Crisis y migrantes sudamericanos en España

Crisis y migrantes sudamericanos en España

Por Alicia Maguid* y Marcela Cerrutti**

Desde el inicio de la crisis en 2008 se perdieron más de 2 millones de puestos de trabajo en España, afectando muy fuertemente a la población inmigrante. Las continuas políticas de ajuste estructural y de reducción del gasto público profundizan el problema. Un escenario futuro cargado de incertidumbre y angustia.
 
*Licenciada en Sociología - UBA. Especialista en Demografía del Centro Latinoamericano de Demografía, División de Población de CEPAL. Investigadora CONICET en el Centro de Estudios de Población (CENEP). **Licenciada en Sociología - UBA. Magister en Ciencias Sociales - FLACSO-Buenos Aires. Doctora en Sociología de la Universidad de Texas en Austin. Investigadora del CONICET en el Centro de Estudios de Población (CENEP)


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Desde la década de 1990 España había dejado de ser un país de emigración para convertirse en un fuerte polo de atracción de inmigrantes procedentes de distintos continentes: de África, especialmente de Marruecos; del este de Europa, de América latina, mayoritariamente de Ecuador, Colombia, Argentina, Bolivia y Perú y también del resto de Europa occidental, particularmente del Reino Unido.

La llegada de estos flujos adquiere relevancia en el marco de un proceso de intensos cambios económicos y sociodemográficos en España, iniciados a fines de los ’70, donde se destaca el rápido descenso de la fecundidad y el aumento de la esperanza de vida; la ampliación del sistema educativo, particularmente para las mujeres, y la incorporación de estas al mercado laboral. La inmigración pasa a tener importancia tanto para favorecer el crecimiento poblacional como para abastecer un mercado de trabajo segmentado que asigna a los inmigrantes un rol complementario a la movilidad de las jóvenes generaciones españolas más educadas. En estudios anteriores comprobamos que existían nichos sectoriales que absorbían a los inmigrantes sudamericanos, como la construcción, la hostelería y, en el caso de las mujeres, el servicio doméstico, donde la demanda no era abastecida por españoles.

Hasta 2007 los sudamericanos no experimentaban problemas para conseguir empleo, gracias a una abundante demanda laboral, aunque en ocupaciones cuya calificación no siempre estaba acorde con su nivel educativo. Izquierdo Escribano, Domingo y otros autores también dan importancia al papel que jugaron las políticas migratorias, que favorecieron su ingreso en detrimento de población africana, lo que se refleja en el aumento de los permisos concedidos a latinoamericanos en los últimos años, en especial con los procesos de regularización de 2000 y 2001, y en la firma de varios acuerdos bilaterales. Estas políticas se fueron restringiendo con el requerimiento de visado para la mayoría de los sudamericanos.

A partir de la eclosión de la crisis económica de 2008, la cual afectó fuertemente el mercado laboral español provocando entre otros efectos la pérdida de más de 2 millones de puestos de trabajo, surgen una serie de interrogantes ineludibles: ¿cómo ha impactado la crisis en la situación laboral y en las condiciones de vida de los inmigrantes, particularmente de los sudamericanos? ¿Cuáles han sido los grupos más afectados y de qué formas? ¿Cómo incidirán las nuevas políticas de ajuste y las políticas migratorias en esos aspectos?

En este trabajo nos proponemos acercarnos a estas cuestiones a partir de la explotación de la Encuesta de Población Activa de España comparando la situación de los colectivos migratorios con mayor presencia en España, sudamericanos, africanos, europeos extracomunitarios y comunitarios con la de los propios españoles antes y después de la crisis. Asimismo se utilizan los datos del Padrón Municipal de Habitantes que permite delinear las tendencias de la inmigración a España.

