vida de los miembros.

L: –¿Cuál fue el motivo por el cual te alejaste de la iglesia?

F: –En un momento me pasaron a una categoría más elevada donde llegaba a ser segundo consejero del distrito de Clorinda. Y ese cargo para mí es algo muy importante porque tenía a cargo tres iglesias. Entonces yo me entusiasmé en ese espacio porque yo dije “Uh, ahora voy a aprender más cosas que antes, porque ahora puedo entender las cuestiones administrativas, las cuestiones de manejo por el tema de una máquina de escribir”, porque yo tenía todo el derecho de usar estas herramientas para el servicio de la comunidad. Pero de esos cinco años en el mandato del cargo de consejero jamás toqué ni siquiera una sola vez ni el teléfono, ni la máquina de escribir, ni el fax, nunca tuve la suerte de ocupar lo que correspondía a mi cargo.

Además, nunca tuve la libertad de pedir algo y que me den. Llevaba a los Misioneros del Bienestar para que conocieran a la comunidad y les decía “La comunidad propone que se haga esto” y les preguntaba “¿qué se puede hacer para mejorar la calidad de vida de los miembros?”. Yo creía que los indígenas tenían la posibilidad de agarrar esa figura y hacer que la iglesia lo convierta en algo positivo para el indígena pero no pude lograr eso porque hay muchas cosas que condicionan.

Primero, para recibir una ayuda de la iglesia la persona tiene que ser “activa”, todos los domingos tiene que estar en la iglesia, tiene que pagar sus diezmos, tiene que pagar sus ofrendas y tiene que tener un cargo dentro de la iglesia. Entonces si vos cumplís esos requisitos, tenés el derecho de recibir el apoyo de la iglesia cuando te encuentres en momentos críticos. “Porque el Señor no bendice a los vagos sino bendice a los que se sacrifican” me decían.

Pero yo procuraba muchísimo de que las cosas que llegaban fueran para todos, no elegir a mis parientes, a mis hermanos, sino una vez que lleguen las cosas yo quiero que lleguen a todos. No importa de qué religión, de qué partido político. “La cuestión es que las cosas que se bajen les lleguen a las manos de todo aquel que se acerque. No condicionándolo”. Entonces a los líderes de la iglesia les daba mucha bronca mi actitud por romper una regla que ellos establecen como doctrina.

Y yo me alejé de la iglesia porque me molestaba mucho que en la práctica no pasara nada.

L: –Qalota ñachek Félix. (Muchas gracias Félix.)

F: Ajá, ñachek. (Sí, gracias.)

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Artículos de este número

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Prefacio
Juan Manuel Salgado
Los pueblos indígenas en el derecho internacional
Silvina Zimmerman
El derecho indígena a la tierra y al territorio en el Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos
Silvina Ramírez
Constituciones progresistas, modelos de desarrollo y la defensa de los derechos de los pueblos indígenas
Eduardo Raúl Hualpa
Reflexiones sobre la discriminación, los derechos indígenas, algunos fallos y fallidos
Lorena Gutiérrez
El derecho de acceso a la tierra. ¿Existen en nuestro país herramientas que faciliten su defensa?
Manuel Alberto Jesús Moreira
La pericia antropológica en los conflictos judiciales de los pueblos originarios
M. Micaela Gomiz
Nuevo Código Civil: una reforma sorda y ciega, pero no muda
Francisco Ernesto Nazar
Los Qom, los otros y el nosotros. Realidad, alteridad e interculturalidad
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Darío Aranda
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Morita Carrasco
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