¿Desterritorialización o reterritorialización del interior pampeano?

¿Desterritorialización o reterritorialización del interior pampeano?

Por Hugo Arrillaga* y Gabriela Busso**

El modelo de producción agrícola implantado durante las últimas décadas empujó a gran parte de la población rural hacia formas de vida urbana. Sin embargo, el grueso de este flujo migratorio no se dirigió a las grandes ciudades sino a las pequeñas y a localidades menores. A continuación, algunos datos que ilustran este fenómeno.
 
*Lic. en Economía, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad del Salvador. Diploma Superior en Ciencias Sociales con orientación en Sociología Política, FLACSO. Director del Observatorio Económico Territorial, Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional del Litoral. **Integrante del equipo del Observatorio Económico Territorial, Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional del Litoral


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El presente trabajo tiene por objetivo poner en discusión algunas de las interpretaciones más corrientes sobre las características que tienen tanto los movimientos migratorios del país como las dinámicas urbanas del mismo, especialmente de su región pampeana, ya que en este caso la mirada está centrada en ella. Se lo hace exponiendo una de las líneas conclusivas a las que se arribó en un par de proyectos de investigación que tuvieron como propósito indagar los diversos impactos o externalidades que acarreó la última reconversión del modelo de producción agrícola que se produjo desde los inicios de la última década del siglo pasado.

Con este propósito se avanzó desde un conjunto de miradas disciplinares, tales como demográficas, sociales, laborales, económicas, productivas, fiscales, paisajísticas y ambientales entre otras. Pero en este trabajo se presentan los resultados obtenidos desde una mirada en particular, que centra su preocupación en la dinámica poblacional y fundamentalmente en la dinámica urbanística, es decir, de sus formas de asentamiento en el territorio, procurando profundizar el conocimiento y la comprensión de las transformaciones que se produjeron en la región pampeana, reinterpretando las mismas, a los efectos de permitir ajustar los objetivos y esfuerzos que se canalizan a través de las políticas públicas.

El interés particular por las formas y condiciones de relocalización de la población devienen de los negativos impactos que el conjunto de innovaciones incorporadas al proceso de producción agrícola y la primacía que esta actividad adquirió como práctica productiva tuvieron sobre el mercado laboral, y por ende, en su estructura social. Los resultados producidos en estas investigaciones en materia de cambios en el mercado de trabajo rural fueron expuestos fundamentalmente en dos trabajos anteriores que señalan no sólo una fuerte reducción de este mercado, sino como consecuencia del mismo un desplazamiento de dicha población hacia formas de vida aglomerada, en donde se insertan con significativas condiciones de precariedad laboral y vulnerabilidad social.

Las transformaciones así descritas son coincidentes y se agregan a las conclusiones a las que arribaron un cúmulo de autores, entre los que cabe destacar a Botta y Selis, quienes señalan que las innovaciones incorporadas al proceso de producción agraria implicaron una destrucción de 4 de cada 5 puestos de trabajo en la actividad, y a Guillermo Neiman, cuando señala que “los cambios en los ‘modos de trabajar’ en la agricultura han introducido a su vez algunas modificaciones en la precariedad típica del trabajo en el sector y en los niveles de registración de los trabajadores… como consecuencia de la actividad de los intermediarios, es posible encontrar situaciones de crecimiento de la precariedad y de la (pseudo) registración; asimismo, el incremento de la inestabilidad a partir de los comportamientos empresarios señalados antes resulta en inserciones más precarias volviendo más insegura la vida de los trabajadores y de sus hogares”.

A los cuales se les suman también los cambios descriptos por Barsky y Gelman, según los cuales los productores que residían en sus explotaciones se retraen, en el período que media entre los censos nacionales agrarios de 1988 y 2002, de un 43% a un 34%, los que se agregan a los cambios que se introdujeron en la estructura del empleo sectorial.

De hecho, este conjunto de transformaciones producidas en el mercado de trabajo rural indujo al interrogante sobre el destino de esta población, la que al haber sido desplazada de sus trabajos, y en función de la especificidad de los mismos y de las implicancias que tienen en términos de la localización y asentamiento físico, no sólo del trabajador, sino en muchos casos de sus familias, abren la incógnita del destino territorial de estos flujos poblacionales, como también de sus condiciones de vida. La incógnita en este sentido está dada en si la región pampeana protagonizó un típico fenómeno de desterritorialización o si, por el contrario, se asistió a una nueva forma de reterritorialización en el sentido que C. Raffestein les daba a estos procesos.