De la bienvenida a la crisis

Durante los años del auge inmigratorio la llegada de inmigrantes fue de tal magnitud que ha tenido un impacto demográfico y socioeconómico único en la historia española. Baste señalar que en 1998 los nacidos en el extranjero no llegaban a representar el 3 por ciento de la población total, para elevar su presencia al 12 por ciento en 2007 y al 14 por ciento en 2011, cuando superan los 6,6 millones de personas. Los sudamericanos fueron uno de los grupos que más contribuyeron a este incremento notable: aumentaron más de 8 veces entre 1998 y 2007 y continuaron su tendencia ascendente durante el año siguiente; como resultado, actualmente constituyen la tercera parte del total de inmigrantes en España, siendo el contingente más numeroso entre los aquí estudiados.

A partir de la crisis económica internacional, los inmigrantes que fueron en buena medida bienvenidos, pasaron a padecer sus consecuencias, y la inmigración virtualmente se detiene. Este proceso se observa claramente en la disminución significativa de las tasas de crecimiento de los inmigrantes en España (Gráfico 1). Entre los sudamericanos algunos colectivos dejan de arribar, y el resto exhibe muy modestos crecimientos comparados con el período anterior. Es más, considerando el período 2008-2011, argentinos, bolivianos, brasileños, chilenos, uruguayos exhiben tasas de crecimiento anual negativas y en algunos casos caídas en el número absoluto de personas residiendo en España. Vale mencionar que el Padrón Municipal sobreestima la cantidad de extranjeros ya que si bien la mayoría se inscribe, son muchos menos los que al retornar a sus países se dan de baja.

Crisis económica y deterioro del empleo

La significativa pérdida de dinamismo de la economía española desde fines de 2007 rápidamente se manifestó en la incapacidad no sólo de generar empleo sino de mantener los puestos existentes. En efecto, disminuye la tasa de empleo y la tasa de desempleo abierto se dispara. El proceso afectó más fuertemente a los inmigrantes que a los españoles, aunque con marcadas diferencias de acuerdo al origen.

Independientemente de la condición migratoria, las tasas de actividad de todos los grupos bajo estudio se mantienen prácticamente constantes a lo largo del período. Es decir que la eclosión y desarrollo de la crisis no afectó la intensidad con que la población permanece en el mercado ya sea trabajando o presionando para conseguir empleo.

Hasta el 2007 la desocupación se mantenía estable y afectando más fuertemente a los nacidos en países extracomunitarios: africanos, europeos no comunitarios y sudamericanos, en orden decreciente. A partir de ese año se produce un quiebre que afecta fundamentalmente el nivel de desocupación que trepa fuertemente en todos los grupos (Gráfico 2), como consecuencia del distanciamiento entre la oferta de fuerza de trabajo y la capacidad del mercado de absorber empleo. Este fenómeno se refleja también en el descenso marcado de la tasa de empleo.

Si bien desde el inicio de la crisis hasta el 2011 las tasas de desocupación más que se duplican entre españoles y originarios de países de la Unión Europea (quienes tienen iguales derechos laborales que los nacionales), su nivel está muy por debajo del resto de los grupos, alcanzando alrededor del 20%. Entre los sudamericanos el desempleo se incrementa 2,5 veces, similarmente a los nativos, pero dado que ya tenían un nivel más elevado con anterioridad a la crisis, la tasa se ubica en 2011 en 27%. Es de esperar diferencias de acuerdo al país de origen, ya que en 2007 los datos de la ENI mostraban que el desempleo entre argentinos y uruguayos era bastante inferior al de colombianos, bolivianos y ecuatorianos.

Quienes más fuertemente han sufrido el deterioro del mercado de trabajo son los africanos, la mayor parte de ellos marroquíes, que evidentemente constituyen el colectivo migratorio más perjudicado: casi la mitad de su población económicamente activa está desocupada en 2011 al elevarse más de tres veces su tasa de desocupación para alcanzar al 49,6 por ciento en el último año. Esta gravísima situación es resultado de un fenómeno inusitado: entre ellos la tasa desocupación supera a la tasa de empleo a partir de 2009 y ambos fenómenos continúan su tendencia ascendente y descendente respectivamente, hasta la fecha más reciente.

Vale mencionar que la crisis no afectó de manera similar a varones y a mujeres. Entre ellas las tasas de actividad suben, salvo para las migrantes de la CE, mientras que las de los varones bajan para todas las subpoblaciones, sugiriendo la incorporación femenina al mercado laboral en hogares donde los hombres desocupados habían desistido de buscar empleo (Cuadro 1). Nótese que la brecha de género en las tasas de actividad a favor de ellos es más marcada antes que después de la crisis siendo notable el caso de los africanos. También existen diferencias significativas en las tasas de desempleo abierto: exceptuando a los migrantes de la CE, si bien ellas sobrellevaban mayores niveles de desocupación la magnitud de la pérdida es bastante inferior a la de los varones.

Quiénes fueron los más afectados por la crisis: un análisis sobre los desempleados

La gran mayoría de los desocupados son cesantes, es decir que tenían un trabajo anteriormente, lo que muestra la incidencia de la crisis en la destrucción de puestos de trabajo. En todos los colectivos la tasa de desocupación cesante explica el 90 por ciento o más de la tasa de desocupación total. Únicamente las mujeres africanas tienen una cuota significativa de desocupadas que son nuevas trabajadoras, lo que sugiere que ellas tuvieron que salir a buscar trabajo frente a la altísima tasa de desocupación de sus parejas u otros miembros masculinos de su familia del mismo origen.

Por otra parte, la crisis afectó diferencialmente a varones y mujeres en función de los sectores en los que se empleaba tradicionalmente cada sexo. Así, entre los varones la construcción aporta la cuota más alta, lo que se hace más notable para los inmigrantes extracomunitarios: el 36 por ciento de los sudamericanos, el 34 por ciento de los africanos y el 49 por ciento de los europeos no comunitarios que quedaron desocupados trabajaban en ese sector antes de quedar sin empleo. En cambio, las mujeres inmigrantes desocupadas provienen mayoritariamente del comercio y la hostelería y, en menor medida de los servicios. Los varones africanos también provienen en porcentajes significativos del sector agropecuario.

Los cambios en la inserción de los trabajadores en el mercado laboral

La pérdida de ocupación en determinados sectores ha modificado la composición sectorial y ocupacional de la mano de obra. Estos cambios en las distribuciones son producto de la reducción absoluta del número de ocupados en determinados sectores (factor principal en este caso) y del reacomodo de los trabajadores entre sectores.

Uno de estos cambios se refiere a los perfiles educativos de los trabajadores. Al respecto, en un texto del 2010, Pajares mostró que el nivel de desempleo es significativamente más alto entre quienes tienen menor educación. Pareciera que la crisis ha provocado una mayor selectividad educativa de los trabajadores, elevando así los perfiles de quienes se mantienen ocupados en el 2011: el nivel educativo de los ocupados españoles, sudamericanos y de la comunidad europea ha aumentado, tanto entre varones como entre mujeres.

Otro cambio significativo ha sido la distribución sectorial de la mano de obra. En efecto, la pérdida de puestos de trabajo masculino en la construcción ha sido muy significativa, haciéndose notoria en el porcentaje de trabajadores en dicho sector (Cuadro 2). En 2007, el porcentaje de varones inmigrantes en la construcción oscilaba entre un 52% en el caso de los europeos extracomunitarios y 18,1% entre nativos (entre sudamericanos y africanos dicha proporción era del 41,3 y 38,3%, respectivamente). En el 2011 entre los que permanecieron ocupados, esos porcentajes de trabajadores en la construcción disminuyeron drásticamente: europeos extracomunitarios 36,9%, sudamericanos 22%, africanos 16,5%.

En cambio, entre las mujeres se detecta una situación contrastante. En primer lugar, a diferencia de sus pares varones, el número de ocupadas aumenta en casi todos los grupos de inmigrantes o si se reduce (como es el caso de las nativas y de la comunidad europea) la reducción es moderada. O sea que los cambios sectoriales de las trabajadoras entre 2007-2011 se deben a la incorporación de ocupadas principalmente y en menor medida a redistribución sectorial. Es posible especular que la crisis motivó la entrada de mujeres al empleo para compensar los problemas económicos derivados del desempleo masculino en los hogares y que esto fue posible en gran medida gracias a que la recesión no afectó tan fuertemente los sectores en los que se concentra la mano de obra inmigrante femenina, como son las actividades en hogares (servicio doméstico y cuidado de personas). Es difícil especular sobre los impactos de la crisis para cada colectivo en particular, aunque es probable que aquellas insertas en la provisión de servicios a los hogares se hayan resguardado en mayor medida de los efectos de la crisis.