De un análisis preliminar, cabe destacar que la evolución en términos cuantitativos de la población nacional continuó profundizando las tendencias que se venían observando en los períodos íntercensales precedentes. Se resalta en primer lugar la continuidad del proceso de desaceleración diferencial de su crecimiento, expresado en una progresiva declinación de su ritmo de evolución total, pero con fuertes asimetrías hacia el interior de su territorio. Así, mientras la población argentina creció un 39,5% en los veinte años que median entre los relevamientos de 1970 y 1991, lo cual da cuenta de una tasa promedio anual del 1,60%, en las dos décadas subsiguientes (1991/2010) creció un 23% a una tasa media del 1,10% anual.

En términos de los grandes procesos territoriales se destacan dos tendencias que se han reafirmado en el último relevamiento censal:

a) El país sigue sometido, y en forma creciente, a muy altos niveles de urbanización, con lo cual su espacio rural tiende progresiva pero irremediablemente a perder su población. Así su población urbana llegaba al 2001 al 89,4% (la cual consideraba sólo la asentada en localidades de más de 2.000 habitantes), y al 92,8% si se la determina a partir de la consideración de la población asentada en localidades (sin límite inferior de tamaño), valores que se acrecentaron en el 2010 al 91% y 94,3%, respectivamente. En el caso de la región pampeana, su tasa de aglomeración llega al 97,5% en el 2010.

b) En términos de diferenciales de crecimiento se continúa con una tendencia que se manifiesta a partir de la década de los ’70, por la cual los ritmos de expansión en la población pasan a ser mayores en la región extrapampeana que en la pampeana, revirtiendo el comportamiento observado en las primeras décadas del siglo pasado.

En términos de distribución territorial a nivel intrapampeano, persiste una visión tradicional que reconoce la pérdida del dinamismo que otrora caracterizara a los grandes aglomerados urbanos, no obstante se enfatiza el rol que han asumido en este sentido las ciudades intermedias como los núcleos más dinámicos en torno al crecimiento de su población, convirtiéndose en los focos de atracción de los movimientos migratorios.

Usach y Garrido Yserte señalan como características del país la pérdida de primacía de su principal metrópoli conjuntamente con el surgimiento de nuevas tendencias en las que se destacan en este lugar las ciudades intermedias. Estas afirmaciones son coincidentes con otras interpretaciones de un cúmulo de actores entre los que destacan Scornik, Barreto y Pelli, y que tienen su arraigo en un conjunto de obras que analizan las dinámicas demográficas, poblacionales y urbanísticas, en escalas de mayor envergadura, como es el caso del trabajo de César Vapnarsky o de los aportes de R. Jordán y D. Simioni, que destaca que en América latina las ciudades intermedias son “la fracción del sistema de asentamientos humanos más dinámica en términos demográficos”, criterio de alguna manera convalidado por Naciones Unidas a través del informe sobre población 2007.

No obstante, diversas evidencias empíricas en el proceso de investigación referenciado fueron dando cuenta de que un número muy significativo de mano de obra desempleada, por haber sido expulsada de sus antiguos trabajos rurales, migraba hacia las pequeñas y medianas localidades más próximas a su antigua residencia rural, conformando un nuevo problema social en las mismas. Una vez disponibles los datos del Censo Nacional de Población y Vivienda del 2010, se pudo observar que las tasas medias de crecimiento poblacional en las localidades de menos de 10.000 habitantes y en las pequeñas ciudades (menos de 50.000) superaban holgadamente los valores medios del sistema urbano, y por último la constatación de que los grandes aglomerados urbanos (GAU) del país (aquellos que al 2010 superaban los 500.000 habitantes) perdieron progresivamente su nivel de primacía en la captación de población, ya que este indicador que detentaba un valor del 51,6% en 1980, descendió en los sucesivos censos al 51% (1991), a 49,3% (2001) y al 48,3% en el 2010.

Los resultados de los análisis de las dinámicas urbanas detectadas y junto con ello de los movimientos migratorios en la región, fueron publicados bajo el nombre de “Dinámica demográfica y urbana en la pampa monoagrarizada de principios del milenio” y de “El proceso de microurbanización periférica pampeana, en el contexto del nuevo modelo de producción agrícola”.

Básicamente las conclusiones a las que se arribó en dichos textos señalaban:

* Que el crecimiento constatado de la primacía absoluta de la forma aglomerada de localización de la población se llevó a cabo con una significativa mayor intensidad tanto en las “micro y pequeñas” localidades como en la “pequeñas ciudades”, es decir, en los estratos de localidades de un tamaño inferior a los 50.000 habitantes, con lo cual se convalida la afirmación de que este estrato del universo urbano pampeano fue el más dinámico del sistema. Verificando que el ritmo de crecimiento de las localidades de la región, a lo largo del último tramo intercensal, tuvo una relación inversa a la de su tamaño.

* Este particular fenómeno de densificación poblacional de los espacios históricamente rurales contrasta y se opone a la tradicional visualización del proceso de transformación de estos territorios, ligados a la idea de desterritorialización. En contraposición a ello, se observó un proceso de reterritorialización del mismo a partir de un significativo incremento en la forma de residencia aglomerada, en localidades insertas en el espacio tradicionalmente rural, con incremento absoluto y relativo de su densidad poblacional total.

* Estas características de la dinámica demográfica de la región pampeana de la última década del siglo XX abrió un nuevo universo de preocupaciones, relacionadas con las condiciones de vida de dicha población, con las formas de inserción laboral en sus nuevos asentamientos, y con las capacidades institucionales, tanto de los gobiernos locales como de las organizaciones de la sociedad civil, para dar respuesta a los nuevos problemas sociales rurales emergentes.

Varias de las observaciones expuestas en dichas obras, que contradicen las interpretaciones tradicionales descritas, sí fueron coincidentes con los aportes y conclusiones a las que arriban Javier Lindenboim y Daniel Kennedy en su trabajo “Dinámica urbana argentina 1960-2001”.

En esta oportunidad, y a partir de poder contar con la información del Censo Nacional de Población y Vivienda del 2010, con detalle a nivel de localidad, se actualizaron los análisis realizados, incorporando el análisis del comportamiento de la red urbana pampeana de la primera década de este siglo. Pero para que sus resultados sean acabadamente interpretados se destacan los principales criterios metodológicos adoptados:

a) Los cambios en las denominaciones de las localidades, junto a la de los patrones de lectura en los censos y/o los procesos de expansión geográfica de los grandes aglomerados, que pasan a sumar localidades que otrora no eran parte de los mismos, produce, si bien en forma marginal en sus efectos, la emergencia de nuevas localidades, así como la desaparición de otras. Para evitar las distorsiones que ello produce en el análisis de la dinámica de la red urbana, se realiza un análisis de la evolución sólo de las localidades que fueron reconocidas como tales y leídas en los tres censos analizados (1991, 2001 y 2010), destacando que en el caso de los GAUs, se los toma con la dimensión espacial más amplia de la que fuera registrada en estos relevamientos.

Con el criterio descrito, se destaca que el análisis se circunscribió al seguimiento de la evolución de 1.608 localidades, mientras que el número de localidades y población que arrojaban los censos y los volúmenes de ambas variables desestimadas se señalan en el Cuadro 1.

b) Los tipos urbanos adoptados, parten de reconocer en principio como ciudades intermedias (CI) aquellas cuyo volumen poblacional oscila entre 50.000 y 1.000.000 de personas, siguiendo el criterio expuesto por Jordán. Se identifica entonces como GAU a aquellas localidades con una población de más de 1.000.000 de habitantes; pequeñas ciudades (PC) a las que cuentan entre 10.000 y 50.000 habitantes; pequeñas localidades (PL) a las tienen entre 2.000 y 10.000 habitantes y microlocalidades (ML) a las inferiores a las 2.000 personas.

c) A partir de que el objeto del análisis es el reconocimiento de la dinámica territorial a través del seguimiento del comportamiento de su red urbana, se destaca en relación con la clasificación del tipo urbano para cada localidad que el mismo, una vez otorgado (en relación a su tamaño poblacional), queda fijo para el período de análisis. No considerando su cambio en el caso de que, por crecimiento o decrecimiento del volumen de su población, le correspondiera pasar a una categoría superior o inferior. La no observancia de este criterio en un análisis diacrónico, es decir, si se cambiara el tipo urbano de pertenencia de una localidad a lo largo de la serie temporal, produciría significativas distorsiones en los resultados, que son los que indujeron a erróneas interpretaciones a lo largo del tiempo.

Este tipo de distorsiones en los resultados fueron presentadas en las publicaciones ya citadas del 2010, y se muestra a continuación las dos lecturas emergentes de las dinámicas urbanas, admitiendo cambios en el tipo urbano asignado a cada localidad en un caso (sólo si le corresponde por la evolución de su población), y manteniendo el tipo urbano fijo a lo largo de las lecturas, habiendo adoptado en este caso el vigente a 1991.

En el Gráfico 1 las tasas medias de crecimiento reflejadas en las columnas de color azul fueron determinadas siguiendo el criterio que a cada localidad se la ubicaba en el tipo urbano que le correspondía en cada censo (según el volumen de su nueva población). Las columnas de color rojo reflejan por el contrario las tasas de crecimiento por tipo urbano, respetándole a cada localidad su pertenencia a un mismo tipo urbano a lo largo de la serie.

La significativa diferencia que se obtiene en estos resultados está explicada en el hecho de que aquellas pequeñas localidades que por su alto dinamismo “pasan” de categoría de tipo urbano, transfieren toda su población a la nueva categoría otorgándole a esta última una capacidad de crecimiento que no le es propia.