La estabilidad del empleo: una aparente paradoja

En el contexto de la crisis sería dable esperar una mayor inestabilidad en los contratos, es decir, un incremento en los empleos de carácter temporal. Sin embargo los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) 2007 y 2011 evidencian un fenómeno que a primera vista resulta algo paradójico: más allá del origen, en todos los grupos disminuye el porcentaje de trabajadores temporales y se incrementa el de los trabajadores por tiempo indefinido.

Con anterioridad a la crisis, la incidencia del trabajo temporal era significativamente inferior entre españoles e inmigrantes europeos comunitarios que entre los distintos grupos migratorios (entre africanos o europeos extracomunitarios el empleo temporario se ubicaba alrededor del 60%). Hacia el 2011 se reduce considerablemente dichos porcentajes, lo cual podría estar reflejando una preferencia a dejar cesantes a los trabajadores que tienen una inserción más endeble, como en la construcción, y cuyo costo de despido es menor. Esta reducción es algo más significativa entre los varones que entre las mujeres, particularmente en aquellos grupos en los que una elevada proporción de su mano de obra se dedicaba a tareas en la construcción.

Los interrogantes a futuro

Frente al panorama descripto y al continuo incremento en la tasa de desocupación (ya en el primer trimestre de 2012 es del 24,4% entre los ciudadanos españoles y entre los no ciudadanos 37%) cabe preguntarse si los inmigrantes están retornando a sus países de origen.

Estrictamente no existen a la fecha fuentes estadísticas confiables para medir este fenómeno y habrá que esperar los resultados de la ronda de censos de 2010, para poder tener una estimación de dicho fenómeno. En entrevistas realizadas por las autoras a varios especialistas españoles sobre esta temática, realizadas en abril de 2012 en España (Andreu Domingo, Lorenzo Cachón Rodríguez, Joaquín Arango, Rosa Aparicio, Miguel Requena y Mikolaj Stanek) detectamos una apreciación común respecto de lo ocurrido en relación al retorno. Ellos consideran que por ahora la mayoría de los inmigrantes parecen haber optado por quedarse y el retorno no ha sido masivo. No obstante señalan que la probabilidad de retornar se encuentra fuertemente vinculada a la situación familiar en España. En este sentido, es menos probable que retornen los migrantes que luego de mucho esfuerzo han logrado reagrupar a su familia o los que han adquirido compromisos financieros para la compra de sus viviendas mediante créditos. Asimismo coinciden en que la situación de los países de origen y la cercanía o no de los mismos son factores muy importantes.

Pajares agrega que la decisión del retorno no sólo está afectada por la situación en los países de origen sino también por la dificultad de volver a emigrar a España, en la medida en que los controles fronterizos y las restricciones a la inmigración se han fortalecido con la crisis. Argumenta que el retorno no ha sido masivo a partir de los datos sobre los dos programas de retorno asistido que hay en España. Uno de ellos expresamente indica que quienes se acogen no podrán solicitar una autorización de residencia o trabajo en España durante los tres años siguientes. Estas exigencias explican por qué ha sido tan reducido el número de personas que han solicitado este beneficio: hasta abril de 2010 sumaban 11.660, cifra irrisoria si se la compara con los 365.000 inmigrantes desocupados cesantes que residen en España en ese año.

Los interrogantes sobre el futuro de estas poblaciones quedan planteados. Las continuas políticas de ajuste estructural y de reducción del gasto público en servicios sociales afectarán no sólo la mano de obra inmigrante sino también la demanda agregada de la economía española. De mantenerse la situación actual es altamente probable que las condiciones laborales y de vida de todos los españoles y particularmente de los inmigrantes continúen deteriorándose. En este incierto escenario será preciso indagar con mayor profundidad y mejores evidencias empíricas la temática del retorno.

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Migraciones

Artículos de este número

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