Sin duda los efectos finales en la lectura dependen del volumen de la movilidad entre tipos urbanos que se verifique en el territorio y en el período analizado. El Cuadro 2 muestra el grado de movilidad verificado en la región pampeana en los dos períodos intercensales analizados.


De este modo, con los criterios descritos, se pasó a analizar la dinámica del sistema urbano del período 1991-2010. Los resultados obtenidos al comparar entre sí las dos décadas del período reflejan una significativa declinación en las tasas de expansión de la población en las micro y pequeñas localidades, a la par de un significativo crecimiento de los GAUs, sin llegar al punto de revertir sus guarismos, pero sí de equiparar los ritmos de expansión. No obstante, el proceso acumulado de los 20 años preserva la tendencia que caracteriza a los ritmos de crecimiento de los diversos tipos urbanos, en una relación inversa al tamaño de la población.

Es importante destacar también que la adopción del período para la fijación del tipo urbano tiene consecuencias en las tasas de crecimiento que se determinan en razón de que se opera en cada caso con diferentes universos de población; pero no afectan la posición o relación relativa entre los tipos urbanos en cada lectura. Motivo por el cual se lo considera un indicador eficiente.

El Gráfico 2 muestra los valores asignados al Cuadro 3, expresado en términos gráficos.

A los efectos de verificar estos resultados se exploró la construcción de un indicador de desigualdad en la distribución de la población en el territorio (IDDP), aplicando el indicador de desigualdad creado por Corrado Gini, conocido como “coeficiente de Gini”, el cual si bien estuvo ideado para medir los niveles de equidad en la distribución del ingreso, es apto como indicador genérico de los niveles de desigualdad. Para ello se partió de la evolución de la población a lo largo de los tres últimos relevamientos censales, recuperando la población total (urbana y rural –agrupada y dispersa–), a nivel departamental (con la excepción de la jurisdicción CABA, que entró como una unidad territorial); lo cual arrojó un total de 228 unidades territoriales de lectura.

Con dicha información se construyó la curva de Lorenz como indicador de la distribución relativa de una variable, en este caso de la distribución de la población, y a partir de la misma el Coeficiente de IDDP, el cual, como en el caso del Coeficiente de Gini, varía entre valores extremos de 0 a 1, donde 0 sería indicativo de la perfecta igualdad (todos los departamentos de la región tienen la misma población) y 1 el máximo nivel de desigualdad, donde toda la población estaría concentrada en sólo un departamento. Esta determinación se llevó a cabo para los tres momentos censales (1991, 2001 y 2010), arrojando los resultados que se observan en el Gráfico 3.

Como conclusiones parciales, ya que este proceso debe seguir siendo analizado, a partir de que su comportamiento manifiesta significativas diferencias hacia el interior del territorio, que no cuentan hasta la fecha con explicaciones sustantivamente aceptadas, puede destacarse:

* A lo largo de las dos décadas en que se implementa el nuevo modelo de producción agrícola se profundiza el proceso de aglomeración de su población, tendiendo a desaparecer el actor social cuyo hábitat es el espacio rural disperso (llegando a ser sólo el 2,5% de la población distribuido en más del 90% de la superficie regional).

* Este desplazamiento da cuenta de movimientos migratorios de significativa magnitud, una parte sustantiva de los cuales (próxima al 40%) se materializa dentro del mismo espacio provincial, lo que los torna como invisibles a la mayoría de los estudios migratorios que centran su análisis en la movilidad internacional e interprovincial.

* Esta particular movilidad poblacional privilegió su asentamiento en las micro y pequeñas localidades, y en segundo lugar en las pequeñas ciudades, siendo las ciudades intermedias y los GAUs las que menores tasas de crecimiento han tenido a lo largo de estos veinte años.

* Esto sin duda da cuenta de un fuerte proceso de reterritorialización, donde la sociedad va cambiando muy gradualmente su forma de localización en el territorio, disminuyendo los niveles de desigualdad territorial en su distribución.

* No se ha observado en el período analizado tendencias constantes a lo largo de los veinte años, no obstante, en la primera década de este siglo, en la cual el comportamiento precedentemente descrito se morigera, las micro y pequeñas localidades mantienen, aun mínimamente, la tendencia de crecimiento diferencial positivo.

* Todo esto es indicativo de que las transformaciones que se suceden están dando cuenta de un territorio en el que en su espacio interior se densifica su tejido social. El cual, si bien no fue objeto de tratamiento específico en este trabajo, se recrea con sensibles mayores niveles de precariedad laboral y vulnerabilidad social que los que se verifican en las grandes urbes. Y este proceso se da en un territorio donde la esfera pública, tanto estatal como de la sociedad civil, responsable de la atención de dicha problemática, presenta sus mayores niveles de debilidad institucional.

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Artículos de este número

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